Evangelio de San Lucas 24,13-35
• El encuentro de dos discípulos con un desconocido camino a Emaús es continuación de la visita de tres mujeres al sepulcro de Jesús (Lc 24,1-12). Ellas no encuentran su cadáver.
• Dos hombres vestidos de blanco les preguntan: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea».
• Ellas recuerdan y se les abren los ojos y el entendimiento. Van en seguida a contar todo a los Once. ¡Ah! pero, ¿qué sucede? Estos toman el relato de las mujeres por una fantasía, no les creen.
• Los dos discípulos camino de Emaús iban con el mismo cuento de los últimos sucesos en Jerusalén, arrastrando el alma decepcionados por el fracaso de Jesús, un liberador que terminó ajusticiado.
• Los alcanza un desconocido que se suma a la conversación. No lo identifican, «tenían los ojos incapacitados para reconocerlo». Les pregunta: «¿De qué van conversando por el camino?». «¿Cómo? ¿eres tú el único forastero que no sabes lo sucedido?».
• Y salen con el cuento que venían conversando: «Lo de Jesús de Nazaret, profeta poderoso en obras y palabras... lo condenaron y lo crucificaron. ¡Y nosotros que esperábamos que él fuera el liberador de Israel!, pero hace ya tres días...»
• La decepción los abruma, han perdido todas sus esperanzas. Eso es lo que les incapacita para ver y entender los sucesos de los últimos días.
• Sí, sabemos que corre un rumor entre mujeres ‒¿será cierto?‒ de que han visto unos ángeles que les aseguraron que está vivo. Estamos confundidos, no sabemos a qué atenernos.
• Sin que ellos sepan cómo, comienza a despejarse el horizonte. El incógnito que los acompaña va explicándoles lo que en toda la Escritura se refiere a él, al liberador, a Jesús el crucificado.
• Al llegar a casa, este hombre acepta la invitación que le hacen de quedarse a comer. «Se sentó con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio».
• De pronto, esos ojos incapacitados se les abrieron y lo reconocieron. ¿Qué fue lo que lo que les abrió el entendimiento? Dos signos: la palabra que es memoria viva del profeta de Nazaret y la comida en la que bendijo el pan y se lo dio como símbolo de su entrega.
• Esos fueron los dos signos que llevaron a los seguidores de Jesús, decepcionados por su muerte en cruz, a recobrar la fe en él, capaz de vencer a la muerte.
• Desde los primeros días después de la resurrección, al compartir entre ellos y ellas la palabra y la mesa, el pan y el vino, la fe y la esperanza fueron renaciendo y fortaleciendose en las comunidades.
• Pese a dudas, incertidumbres, rumores, decepciones, la fe en el Resucitado, que triunfó sobre la muerte, triunfa sobre la incredulidad. En ese triunfo sobre la muerte y en esa fe victoriosa sobre la incredulidad descansa la comunidad cristiana.
• Este relato magistral de Lucas nos enseña cómo abrir nuestros ojos incapacitados, cómo se ilumina nuestro entendimiento obnubilado, cómo se reaviva la esperanza en nuestro corazón decepcionado.
Lectura: Hechos 3,1-10
• Otro efecto de la presencia del Espíritu Santo en la actividad de los apóstoles es la sanación del paralítico que pedía limosna a la entrada del Templo en Jerusalén. Este hecho, que llenó de asombro y estupor a la gente, tiene una significación profunda.
• Pedro y Juan, como buenos judíos, acuden al templo a orar, así lo hacían los primeros seguidores de Jesús que provenían del judaísmo.
• Ocurre entonces un cambio radical. El paralítico estaba excluido del culto en el templo debido a su enfermedad. Al ver a Pedro y a Juan les pide una limosna. Ellos no tienen nada que darle. Jesús les había encomendado no llevar nada para la misión (Mt 10,5-9).
• Pedro tiene, sin embargo, lo que había recibido por obra del Espíritu Santo: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy: ―En nombre de Jesucristo, el Nazareno, levántate y anda. Y tomándolo de la mano derecha lo levantó».
• Jesús había dado esta consigna a los apóstoles al enviarlos a la misión: «Lo han recibido todo gratuitamente, gratuitamente deben darlo». Eso fue lo que hicieron Pedro y Juan con el paralítico a la entrada del templo.
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Reflexión: Julián Riquelme
Contexto - Palestina, año 30: A los discípulos les costó aceptar que Jesús, tras su muerte, estaba vivo, Resucitado. - Grecia, año 80: El sentimiento interno, iluminado por la fe, pudo más que la racionalidad de los discípulos: ¡Jesús es el Mesías y está vivo! Así lo percibieron los primeros cristianos.
Sentido El tema del Evangelio es el “Encuentro de los discípulos de Emaús con el Resucitado”. Emaús era una sencilla aldea situada a unos 12 kilómetros de Jerusalén (24,13). El Crucificado acompaña a Cleofás y a su compañero (o compañera) en el regreso a su hogar.
En el camino de la vida (24,13-24): Los discípulos de Emaús vuelven desilusionados, desanimados, frustrados, saboreando la amargura del sin sentido de la vida. Jesús deja que se desahoguen. Ellos se expresan: "Nosotros esperábamos que fuera Él..." (24,21). Lección: Queridos hermanos y hermanas, en la vida siempre estamos en camino. Y nos convertimos en aquello hacia lo que vamos. Escojamos el camino de Dios. (Papa Francisco, 23-04-2020).
En la interpretación de la Escritura (24,25-29): No se trata de buscar a Jesús en la literalidad del Antiguo Testamento, sino en el mensaje de la vivencia espiritual, que hizo posible esos relatos. Dios habla solo desde el interior de cada persona. Moraleja: La experiencia interior, expresada en conceptos, es ya palabra humana; se convierte en Palabra de Dios, cuando surja la vivencia de la fe en quien escucha o lee.
Al partir el pan (24,30-31): La manera de partir y repartir el pan permite a los discípulos recordar a Jesús en las comidas en común, en la multiplicación de los panes, en la Última Cena. Cristo se hace presente vivencialmente en el interior de cada uno de ellos. Mensaje: Celebrar la eucaristía es actualizar el gesto y las palabras de Jesús, y descubrir lo que quieren decirnos. Un gesto es más eficaz que un discurso.
En la comunidad reunida (24,32-35): En el narrar y compartir las experiencias de cada uno se hace presente Cristo Resucitado. La comunidad (aunque sea de dos) es imprescindible para provocar esa vivencia. Jesús hizo presente a Dios amando, es decir, dándose a los demás. Lección: El ser humano solo desarrolla sus posibilidades en la relación con los demás; esto es imposible si el ser humano se encuentra aislado y sin contacto alguno con los otros.
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