Lecturas: Isaías 5,1-7 / Filipenses 4,6-9 / Mateo 21,33-43
Botón homilético - Francisco Quijano

• La parábola de los viñadores homicidas tiene carga profética expansiva (como granada de fragmentación, permítase la comparación): el relato mismo, su sentido histórico, su aplicación a Jesús, su significado actual.
• El relato es dramático in crescendo: son escenas de violencia que provienen de las revueltas de campesinos galileos contra latifundistas extranjeros. Joachim Jeremias, célebre estudioso alemán del Nuevo Testamento, dice, en un librito sobre las parábolas, que esta doble violencia –explotadora de unos, reivindicadora de otros– sucedía en la Galilea de Jesús.
• Él usaba estos hechos en sus parábolas, no por alentar la violencia, sino por dramatizar su enseñanza, sacudir las conciencias de sus oyentes –letrados, fariseos, sacerdotes, autoridades– y provocar conversiones súbitas de mente y corazón.
• En ocasiones, Jesús mismo intepretaba y aplicaba sus parábolas a la gente que lo escuchaba; en otras, sus audiencias de pronto captaban esta provocación de Jesús, él no necesitaba aplicársela: «Cuando los sumos sacerdotes y los fariseos oyeron sus parábolas, comprendieron que se refería a ellos».
• Sí, los viñadores homicidas son las autoridades judías de su tiempo, que quisieron apoderarse de la viña del señor y de sus frutos. La viña pasará a otras manos, las de quienes escucharán y aceptarán a Jesús.
• Esta parábola tiene también un sentido y aplicación para Jesús mismo, que proviene de las primeras comunidades cristianas: el hijo del dueño de la viña asesinado es Jesús, piedra desechada por las autoridades judías, que Dios reivindica resucitándolo para ponerlo como fundamento de una humanidad nueva.
• El sentido actual recae en nosotros: ¿Seremos como las autoridades judías a quienes se descarta para entregar la viña a otros? ¿Aceptaremos a Jesús como piedra angular de una humanidad nueva? ¿Queremos esa humanidad nueva fundada en Jesús?
• Los sucesos violentos que forman parte de algunas parábolas resultan de pronto repulsivos para nuestra sensibilidad y, peor aún, contados por Jesús en su enseñanza. ¿Qué pueden decirnos? ¿Tienen algún sentido?
• Sentido, no lo tienen, son actos inhumanos, repulsivos e injustificables. Pero resulta que, en la vida real, en los sucesos de cada día en México y otras partes, la violencia parece haber establecido su dominio.
• ¿Cuántos homicidios ocurren a diario en México? ¿Cuántas masacres con descuartizamiento de cadáveres a la semana? ¿Cuánta impunidad recubre crímenes, robos, fraudes, extorsiones? ¿Cuánta indolencia, irresponsabilidad, contubernio, alianza de las autoridades con criminales?
• Si lo que se cuenta en las parábolas nos parece repulsivo, ¿no habría que repudiar la violencia real en el país? ¿Qué hemos de hacer para repudiarla efectivamente y erradicarla?
• Cada vez es más evidente que las iglesias, sus autoridades, las feligresías, toda persona con mínimo sentido de humanidad, algo deberíamos hacer. Iniciativas, las hay. Pero se necesitan muchas más.
Lecturas: Isaías y Filipenses
• El pasaje de Isaías es un hermoso poema lírico, un cántico en loa de la viña del Señor, es decir, su pueblo santo. Este poema es una de las claves de inspiración de la alegoría de la vid y los sarmientos en el Evangelio de Juan (c 15) e, indirectamente, en la parábola evangélica de hoy.
• ¿Qué hacer contra la violencia? Al menos contar con lo que Dios nos ofrece y hacer lo que está a nuestro alcance.
• San Pablo manifiesta este deseo: «La paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús».
• Junto con este deseo, exhorta a que lo hagamos efectivo con nuestra conducta: «Ocúpense de cuanto es verdadero y noble, justo y puro, amable y loable, de toda virtud y todo valor».
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• Contexto. Palestina, año 30: Después de la “purificación del templo”, los sacerdotes protestan en forma airada... Jesús hace una dura crítica a los dirigentes religiosos, porque no se abren a la salvación de todos los paganos. - Antioquía (Siria), año 80: A partir de la destrucción de Jerusalén el año 70, algunos han interpretado esta parábola como si la Iglesia hubiera tomado el lugar del «nuevo Israel». Sin embargo, el Reinado de Dios no es de la Iglesia, sino que único dueño es Dios Padre, que ha querido la salvación de todos los seres humanos, desde antes de la creación del mundo (cf. Sal 135 (hb 136),1; Ef 1,4).
• Sentido Estamos ante la “alegoría de los viñadores homicidas”, donde, a cada elemento metafórico, corresponde un elemento real. He aquí los ejes principales del relato:
• Elementos de la alegoría. En el texto, la "viña" es el antiguo Israel; el "dueño" representa a Dios, que es el único Señor de la vida humana y de la tierra; los "viñadores" simbolizan a los líderes religiosos judíos de entonces; los "servidores" son figura de los antiguos profetas; y el "hijo" es el Mesías Jesús. Lección: La idolatría de la Ley o de todo otro ídolo propicia el individualismo y no el crecimiento del amor hacia todos los seres humanos.
• Dos procesos en crecimiento. Por un lado, Dios extrema los cuidados para con su pueblo (a la "viña" le construye un "cerco", un "lagar", y una "torre de vigilancia"); desea intensificar la vivencia de la Alianza (doble envío de "servidores"); y busca hacerse presente en medio de los suyos, a través de su hijo Jesús. Por otro lado, el pueblo se aleja de su Dios, principalmente a causa de los dirigentes injustos (violencia contra los "servidores" y asesinato del "heredero" de la viña). Enseñanza: La Revelación divina nos ha educado ya desde el Antiguo Testamento y quiere que presentemos al Señor Jesús a todas las naciones.
• Diálogo al final de la alegoría. Cristo formula dos preguntas a la consciencia de sus interlocutores: Desea la conversión de ellos. Así quienes tienen mentalidad judía no seguirán frustrando la vocación del pueblo: Anunciar al Mesías a todas las naciones (cf. Mt 21,40-42; Lc 2,32). Mensaje: Cuando en nosotros falta la autocrítica, podemos confundir indebidamente los derechos de Dios con nuestros propios derechos.
• Actualización: ¿Y nosotros? Como nuevo Pueblo del Señor, los bautizados y bautizadas somos hoy la "viña" amada, cuidada y elegida. Se espera de nosotros frutos del amor, de misericordia y de justicia, porque vive entre nosotros Jesucristo, el Mesías, el Ungido de Dios. Su Reinado no está encadenado a ninguna nación, raza o esquema de vida de un pueblo, sino que debe abrirse permanentemente a los otros (cf. Mt 21,43; 2 Tm 2,9). Interrogante: Estamos produciendo hoy “los frutos” que Dios espera de su pueblo: ¿solidaridad hacia quienes sufren y justicia para los marginados…?
Semana XXVII: Lunes (aquí)
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