Evangelio de San Juan 1,29-34
• Al día siguiente, segundo de la Nueva Creación, Juan el Bautista anuncia públicamente: «Ahí está el Cordero de Dios, que carga con el pecado del mundo». El verbo griego «αἴρω / aírô» puede traducirse como: «quitar, cargar, tomar»... para «remover».
• La traducción «cargar con el pecado» tiene un significado más profundo e incisivo: Jesús vino a echarse a cuestas el pecado del mundo hasta la cruz, justamente para quitarnos de encima el crimen más grave de lesa humanidad: ejecutar de manera injusta y con extrema violencia a nuestros semejantes.
• Este anuncio simbólico –llamar a Jesús que se acercaba al Bautista para ser bautizado– «Cordero de Dios», cobrará todo su significado cuando Jesús anula la Pascua Judía en la que se sacrificaba el cordero pascual, substituyéndose él como el Nuevo Cordero Pascual.
• Todo el alcance de este símbolo será expuesto en el Apocalipsis (5,12-13), que es un escrito de la tradición del apóstol Juan. Este es uno de los cantos triunfales en honor de Jesucristo, el Cordero Pascual, que cargó en la cruz con el pecado del mundo:
«Digno es el Cordero Degollado
de recibir el poder, la riqueza, el saber,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.
A Quien está sentado en el trono y al Cordero
la alabanza y el honor y la gloria y el poder
por los siglos de los siglos. Amén»
• Este Cántico al Cordero, como otros semejantes del Apocalipsis, son la expresión de júbilo ante la consumación gloriosa de la Nueva Creación. A ese fin triunfal apunta simbólicamente el anuncio de Juan el Bautista acerca de Jesús.
Lectura: I Juan 2,29–3,6
• «Queridos, ya somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es» (I Jn 3,2).
• Esta confesión de fe es la expresión culminante acerca de nuestro destino último: ser semejantes a Dios. Este gen divino que es la semejanza con Dios lo tenemos desde el principio: «Creo Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creo, varón y mujer los creó».
• Nuestra semejanza con Dios es un germen divino que habrá de fructificar en identidad con la divinidad. A ese destino último de nuestra humanidad, los antiguos teólogos lo llamaron: «θέωσις theosis», que significa: «deificación». Nuestro destino es la deificación o divinización de nuestra humanidad.
• Hay en este misterio una paradoja o, mejor dicho, una distorsión inconcebible, debida a la tentación que anida en lo profundo de nuestras aspiraciones: «Dios sabe que cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como Dios» (Gen 3,5).
• El relato es una forma mítica de presentar una distorsión que anida en el corazón humano: la ambición de poseer todo lo que deseamos, todo a cualquier precio, hasta pervertir nuestra condición de criaturas y aspirar a ser dios.
• Como quiera que se examine, hay siempre en toda aspiración o expectativa, aun en aquellas legítimas y buenas, un filón latente de desmesura, que nos lleva a olvidar que todo lo que somos, deseamos y logramos alcanzar es en su origen un don.
• Así será al final: sí seremos dioses con Dios, pero esa deificación o divinización no es un logro humano, sino el don final de Dios: es Él mismo que se nos manifestará tal cual es para ser, cada quien en personalidad, quienes habremos de ser en plenitud por nuestra comunión de semejanza con Dios.
• Santo Tomás de Aquino: «El Hijo Unigénito de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres» (Lectura del Oficio de Corpus Christi).
• • •
Reflexión: Julián Riquelme
• Contexto - Palestina, año 30: Jesús opta por el bautismo de Juan y se hace inicialmente discípulo del Bautista. - Jerusalén, año 100: Los cristianos ya han tomado conciencia de que Jesús, además de hombre, es Dios (Jn 1,30; 20,28), y desean la unión entre los seguidores del Bautista y los de Jesús.
• Sentido El Evangelio se refiere a la "Presentación de Jesús por el Bautista". Al Bautista lo acaba de investigar una comisión enviada desde Jerusalén; le preguntan acaso él es el Mesías; el Precursor lo niega. Además, Juan da una noticia inquietante a los dirigentes de entonces: El Mesías ya está presente y va a iniciar la época nueva, respondiendo a los anhelos fundamentales de la gente. La estructura del texto contiene tres aspectos:
• Proclamación del Mesías por el Precursor (1,29-31). Jesús llega y Juan lo ve llegar. Lo señala como el Cordero de Dios, que entrega la vida como signo del Amor del Dios Liberador de toda esclavitud (Ex 12,1-8.11-14); realiza la misión del Siervo de Yahvé, de la que habla el profeta Isaías (Is 53,7); y lo confiesa como preexistente, es decir, como Dios (Jn 1,30). Por otra parte, Juan define su propia misión, a la luz de la de Jesús. Lección: La tarea de los cristianos en el mundo es presentar a Jesús como el Liberador, pero de manera humilde, sin triunfalismos, desde el Amor que se entrega, que se da gratuitamente.
• Bases de la proclamación del Bautista (1,32-33). El Precursor reconoce también en Jesús a Aquél que tiene el Espíritu Santo, y que puede entregarlo. Se ve que Juan se dispone interiormente a descubrir al Mesías cultivando en sí la presencia del Espíritu, para ser después su testigo entre la gente. Moraleja: El Mesías sigue presente en nuestra vida, en nuestra historia, pero necesita de personas, que ayuden a descubrirlo a partir de sí mismo.
• Resumen de la proclamación (Jn 1,34). El Bautista presenta al Nazareno como el Hijo de Dios, que hace presente el Amor del Padre entre los seres humanos. Cuando el Precursor descubre la divinidad de Jesús, su vida cobra un sentido pleno. Mensaje: Juan, el testigo, se vuelve hoy a cada uno de nosotros y pregunta: “Para ti, ¿quién es Jesús?”
Epifanía del Señor Jesús (aquí)
en-RED-ados
Comentarios, opiniones, dudas acerca de este portal de espiritualidad y de otros temas…
NUESTRA BIBLIOTECA
Documentos en formato pdf para descargar:
