Evangelio de San Juan 15,18-21
• En el Evangelio de San Juan, la palabra «mundo» tiene acepciones dispares y contradictorias. El «mundo» es la totalidad del universo creado por Dios y su Palabra: «En el mundo estaba la luz –la Palabra–, el mundo existió por ella» (Jn 1,9).
• El «mundo» es la humanidad toda y el conjunto de realidades de la vida humana. Ese mundo es amado por Dios: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo Único, para que quien crea en Él no muera, sino tenga vida eterna» (Jn 3,16).
• El «mundo» es el lugar al que fue enviado Jesús por su Padre, el lugar al cual Él envía a sus discípulos: «Como tú me enviaste al mundo, yo los envié al mundo» (Jn 17,18).
• El «mundo» son esas mismas realidades humanas, y los propios seres humanos, que son hostiles a Dios, optan por las tinieblas, odian y persiguen a Jesús y a sus seguidores: «Si el mundo los odia, sepan que primero me odió a mí» (Jn 15,18).
• El «mundo» es la arena en la que se libra una batalla contra el Maligno, ahí luchó Jesús y venció. Pide al Padre que sus discípulos, en esa arena, venzan al mal: «No pido que los saques del mundo, sino que los libres de Maligno» (Jn 17,15).
• ¿Por qué esta variedad de significados, tan dispares y opuestos, de una misma palabra? La respuesta es doble. Porque así son las cosas, porque una contradicción atraviesa a la humanidad y se incuba en nuestro corazón: el mal anida en la humanidad y la hiere.
• Y también porque Jesús, con su vida, nos dice cuál es el desenlace de este conflicto. Él, por su amor inquebrantable a Dios y a nosotros, revela que la tragedia del rechazo a ese amor no es lo definitivo.
• La victoria pascual de Jesús, su resurrección, es la garantía del triunfo de Dios y de su amor sobre el mal y la muerte. Este es el mundo nuevo del final de la historia: «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva. El primer cielo y la primera tierra habían desaparecido» (Ap 21,1).
Lectura: Hechos 16,1-10
• La misión entre los paganos se extiende. En Listra se suma a ella Timoteo, de padre pagano y madre cristiana. Pablo accede a circuncidarlo para evitar la molestia de los cristianos judaizantes de la región.
• En Tróade, Pablo tiene una visión: un macedonio que lo invitaba a cruzar de Asia Menor al Continente Europeo: «Ven a Macedonia a ayudarnos», le dice. Las ciudades de Filipos y Tesalónica serán las primicias de la misión europea.
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Reflexión: Julián Riquelme
• Contexto - Palestina, año 30: Los líderes judíos no permiten que el pueblo acepte a Jesús como Mesías. Temen perder el poder. - Jerusalén, año 100: Los seguidores de Jesús saben que anteponer el amor en favor de todos puede ser causa de persecución dentro del Imperio romano, sostenido por dos tercios de esclavos.
• Sentido La elección que Jesús hace de sus discípulos “puede provocar agresividad en contra de ellos al insertarse en un ambiente”, que no privilegia el amor a los semejantes (Jn 15,18-21). El texto se divide en dos párrafos:
• La ruptura puede provocar el odio del mundo (15,18-19). “El mundo”, nombre colectivo, designa aquí el círculo o sistema de poder, que organiza la sociedad y sus adeptos (Mateos y Barreto). Toda cultura, en cuanto esquema de vida de un pueblo o grupo, en primera instancia, es defensiva y, por tanto, un sistema injusto, porque inconscientemente, propicia que no se actúe en favor de todos los seres humanos. Más bien busca que germine un modo de obrar perverso, por ser sectario. Los discípulos han roto con el “mundo”, por efecto de la elección de Jesús. Optar por Jesús es pasar de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Son odiados porque no se integran a ese sistema ni se hacen cómplices de su injusticia. Lección: En el leguaje de san Juan “mundo” no es la humanidad como tal, sino el espacio de las tres grandes ambiciones humanas; es lógico, pues, que los seguidores de Jesús no pacten nunca con estas grandes ambiciones y egoísmos.
• La adhesión a Jesús causa de persecución (15,20-21). Al lavar los pies de los discípulos Jesús dijo: “No es un siervo más que su señor” (Jn 13,16), para inculcarles que el amor significa servicio mutuo, a ejemplo suyo. Ahora lo repite para mostrar la consecuencia de ese proceder: suscitará la persecución por negar y denunciar al sistema injusto. Jesús cumplía la Ley, pero la complementaba con el amor a todos, porque el solo cumplimiento de la Ley al pie de la letra tranquiliza la consciencia, pero engaña, ya que niega la honestidad y rectitud del amor universal. Si por este motivo persiguieron a Jesús, por lo mismo les aserrucharán el piso a sus discípulos. Ejercerán hostilidad contra Jesús y contra ellos, pues no conocen al Padre Bueno que ama a todos los seres humanos. Mensaje: Jesús nos amó primero, nos amó a pesar de nuestras debilidades humanas. Fue Él quien nos hizo dignos de su amor, que no conoce límites y nunca termina. Al darnos el nuevo mandamiento, nos pide que nos amemos no solo y no tanto con nuestro amor, sino con el suyo, que el Espíritu Santo infunde en nuestros corazones si lo invocamos con fe. De esta manera, y –solo de esta manera– podemos amarnos unos a otros no solo como nos amamos a nosotros mismos, sino como Él nos amó, es decir, inmensamente más. (Papa Francisco, 19-05-2019).
Domingo Sexto de Pascua (aquí)
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