Lecturas: Ezequiel 18,24-28 / Filipenses 2,1-11 / Mateo 21,28-32
Botón homilético: Francisco Quijano

• Buen número de parábolas de Jesús fueron contadas para los sumos sacerdotes, los ancianos del pueblo, los fariseos y los letrados. Resultaban explosivas para ellos. ¿Qué nos dicen ahora?
• Desde hace varios domingos venimos escuchando estas parábolas acerca del núcleo del misterio de Dios y de nuestra relación con él: Dios es bueno de una bondad fuera de toda expectativa humana, Dios es amor fiel, incondicional, inclusivo.
• La parábola de los dos hijos libera su energía nuclear en palabras del propio Jesús: «Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el Reino de Dios».
• Ellas y aquellos son como el hijo de la parábola al que su padre le pide ir a trabajar a la viña, y responde: «No quiero». Pero después recapacita y va. Las autoridades judías dicen obedecer, pero siguen en lo suyo.
• Tergiversan por completo lo que Dios quiere para nuestra humanidad, quién es Él, cuáles son sus propósitos de misericordia y perdón. Distorsionan la religión judía.
• El judaísmo de tiempos de Jesús incluía en la Ley 613 preceptos, algunos francamente ridículos, que ensombrecían lo central de la Alianza con Dios: amor gratuito, fidelidad, verdad, justicia.
• Jesús se lo reprocha repetidas veces a los fariseos, con palabras del profeta Oseas: «Vayan y aprendan lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificios. Yo no vine a llamar a los justos, sino a los pecadores».
• En una conferencia sobre la Exhortación del Papa Francisco «El Gozo del Evangelio», fray Timothy Radcliffe OP señala un hecho fundamental: «En la verdad hay jerarquía. Hay verdades secundarias que no deben oscurecer el mensaje central». E indica estos ejemplos:
• «La centralidad inequívoca del amor incondicional y la misericordia de Dios asusta a algunos, porque podría malinterpretarse. Si tendemos la mano para acoger a los divorciados vueltos a casar, ¿acaso no podría tomarse como quebranto de la institución matrimonial? Si el Papa dice de los homosexuales: "¿Y quién soy yo para juzgar?", mucha gente podría pensar: ¿no será que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo –aún el matrimonio homosexual– son aceptables?»
• Esta aberración de tintes religiosos, que reclama hablar y actuar en nombre de Dios, no se presentaba solo en tiempos de Jesús: es una perversión de la experiencia religiosa con múltiples facetas en la historia.
• Una religión auténtica, cualquiera que sea su credo, no puede justificar jamás la deshumanización, la violencia, la imposición forzada de sus creencias. Por desgracia, el cristianismo también ha padecido esta desviación.
• Si nos apartamos del ámbito religioso, hay también ideologías, proyectos de gobierno, acciones de gobernantes, cuyo propósito inocultable es imponer una forma de pensar y unas decisiones arbitrarias.
• El anuncio del Evangelio y de otras creencias religiosas se dirige a personas libres, que pueden aceptarlo o rechazarlo. Igualmente, la forma de gobernar a personas libres es el régimen democrático, pese a sus deficiencias. ¿Cómo poner remedio a la imposición?
Lecturas Ezequiel y Filipenses
• En un momento clave de la historia de la humanidad, «tiempo axial» diría el filósofo Karl Jaspers, Ezequiel ejerce su misión profética. Lo hace en el exilio de Babilonia.
• Un mensaje central suyo es sobre la responsabilidad, que está anclada en el libre arbitrio del ser humano. No existen responsabilidades colectivas o tradicionales o institucionales. La responsabilidad es personal.
• Lo colectivo, lo tradicional, lo institucional puede ser, de hecho lo es, condicionante del ejercicio de la libertad, pero no de suerte que anule por completo la propia responsabilidad.
• Dice el profeta: «Quien abre los ojos, recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá». De eso hemos de hacernos cargo: ¡Abrir los ojos!
• El Himno de Filipenses (aquí) es una obra maestra, por su profundidad espiritual y teológica, y por su confección literaria, probablemente en arameo. Al contemplar el misterio de Cristo Jesús, proclama:
• Él, siendo de condición divina, se despojó de ella hasta asumir lo más bajo de nuestra condición humana: morir ajusticiado en la cruz. Jesús tuvo dos despojos: uno, de su divinidad, humanizándose; otro, de su humanidad, victimizado.
• Ello con un propósito: recrear a nuestra humanidad, desde el despojo de ella por una muerte injusta, de modo que toda lengua proclame el señorío de Cristo Jesús por su resurrección y el señorío de nuestra humanidad recreada.
• Por eso, recaudadores y prostitutas, leprosos y adúlteras, enfermos y endemoniadas, cualquier otro desecho de humanidad, tienen precedencia en el camino hacia el Reino y en la amistad con Dios.
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Claves para la homilía: Julián Riquelme
• Contexto. – Palestina, año 30: Después de la “purificación del templo”, los jefes del pueblo preguntan a Jesús con qué autoridad actúa así. Él les responde con otra pregunta: ¿El bautismo de Juan era cosa de Dios o cosa humana? No se atreven a contestar, y Jesús les narra esta parábola. – Antioquía (Siria), año 80: El Reinado de Dios es para todos. Por eso, no hay que creerse perfectos por cumplir externamente la Ley: porque lo importante es arrepentirse cuando nos hemos alejado de la justicia, y realizar obras animadas por el amor que ayuden al bien común de nuestros prójimos.
• Sentido. El tema del Evangelio es “La parábola de los dos hijos”. En ella se pueden distinguir tres partes:

• La parábola (21,28-30). El primer hijo representa a los publicanos y a los pecadores, que no conocían la Ley y buscaban hacerse más humanos, porque se sabían necesitados. El segundo hijo es figura de los sumos sacerdotes y los ancianos. Éstos consideraban que no tenían nada de qué arrepentirse; se creían perfectos, porque decían “sí” externamente a todos los mandamientos de la Ley; sin embargo, rechazaban el cambio al cual los invitaba Jesús. Lo que Dios quiere es el bien de todos los seres humanos. Lección: Cumplir externamente los mandamientos de Dios es esclavizarse y esclavizar a hombres y mujeres; lo que Jesús revela es que Dios Padre quiere que todos seamos hijos suyos y no esclavos.
• Primera aplicación dirigida a los interlocutores (21,31). El Nazareno ofrece a los jefes la primera posibilidad de interpretar la parábola. En el fondo les dice: Dios comprende nuestra limitación y da la posibilidad de “recapacitar” y rectificar. Los errores cometidos pueden ayudarnos a encontrar el camino verdadero, que es tratar de imitar la actitud de amor de Dios Padre hacia todos sus hijos e hijas. Tenemos que aceptar nuestras limitaciones, porque son parte de nuestro ser que está en peregrinación. Enseñanza: No podemos pretender, ni para nosotros ni para los demás, la perfección total desde los comienzos, sino como la meta de nuestro caminar.
• Segunda aplicación haciendo mención del Bautista (21,32). Jesús llama de manera más explícita a “arrepentirse” a sus interlocutores: les está ofreciendo un salvavida verdadero y no de plomo. Cuando se pretende que un ser humano sea pluscuamperfecto, se le está exigiendo que deje de ser humano. Todo lo que somos lo hemos conseguido a base de corregir errores, ayudados por la gracia de Dios. La experiencia dice qué es lo que me deteriora como persona y qué es lo que me permite crecer. Ser hijo de Dios significa imitarle, como se dijo, en la búsqueda del bien para todos. Lo importante es tomar conciencia de que hay que trabajar por los demás, porque de lo contrario, no daremos un paso hacia la plenitud de la vida. Dios, que es amor, demuestra conocernos muy bien cuando perdona. Mensaje: Aprender a perdonarse y seguir a delante, apoyados en el Espíritu Santo, es peregrinar en el mundo de la sabiduría (Ef 1,4).
Semana XXVI: Lunes (aquí)
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