PASCUA: SEMANA V

Miércoles: «Yo soy la vid, ustedes los sarmientos»


Evangelio de San Juan 15,1-8

• La alegoría de la vid tiene antecedentes literarios en los profetas y en los salmos. Isaías dice: «Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña» (5,1). Esa viña –dirá más adelante– son los dos reinos, Israel y Judá, que no dieron uvas sino frutos agrios.

• Oseas, Ezequiel, el Salmista usan esta imagen de la vid para hablar del pueblo de Dios y lamentar que ha sido una vid infructuosa, a merced de viandantes que roban sus frutos y animales salvajes que la destrozan.

• Jesús, en cambio, usa esta alegoría para significar la relación íntima, vital, de sus amigos y discípulos con él. El énfasis está en que Jesús se une vitalmente a ellos: «Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Quien permanece en mí y yo en él, da mucho fruto».

• Hay también una advertencia sobre el malogro de los frutos al cortarse la savia que los vigoriza: «Quien no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca».

• Solemos imaginar que la gracia –así se presentaba en los antiguos catecismos– es como una prenda que se quita y se pone, que se pierde o ensucia. Es mejor imaginar la unión entre Cristo y nosotros con la alegoría de la vid y los sarmientos.

• Y pensar que la iniciativa de esta unión y el vigor para mantenerla viene de Dios, su propia vida que es el Amor del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones.

• Hoy recordamos a los Mártires del Siglo XX en México, que dieron fruto por permanecer unidos a la vid en medio de la hostilidad y la persecución. Ellos son veintidós sacerdotes diocesanos y tres fieles laicos, que fueron asesinado por el gobierno entre 1915 y 1937, principalmente en la persecución de los años 1926 a 1929.

• Estos son sus nombres inscritos en el Libro de la Vida del Cordero (Ap 21,27): Cristóbal Magallanes, Román Adame, Rodrigo Aguilar, Julio Álvarez, Luis Batis, Agustín Caloca, Mateo Correa, Atilano Cruz, Miguel de la Mora, Pedro Esqueda, Margarito Flores, José Isabel Flores, David Galván, Pedro de Jesús Maldonado, Jesús Méndez, Justino Orona, Sabas Reyes, José María Robles, Toribio Romo, Jenaro Sánchez, David Uribe y Tranquilino Ubiarco, presbíteros, y los fieles laicos Salvador Lara, Manuel Morales, David Roldán.

 

Lectura: Hechos 15,1-6

• San Lucas introduce hoy la cuestión crucial que enfrentaron las primeras comunidades de seguidores de Jesús. Muchos de ellos provenían del judaísmo, bastantes habían sido fariseos como Pablo. Otros, cada vez más, eran cristianos convertidos de las religiones de entonces.

• En Antioquía hubo un altercado y una discusión violenta con Pablo y Bernabé de discípulos venidos de Judea. Lo cual dio motivo para que fueran a Jerusalén a dar cuenta de su misión entre los paganos.

• Ellos refirieron a la comunidad cristiana lo que había hecho Dios por su medio, pero encontraron resistencia justamente de algunos fariseos convertidos que exigían a quienes venían de otras religiones la práctica de la circuncisión.

• La cuestión tiene connotaciones no solo de orden práctico o moral sino también de orden teológico acerca del sentido del misterio de la salvación por obra de Jesús mediante la fe. Las controversias fueron duras.

 

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Reflexión – Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: Jesús participó con sus discípulos en una cena un día de la semana, en que murió. Por su carácter de despedida, ellos la convirtieron en una cena entrañable. - Jerusalén, año 100: Los cristianos de finales del siglo I pueden dispersarse o convertirse en un grupo cerrado, porque las persecuciones han terminado.

• Sentido En la alegoría de la “verdadera vid”, que representa a Cristo, el Padre es el viñador y los discípulos equivalen a los sarmientos. El texto manifiesta, entre otros, estos aspectos:

• Invitación (15,1-6). Jesús insiste en que Él es la fuente de la “verdadera” vida, una vida que solo puede venir de Dios Padre. Así, Cristo invita a permanecer unidos a Él, como los sarmientos a la vid, para vivir y dar fruto abundante, en el servicio fraternal a todos. El Señor agrega que, de lo contrario, los discípulos se convierten en personas inútiles, que no propician el crecimiento de los demás: en gente similar a los sarmientos estériles. Lección: Después de que Jesús subió al Padre, es tarea de los discípulos, es tarea nuestra, seguir anunciando el Evangelio con la palabra y con obras.

• Fruto (15,7-8). El fruto de la fidelidad. El estar unidos a Jesús implica vivir de acuerdo con su revelación (“palabras”), y en obediencia a su consigna del amor al prójimo. Las peticiones de quienes se han amoldado así a Cristo, serán siempre concedidas por el Padre: De esta manera los cristianos toman parte activa en el proyecto de Dios. La glorificación del Padre se realiza con la propia vida de los discípulos, pues éstos participan de la misma misión de Jesús. Mensaje: Y los discípulos –nosotros, discípulos de Jesús– lo hacen dando testimonio de su amor: el fruto que hay que dar es el amor. Unidos a Cristo, recibimos los dones del Espíritu Santo, y así podemos hacer el bien al prójimo, hacer el bien a la sociedad, a la Iglesia. Por sus frutos se reconoce el árbol. Una vida verdaderamente cristiana da testimonio de Cristo. (Papa Francisco, 02-05-2021).

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