PASCUA: SEMANA V

Jueves: «Como el Padre me amó así los he amado yo»


Evangelio de San Juan 15,9-11

• Las imágenes y metáforas de la alegoría de la vid se traducen en este breve pasaje en aforismos bien cincelados acerca del amor. No cualquier amor, sino el divino: «ἀγάπη / agapê», como recordó el Papa León en la homilía de la misa de asunción de su ministerio.

• El origen de este amor es el Padre y es el amor con que ama a Jesús. Si volvemos a la metáfora de la vid, este amor es la savia de vida del Padre que hace fructificar a Jesús.

• San Juan usa la palabra griega «ἐντολή / entolê» para designar el mandamiento. El sentido del vocablo es «encomienda, encargo». Es decir: estos mandamientos son la encomienda que el Padre entregó a Jesús: la «encomienda de amar».

• De modo no son cualquier norma o precepto o ley que se impone, como se acostumbra entre humanos, sino que son el encargo de amar que deriva del amor que uno recibe, su expresión y realización efectiva.

• El fruto de este amor del Padre que vivifica a Jesús son sus mandamientos que Jesús ha cumplido, y son también los mandamientos que Jesús pide cumplir a sus discípulos.

• Permanecer en el amor es expresarlo en disposiciones y actos, hacerlo efectivo. Jesús cumple los mandamientos del Padre y así permanece en su amor.

• Corresponde a sus discípulos cumplir los mandamientos de Jesús para permanecer en su amor. Con la metáfora de la vid, se diría que cumplir los mandamientos del Padre y de Jesús es como fructificar nutridos por la savia de vida que fluye en la vid.

• ¿Cuál es el fruto de amor del Padre que vivifica a Jesús y a sus discípulos? Ese fruto es el gozo de Jesús, un gozo cumplido. Su nombre es divino: «Espíritu de Amor y Gozo».

 

Lectura: Hechos 15,7-21

• Pedro, que tuvo reticencias en despojarse por completo del judaísmo al adoptar la fe en Cristo, toma la palabra en la asamblea de Jerusalén que discutía el asunto de la circuncisión, y lo hace para decir que él mismo experimento cómo el Espíritu Santo infundía la fe en los paganos. Sus palabras aluden a lo acontecido en casa de Cornelio (Hechos 10).

• Santiago el de Alfeo, que también tenía reticencias, se apoya en los profetas y en la práctica del judaísmo de la diáspora al difundir la Ley de Moisés en las ciudades paganas. En conclusión: no se debe obligar a circuncidarse a los cristianos que provienen del paganismo. Dicho lo cual, la controversia seguirá, como atestiguan las Cartas de Pablo a los Gálatas, a los Romanos y a los Filipenses.

 

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Reflexión – Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: Un día en la semana, en que murió, Jesús participó con sus discípulos en una cena. Por su carácter de despedida, ellos la convirtieron en una cena entrañable. - Jerusalén, año 100: Los cristianos de finales del siglo I pueden perder su adhesión a Jesús, no anunciar el Evangelio y desorientarse, porque las persecuciones terminaron.

• Sentido El texto habla de la “invitación a responder al amor de Jesucristo”. Está presentada como última voluntad del Señor, en su discurso de despedida. En el trozo bíblico, se pueden subrayar, entre otros, los siguientes elementos:

• Exhortación (15,9) A partir de su muerte y resurrección, Jesús comunica la fuerza de su amor a los discípulos; además, pide que vivamos la experiencia de ese amor suyo. Lección: La alegría de Cristo llega a nosotros cuando permanecemos en su amor.

• Criterio (15,10). Jesús pone en paralelo la relación de amistad del Padre con Él y la suya con los discípulos. En ambos casos, lo central es la fidelidad, es decir, la entrega personal de amor para el crecimiento de los demás: los pobres, los esclavos de la Ley, los ciegos, los enfermos. Si falta ese amor, ocurre la ausencia de Dios en nuestra vida. Dios podrá ser imaginado, pero no experimentado; y ese vacío lo llenamos con dioses falsos: placer egocéntrico, dinero, poder etc. Solo se pasa de la muerte a la vida, cuando amamos a los hermanos (cf. 1 Jn 3,14). Moraleja: Al reunirnos en comunidad, sepamos escuchar la palabra de los hermanos y, sobre todo, la palabra del Señor.

• Alegría (15,11). Cuando una persona se siente amada, experimenta alegría. Jesús, por entregarse a la actividad en favor de los seres humanos, vive circundado del amor del Padre; los discípulos, por entregarse como Él, viven circundados del amor de Jesús. Es más, Jesús comparte con ellos también su propia alegría, para llevar a plenitud la de los discípulos. Mensaje: Las relaciones, que el creyente establece con Cristo, a través del misterio de la oración no se desarrollan en un clima de temor o de terror sacro, sino de alegría y de serenidad.

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