EVANGELIO DOMINICAL

Epifanía del Señor Jesús


Lecturas: Isaías 60,1-6 / Efesios 3,2-6 / Mateo 2,1-12

Botón homilético: Francisco Quijano

• «Vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo». Magos, videntes, expertos en artes adivinatorias, sabios, astrólogos, ¿qué representan estos personajes entrañables de los evangelios?

• Somos nosotros, humanidad, en búsqueda de sentido, nosotros acicateados por tres cuestiones clave: hacia dónde vamos, de dónde venimos, quiénes somos.

• Nosotros entrevemos también una estrella, presentimos el misterio al que apuntan estas preguntas, nos damos múltiples respuestas. Venimos de lejos con el enigma de nuestra existencia y de nuestras aspiraciones.

• Los dones que los Sabios de Oriente pretenden ofrecer en honor de un rey a quien no conocen –oro, incienso, mirra– simbolizan también los bienes que quisiéramos obtener y el mal del que quisiéramos liberarnos.

• Oro: representa el poder de emperadores y reyes, ha sido la divisa por excelencia del comercio. Incienso: significa el culto a la divinidad, honores, vanagloria. Mirra: es signo de muerte, se usa para embalsamar cadáveres.

• Los Sabios de Oriente pretenden rendir homenaje a quien tiene la clave de estos enigmas. A su búsqueda y a la nuestra corresponde una manifestación sorprendente. ¿Quién es ese a quién encontramos? ¿Cómo se nos manifiesta?

• A Quien no ostenta ningún poder, sino que viene a servir. A Quien no se aferró a su divinidad, sino se despojó de ella, al Dios humanado que fue despojado de su humanidad. A Quien es el Único que vence por su resurrección a la muerte. Esa es su Epifanía culminante.

• Epifanía. Del verbo griego phaino, que significa aparecer, manifestarse, hacerse patente; reforzado por la preposición epi, para indicar intensidad, amplitud. Epifanía es la manifestación de Jesús, ya no a un pequeño grupo de pastores, sino a todas las gentes de todos los pueblos de todos los tiempos.

• En las celebraciones de Navidad, la Epifanía es la culminación de la manifestación de Jesús, Palabra eterna e Hijo Único del Padre, en nuestra carne mortal: «Un designio secreto, no manifestado en otros tiempos, revelado ahora por el Espíritu» (Ef 3,5-6).

• ¿En qué consiste esta manifestación? Lo dice también san Pablo: todo el mundo, judíos y no judíos, creyentes de distintas religiones y no creyentes, todos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo, partícipes de la misma promesa.

• ¿Cómo es eso? No lo vemos así. En nuestra humanidad hay divisiones, separaciones, exclusiones. En cambio, este mensaje de Pablo, que es el Evangelio anunciado por los cristianos, es una proclamación de la comunión universal a la cual está convocada toda la humanidad.

• En el centro del anuncio cristiano acerca del destino último de la humanidad se halla esta contradicción al parecer insuperable: Dios quiere que la humanidad viva en comunión con él y entre nosotros. Nosotros nos encontramos atrapados en situaciones personales y colectivas opuestas a este designio de Dios.

• ¿Hay modo de superar de esta contradicción? Sí, el designio de Dios se cumple poco a poco. La escena evangélica hace ver que, frente al rechazo de Jesús por las autoridades de los judíos, unos sabios de otros pueblos reconocen que es Él quien guía a la humanidad a su destino, como la estrella que los guio a ellos a Belén.

• ¿Cómo termina esta búsqueda? «Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron». Esta es la Epifanía –Manifestación– del Señor, una criatura como nosotros.

• Jean Meyer, historiador católico francés, naturalizado mexicano, publica una interpretación contemporánea de este espisodio (aquí)

 

Lecturas: Isaías y Efesios

• El oráculo del profeta Isaías pertenece a la última parte de la colección de escritos bajo el nombre del primer profeta que lo ostentó y que vivió en el siglo VIII aC. Esta última parte es posterior cuatro o cinco siglos.

• Jerusalén, reconstruida a la vuelta del exilio en Babilonia, se convierte en símbolo de un llamado a la unidad de todos los pueblos de la tierra. En ella resplandecerá la salvación que Dios ofrece a toda la humanidad: «Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti».

• La Carta a los Efesios contiene una reflexión de gran alcance y profundidad teológica acerca del Misterio de la Plenitud de Dios, que es también el Misterio de la Plenitud Humana en Cristo. Cristo está en el centro de la creación y de la historia. El universo entero alcanza su plenitud en Él. Nosotros, como humanidad, tenemos a Cristo por Cabeza, nosotros somos su Cuerpo.

• En virtud de este Misterio de la Plenitud Divina, son convocados todos los pueblos a la fe en Cristo, judíos y no judíos, creyentes y no creyentes. La Manifestación del Señor a los Sabios de Oriente es el símbolo de esta convocatoria universal de todos los pueblos a la fe.

 

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Claves para la homilía: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 1: En el Evangelio aparece el Niño Jesús con María, su madre (Mt 2,11). - Antioquía (Siria), año 80: Los cristianos de origen judío, al escuchar el relato de los Magos, entendían que Jesús traía la Sabiduría de Dios a la tierra, y, por tanto, era un nuevo Salomón y más grande que ese rey (1 Co 1,24).

• Sentido El Evangelio narra la “Adoración de los Magos al Niño rey de los judíos”. Es una enseñanza basada en el episodio de la visita de la reina de Saba a Salomón, que decía: Un día se presentó en Jerusalén una reina anónima, venida de un lejano país llamado Saba; había oído hablar de la fama del rey israelita, quería conocerlo y admirarlo personalmente (1 R 10,1-13). Mensaje: De manera semejante, unos Sabios extranjeros fueron los primeros en descubrir el secreto escondido en el Niño de Belén (cf Mt 12,42). Las partes del relato son:

• Llegada de los Magos a Jerusalén: los guía una estrella, buscan al Niño rey de los judíos (2,1-2). Esos “Magos” no eran personas que realizaban trucos de magia, sino unos estudiosos de las ciencias humanas, unos investigadores del curso de las estrellas, algo así como los científicos de la época; estos personajes anónimos viajaron a Jerusalén desde un lejano país de Oriente (Mt 2,1; cf 1 R 10,1); como representantes del saber, buscaban al rey de los judíos para adorarlo (Mt 2,2; cf 1 R 10,1.9); y llegaron planteando un enigma difícil de resolver (Mt 2,2; cf 1 R 10,3). Lección: Dios no excluye a nadie de su Amor, por eso quiere hablar a todos los seres humanos en el lenguaje de sus propias culturas, o esquemas de vida: los Magos lo descubrieron a través de sus estudios astronómicos.

• Herodes y Jerusalén actúan como necios (2,3-8). a) Tienen miedo a perder el poder (Mt 2,3): están asustados por la posible aparición de un rival al trono de los herodianos; b) La autoridad religiosa de la época asesora al Tirano (Mt 2,4-6): los sumos sacerdotes y los escribas pudieron enterarse de la presencia del Mesías, descifrando las profecías de las Sagradas Escrituras, pero, como su clave de interpretación estaba ligada al poder, permanecieron ciegos; c) Herodes trata de manipular a los Magos (Mt 2,8): para ello usa la hipocresía. Enseñanza: ¡Pensemos en estos sabios que se postran, es decir, se inclinan hasta el suelo para adorar a un niño! Parece una contradicción. Sorprende este gesto tan humilde en varones tan ilustres.

• Encuentro de los Magos con el Niño, regalos y regreso (2,9-12). Aquellos Sabios hallaron respuesta a su enigma, a su pregunta fundamental: se encontraron con la persona anhelada (Mt 2,8-10; cf 1 R 10,3); ofrecieron al Niño rey los regalos que le traían: oro, incienso y mirra (Mt 2,11; cf 1 R 10,10); después de adorar al Niño, regresaron a su país y desaparecieron de la historia (Mt 2,12; cf 1 R 10,13). Mensaje: En aquellos tiempos, postrarse ante una autoridad, que se presentaba con los signos del poder y la gloria, era normal. E incluso hoy no sería extraño. Pero frente al Niño de Belén no es fácil. No es fácil adorar a este Dios, cuya divinidad permanece oculta y no parece triunfante. Significa aceptar la Sabiduría de Dios, que se manifiesta en la pequeñez.

Navidad III: Lunes (aquí)