ORAR CON LA BIBLIA

Jesús: Un judío marginal


  «Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado el Mesías» (Mt 1,16) «¿De dónde saca este su saber y sus milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros? ¿De donde saca todo eso? Y esto era para ellos un escándalo» (Mt 13,54b-57a).

  No solemos considerar a Jesús en su condición humana, la de un judío, tal como lo vieron sus contemporáneos y compatriotas de Nazaret. Examinemos las razones por las cuales la gente quedaba desconcertada al escucharlo y ver sus milagros.

  Una obra voluminosa, cinco gruesos tomos, de un historiador estadunidense, John P. Meier, se titula Un judío marginal. Ese judío es Jesús. Mateo comienza su Evangelio con una genealogía de personajes históricos dispuesta artificialmente para mostrar la raigambre judía Jesús.

Jesús: judío y marginal, ¿por qué? Meier ofrece seis razones para justificar el título de su obra: «Lo corriente, lo usual, lo claro, lo estable, lo seguro, lo acomodado propende todo ello a tener como zona de actuación o de gravitación el centro o la parte principal del espacio disponible; lo extraño, lo inusitado. lo ambiguo. lo inestable, lo peligroso, lo pobre aparece o es empujado hacia los bordes o márgenes de ese espacio».

  1. «Jesús era simplemente insignificante para la historia nacional y universal a través de los ojos de los historiadores judíos y paganos de los siglos I y II d. C».

  2. «El proceso y ejecución de Jesús hizo de él un marginal de un modo atroz y abominable. Jesús era un judío que vivía en una Palestina judía directa o indirectamente controlada por los romanos... pertenecía a ambos mundos, y al final fueron los dos los que lo ejecutaron».

  3. «Jesús se marginó primero a sí mismo. Hacia los treinta años era un carpintero de tantos en uno de tantos pueblos montañosos de la baja Galilea, que disfrutaba al menos de la posición económica y respetabilidad social mínimas requeridas para una vida decente. Por la razón que fuera, abandonó su medio de vida y lugar de origen, se convirtió en "desocupado" e itinerante a fin de asumir un ministerio profético y, no sorprendentemente, se encontró con la incredulidad y el rechazo cuando regresó a su pueblo a enseñar en la sinagoga».

  4. «Su marginalidad como maestro se acrecentaba todavía más por el hecho de que, como el pobre galileo rural que era, nunca había asistido a una escuela de escribas o estudiado con algún conocido maestro. Sin embargo, osaba poner en tela de juicio las enseñanzas y prácticas que aceptaban muchos judíos de su tiempo, y proclamaba sus propias enseñanzas con una soberana autoridad cuya base no estaba ni mucho menos clara para sus oponentes».

  5. «El estilo de enseñanza y de vida de Jesús, por resultar ofensivo para muchos judíos, empujó a estos lejos de él y le empujó a él mismo al margen del judaísmo palestino. Al tiempo de su muerte se las había arreglado para aparecer abominable, peligroso o sospechoso a todos, desde los piadosos fariseos, pasando por los sumos sacerdotes políticos, hasta un Pilato siempre vigilante».

  6. «Jesús, el pobre laico convertido en profeta y maestro, la figura religiosa sin credenciales procedente de la Galilea rural, encontró la muerte en Jerusalén al menos en parte a causa de su choque con el rico sacerdocio aristocrático urbano. Para este grupo, un pobre laico del campo galileo con doctrinas y pretensiones perturbadoras era marginal tanto en el sentido de ser peligrosamente contrario a los poderes establecidos como en el de carecer de una base de poder en la capital».