EVANGELIO DOMINICAL

Santa María Madre de Dios - Año Nuevo 2026


Lecturas: Números 6.22-27 / Gálatas 4,4-7 / Lucas 2, 16-21

Botón homilético: Francisco Quijano

• Al ser circuncidado como cualquier niño judío, el hijo de María recibió el nombre de «Joshúa» «Jesús», que significa «Yahveh salva». Él entra en nuestra historia, comparte nuestra vida, a fin de recrearla y conducirla a la plenitud de Dios. «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos» (Hb 13,8).

• Al rezar el «Ave María» decimos: «Santa María Madre de Dios». Confesar que María es Madre de Dios corresponde a confesar que Jesucristo ha venido en carne mortal. Confesar estos dos misterios es cantar: «Y Dios se hizo hombre y el hombre se hizo Dios... Ave María, Ave María, Ave María».

• La primera desviación de la fe en la Palabra hecha carne, que es Jesús, Hijo de Dios e hijo de María, fue el «docetismo». La palabra deriva del verbo griego «δοκέω / dokeô», que significa: «parecer, aparecer»; de ahí: «parecerse a..., apariencia…».

• Al aplicar a Jesús esa forma de pensar, resulta que ese Jesús, que es Hijo de Dios, que es la Palabra hecha carne, no es en realidad un ser humano como cualquier mujer o varón. Ese Jesús es solo una «apariencia» de ser humano, porque el Hijo de Dios, la Palabra de Dios, no puede ser en realidad un ser «humano».

• Esta cuestión, por extraño que nos resulte hoy en día, se discutió acaloradamente en dos Concilios Ecuménicos, en Éfeso el año 431, y en Calcedonia, suburbio de Bizancio, en 451.

• En Éfeso, por propuesta del obispo Cirilo de Alejandría, se declaró que «María es Madre de Dios», que su Hijo es realmente Dios.

• En Calcedonia, frente a Bizancio en el estrecho de Bósforo, por propuesta del Papa León Magno, se declaró finalmente: «Jesús es «consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad».

• Con estas declaraciones, quedaron resueltas las controversias durísimas de los primeros siglos del cristianismo acerca de la identidad misteriosa, que lo es absolutamente, de Jesús, Hijo de Dios e hijo de María.

• Por tratarse de un misterio que sobrepasa por completo toda capacidad humana de entendimiento, no faltarán nunca controversias e interpretaciones acerca de Jesús: Quién es Él.

• Sin llegar, por cierto, al extremo del docetismo, hay cierta devoción a Jesús como ajeno a nuestra historia conflictiva y violenta, que lo llevó, por juicios injustos, a condenación y cruz.

• Esta forma de cristianismo, aséptico, etéreo, medio lunático es, con frecuencia, eso que decía Karl Marx, que «la religión el opio del pueblo»… Y por eso estamos como estamos.

 

Lecturas: Números y Gálatas

• El mundo, todo lo que existe, la multitud de criaturas humanas, nuestra historia, todo ello es bendición de Dios. «Bene dicere» «Decir lo que es bueno»: esta es una palabra buena, eficaz, que crea cosas buenas, que hace bien escucharla, que colma de bondad.

• Así entendían su vida los israelitas hace siglos, la bendición de Dios los acompañaba: «El Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor, te mire con benevolencia y te conceda la paz» (Nm 6, 24-26).

• Esta bendición, repetida una y otra vez a lo largo de la vida, de los años y de los siglos, es un eco de las palabras de bendición que están en el origen de todo lo que existe: «Dijo Dios: ―Exista la luz. Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena... Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno» (Gen 1,3-4.31).

• Esta afirmación central de la fe judía y cristiana de la bondad de Dios y de todo lo que existe, la canta Carlos Pellicer en un poema de juventud dedicado a Ramón López Velarde que comienza así:

En medio de la dicha de mi vida
deténgome a decir que el mundo es bueno
por la divina sangre de la herida.

Loemos al Señor que hizo en un trueno
el diamante de amor de la alegría
para todo el que es fuerte y es sereno.

• Nuestra historia, sin embargo, parece ser otra cosa: un mentís a la bendición de Dios. El coronavirus ha puesto en evidencia el carácter vulnerable de nuestra vida. Una realidad que nos corresponde como criaturas mortales. Lo sabíamos, ahora lo padecemos.

• La violencia desatada se desborda incontenible sobre las víctimas: la crisis humanitaria en la Franja de Gaza por los bombardeos y el bloqueo israelí; asesinatos en México y otros países; guerra en Ucrania. Deseamos paz, felicidad, buenaventura, prosperidad para el Nuevo Año. ¿En qué quedan estos deseos?

• La pandemia sacó a luz también conductas responsables e irresponsables al enfrentarla. Esa es otra forma de vulnerabilidad debida a la falibilidad de nuestra consciencia y nuestra libertad.

• ¿Qué actitudes vas a adoptar para que se realicen tus deseos de Año Nuevo? ¿Qué tienes que hacer tú por la paz? ¿Qué vas a exigir a las autoridades para la prosperidad de negocios libres de extorsión? ¿Cómo vas a dar testimonio eficaz de amabilidad, bondad, felicidad?

• Dice san Pablo: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer… para hacernos hijos e hijas de Dios» (Gal 4, 4-6). Pese a todo lo contrario a tus deseos, hay una garantía de que la bendición de Dios es indefectible: Dios te ha dado la gracia de la filiación divina.

• Esta visión de nuestro mundo, nuestra historia y nuestras vidas, como una indefectible bendición de Dios es un misterio, no es fruto de intuiciones nuestras. Ver las cosas así es, ello mismo, una bendición. Lucas nos invita a adentrarnos en este misterio con la madre de Jesús: «María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón».

• Por «ley» en este contexto y en el nuestro actual, hay que entenderlo así: la ley no es el dictado recto de la razón para conducir nuestra vida; la ley, en este caso, representa todas las desgracias que nos abruman precisamente por obrar a lo loco de forma ajena a toda razón y sensatez.

⦁ Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) La Virgen y el Niño

 

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Reflexión: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 1: Se considera a los pastores como gente perdida, alejada y manchada, por no observar las leyes ceremoniales. - Grecia, año 80: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lc 11,28).

• Sentido El Evangelio se refiere a “los pastores, María y el nombre de Jesús”. En él se distinguen estas partes:

• Ida y vuelta de los pastores (2,16-18.20). Los pastores deciden ir a Belén, porque son personas necesitadas, que esperan un Mesías y creen en la Palabra de Dios, comunicada por los ángeles. En Belén contemplan una escena esperanzadora. Esto les permite descubrir que amanece la aurora de una nueva humanidad; y quienes los escuchamos agradecemos al Señor porque su misericordia para con nosotros es eterna. Lección: Comenzamos el año nuevo encomendándolo a María Madre de Dios. El Evangelio de la liturgia de hoy habla de ella, remitiéndonos nuevamente al encanto del pesebre. Los pastores van sin demora a la gruta y ¿qué encuentran? Encuentran –dice el texto-- “a María y a José, y al niño acostado en el pesebre”.

• La meditación de María (2,19). María guarda, medita y reaviva en su corazón la vida de Jesús. Enseñanza: Detengámonos en esta escena e imaginémonos a María, que, como mamá tierna y cuidadosa, acaba de depositar a Jesús en el pesebre. En ese colocar suavemente podemos ver un regalo hecho a nosotros: la Virgen no tiene al Hijo para sí misma, sino que nos lo presenta; no lo estrecha solo en sus brazos, sino que lo deposita para invitarnos a mirarlo, a recibirlo y a adorarlo.

• El nombre de Jesús (2,21). El niño tiene apenas ocho días de edad. Sus padres celebran la circuncisión, como es costumbre en Israel. El nombre de “Jesús” quiere decir “liberador”: con ello se alude a Moisés, que fue el liberador del pueblo contra la opresión faraónica. Mensaje: He aquí la maternidad de María: el Hijo que ha nacido nos lo ofrece a todos nosotros. Siempre dando al Hijo, señalando al Hijo, jamás guardando al Hijo como propio, no. Es así durante toda la vida de Jesús.

• Icono ucraniano del siglo xvii: Adoración de los pastores

Navidad II: Día Dos de Enero (aquí)