PASCUA: SEMANA V

Viernes: «Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer lo que he oído de mi Padre»


Evangelio de San Juan 15,12-17

• El designio de Dios para la humanidad es la amistad. Esto concuerda con la perspectiva filosófica de Aristóteles: la amistad es la realidad y el valor máximo al cual se puede aspirar. El Filósofo la entendía bajo ciertas restricciones, las mismas que señala Jesús: entre el señor y sus servidores no puede haber amistad.

• En la Atenas de Aristóteles, se excluía de la amistad y de la ciudadanía a los esclavos y a las mujeres. La humanidad tardó siglos en abolir la esclavitud. Ellas carecieron de derechos políticos hasta el siglo XX. Jesús, en cambio, incluyó en su amistad a esclavos y mujeres excluidas.

• Amistad solo la hay entre quienes se comunican todo de palabra, en proyectos de vida, por acciones recíprocas de benevolencia y generosidad. La amistad florece entre personas libres, no entre amos y esclavos.

• ¿En qué consiste esa vida compartida entre Dios y la humanidad, entre Jesús y sus amigos? En una vida de felicidad común. Tomás de Aquino dice que la caridad es amistad porque Dios ha querido compartirnos su amor y nos ha hecho partícipes de su felicidad.

• Este es el centro, la perspectiva y el fin de toda la obra de Dios para con nuestra humanidad: vivir en amistad con él y entre nosotros.

• De ello es signo pobre, precario, frágil, por cierto, la Iglesia de la cual se dice que «es en Cristo como un sacramento –es decir, signo e instrumento– de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano».

• Pablo VI lo dice con otras palabras en la Exhortación sobre el Anuncio del Evangelio: «Evangelizar constituye la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa».

 

Lectura: Hechos 15,22-31

• El pronunciamiento de los apóstoles y presbíteros de la comunidad de Jerusalén es la primera declaración común, eclesial, acerca del sentido de la obra de Cristo, a saber, que solo mediante la fe en él, como dirá Pablo en sus cartas, se alcanza la salvación.

• La declaración expresa la desvinculación del cristianismo con respecto a las prácticas del judaísmo, lo cual implica positivamente todo lo que Pablo desarrolla en sus escritos a los gálatas y a los romanos. La Carta a los Gálatas puede considerarse como la Carta Magna de la libertad cristiana, y de la inclusión de toda la humanidad sin acepción de personas.

 

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Reflexión: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: Jesús participó con sus discípulos en una cena un día de la semana, en que murió. Por su carácter de despedida, ellos la convirtieron en una cena entrañable. - Jerusalén, año 100: Los cristianos de finales del siglo I pueden perder su adhesión a Jesús, no anunciar el Evangelio y desorientarse, porque, al terminar las persecuciones, deben cultivar otros hábitos humanizantes.

• Sentido El texto habla del “mandamiento del amor”. Está presentado como última voluntad del Señor. El trozo bíblico se puede resumir en dos palabras:

• Novedad (15,12-15). Lo nuevo del mandamiento de Cristo En el Antiguo Testamento, se pedía a los creyentes amar al prójimo “como a ti mismo” (Lv 19,18); ahora el Maestro ofrece su principio de sabiduría (gr. “entolé”): “Ámense los unos a otros, como Yo los he amado” (Jn 15,12). El símbolo máximo de la amistad es dar la vida por el amigo: eso fue lo que hizo Jesús en su Pascua por todos. Si los discípulos son amigos de Jesús, han de hacer lo mismo. Esta es la clave de sabiduría que ofrece felicidad a todos los seres humanos. Lección: El gran mandamiento de Cristo es que las personas se traten como amigos universales; esto no se conseguirá con procedimientos simplemente individuales, sino luchando para que en la sociedad humana se destruyan las estructuras egoístas, que impiden la circulación libre del amor al prójimo.

• Libertad (15,16-17). La gratuidad de la elección “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino Yo el que los elegí a ustedes” (Jn 15,16a). La experiencia de la elección de Jesús ayudará a los discípulos a descubrir el sentido libertario de la misión: “Los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero” (Jn 15,16b). Esto enriquecerá la relación con Dios Padre. Amarse unos a otros es de la esencia del seguimiento de Jesús. Mensaje: Jesús nos muestra el camino para seguirle, el camino del amor. Su mandamiento no es un simple precepto, que siempre es algo abstracto o ajeno a la vida. El mandamiento de Cristo es nuevo porque Él fue el primero en realizarlo, le dio carne, y así la ley del amor se escribe una vez para siempre en el corazón del hombre. (Papa Francisco, 10-05-2015).

Pascua IV: Sabado (aquí)