Lecturas: Hechos 2,14.36-41 / I Pedro 2,20-25 / Juan 10, 1-10
Botón homilético - Francisco Quijano

• En el episodio anterior del Evangelio de Juan (c. 9) Jesús sana a un ciego de nacimiento, él reconoce que Jesús lo sanó y da testimonio de ello. Las autoridades judías lo acosan, enjuician y expulsan de la sinagoga. Este es el trasfondo de la sentencia de Jesús en el Evangelio de hoy: «Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos, pero las ovejas no los escucharon».
• En el episodio de la sanación del ciego, Jesús proclama: «Yo soy la luz del mundo». Ahora proclama: «Yo soy la puerta del rebaño, quien entra por mí se salvará». Más adelante dirá: «Yo soy el buen pastor, camino delante de mis ovejas, ellas me siguen porque reconocen mi voz».
• Jesús usa dos metáforas que podemos hacer nuestras. Una es la luz, la visión, la fe que es luz del entendimiento, como decía Catalina de Siena. Luz del espíritu: ¿cómo puedo vislumbrar el sentido de la vida a la luz de la fe?
• Otra es el oído cuando no puedo ver, la escucha, la palabra en la que confío, la voz interior que me llama por mi nombre: ¿cómo puedo hacer silencio para escucharla? Esta es la dimensión interior de la escucha, la oración en silencio.
• Dice Jesús a propósito del pastor: «Las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre… Va delante de ellas y las ovejas lo siguen porque conocen su voz». Estas palabras tocan una condición indispensable para la convivencia humana: la confianza. ¿Qué se necesita para que la haya? Esta es otra dimensión de la escucha y la palabra.
• La mentira, el engaño, la impostura provocan una distorsión grave en la convivencia, si no es que socavan la posibilidad misma de vivir en sociedad. «No mentirás, no levantarás falso testimonio» es una prohibición taxativa del Decálogo.
• La cuestión crucial de la confianza y la desconfianza, la verdad y la impostura, la lealtad y la traición sobrepasa el ámbito de la comunicación social (prensa, radio, televisión, redes): atañe a la integridad de nuestra condición humana y a nuestra vida con los demás: ¿quién es confiable? ¿en quién confiar?
• Jesús reclama una confianza sin fisuras: «Todos los que ha venido antes de mí son ladrones y bandidos… Yo soy la puerta de las ovejas, quien entre por mí quedará salvo, podrá entrar y salir y encontrará pastos».
• ¿Quién reclamaría para sí confianza tan extrema? ¿Cómo podría hacerlo sin incurrir en arrogancia? Esto parece suponer que, al depositar en alguna persona toda nuestra confianza, quedaríamos en dependencia absoluta de ella, habríamos claudicado de nuestra libertad y autonomía.
• Esta adhesión ciega y lealtad absoluta que reclaman para sí líderes y políticos autoritarios, o que dependen de ideologías totalitarias que se convierten en idiocracias, hacen un daño enorme a las sociedades.
• Jesús reclama sin fisuras confianza en él, pero no lo hace como estos líderes. Él lo dice porque él es la Verdad, confirmada en su persona y con su vida: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».
• Y más adelante: «Yo doy mi vida por las ovejas». Jesús no impone su autoridad para reclamar confianza ciega incondicional: entrega su vida para otorgar vida. Su autoridad es la del amor fiel sin fisuras.
Lecturas: Hechos y I Pedro
• La lectura de los Hechos es el final de la predicación de Pedro el día de Pentecostés. Se escogió únicamente el anuncio escueto, al que se designa como kerygma original: «A Jesús crucificado, Dios lo ha constituido Señor y Mesías». A partir de este anuncio, que es como un titular de prensa a ocho columnas, se desarrolló toda la predicación y la catequesis de los Apóstoles.
• La Carta de Pedro evoca el ejemplo de Cristo para animar a los cristianos perseguidos. Uno de los versos puede repetirse como estribillo en cada estrofa: «Sus heridas nos han sanado».
• Con ello, este pasaje en prosa cobra una intensidad paradójica: heridas que son causa de sanación. Jesús es una víctima de la violencia humana, que rescata, rehabilita y libera a las víctimas. De modo que puede leerse en modalidad lírica de himno, como el de la Carta a los Filipenses (2,6-11).
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un ejemplo
para que sigamos sus huellas.
El no cometió pecado
ni hubo engaño en su boca.
Sus heridas nos han sanado.
Cuando lo Insultaban, no devolvía el insulto,
en su pasión no profería amenazas;
antes bien,
se ponía en manos del que juzga rectamente.
Sus heridas nos han sanado.
Cargado con nuestros pecados, subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas nos han sanado.
Antes andábamos como ovejas extraviadas,
ahora hemos vuelto al pastor
y guardián de nuestras almas.
Sus heridas nos han sanado.
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Claves para la homilía - Julián Riquelme
• Contexto Palestina, año 30: Jesús utilizó la parábola de la oveja extraviada para referirse a la preocupación de Dios por liberar a la persona pecadora (Fuente Q 15,4-5ª.7; Lc 15,4-7; Mt 18,12-14). Jerusalén, año 100: Ante los fariseos de finales del siglo I, los cristianos afirman que Jesús es el único Pastor modelo.
• Sentido La alegoría del “Buen Pastor” es un relato, en el cual cada elemento tiene un sentido propio, pero distinto al que le damos en la realidad. Así Jesús es llamado "pastor" y "puerta"; los seguidores de Cristo son denominados "ovejas"; los fariseos reciben los apelativos de "ladrones" y "asaltantes". El relato habla del pastor y de la puerta; en el fondo es la misma metáfora, porque la única puerta de aquellos corrales era el pastor. En ese tiempo, las familias tenían cinco o diez ovejas o cabras, que eran imprescindibles para la economía del hogar. Por la noche, cada pastor, después de haber llevado a pastar las suyas, reunía sus ovejas con otras en un corral amplio, que consistía en una cerca de piedra con una entrada muy estrecha para que tuvieran que pasar las ovejas de una en una y así poder contarlas, tanto a la entrada como a la salida; esa entrada no solía tener puerta, sino que un guardián, allí colocado, hacía de puerta y las cuidaba durante la noche; el mismo guardián tenía que estar atento para que salieran sólo las de cada propietario. Por la mañana cada pastor iba a sacar sus ovejas para llevarlas a pastar.
• Éxodo de la institución opresora (Jn 10,1-6). (a) “Las ovejas escuchan su voz”: Oír la voz del Señor es conocer y obedecer. Jesús es el único que tiene derecho a entrar y salir, porque entra para cuidar de las ovejas. Su voz es liberadora. Las ovejas que escuchan la voz de Cristo, salen de la institución opresora y quedan en libertad. (b) “Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir”: Las suyas conocen su voz y le siguen. Aquellas ovejas no podían salir por sí mismas del estado de opresión. Es Jesús el que les ofrece libertad y capacidad para decidir por sí mismas. Los dirigentes judíos son “extraños”, pues no buscan la vida de las ovejas, sino que las llevan a la muerte. (c) “Va delante de ellas”: Y las ovejas le siguen. El Maestro recorrió de punta a cabo la trayectoria humana. Lección: No son los miembros de la comunidad quienes deben estar al servicio de la institución ni de la autoridad. Es la institución y la autoridad la que debe estar al servicio de cada uno.
• Jesús, única alternativa (Jn 10,7-10). (a) “Yo soy la puerta de las ovejas”: Entrar por la puerta que es Jesús, es lo mismo que "acercarse a Él", "darle nuestra adhesión", “asemejarse a Él”, es decir, buscar como Él el bien de los seres humanos. (b) “Todos aquellos que han venido antes de mí, son ladrones y asaltantes”: Porque no han dado libertad y vida a las ovejas, sino que han buscado su propio interés (aprovecharse de la leche, la lana y la carne). A las ovejas tampoco le interesan esos pastores. (c) “Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia": Cristo no engaña, ni despoja, ni sacrifica a la gente, sino que les da la verdadera Vida, y, con ella, la vida biológica cobra pleno sentido. El único interés de Jesús es que cada oveja alcance su propia plenitud. Mensaje: La vivencia provocada por Jesús Vivo, Resucitado, invita a cada uno de nosotros a revisar nuestros liderazgos familiares, profesionales o civiles, y los pastorales. Sólo quien es capaz de amar como el Nazareno, hasta dar la vida entera, sin reservarse nada, puede ser discípulo del Señor y hermano de sus semejantes.
Pascua IV: Lunes (aquí)
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