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    N° 51 OCTUBRE 2017 CELEBRAR CON SALMOS    
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Salmo 1: Dichoso el hombre…

por Gabriela Vergara

 

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado
al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;
porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.

 

 

● ● ●

Estructura:

La vida del justo (vv. 1-3). Parte enunciado la alegría de aquel que opta por el camino de bien, aquel que se asegura en la Ley del Señor: “Dichoso el hombre… su gozo es la ley del Señor…”.

La vida del malvado (vv. 4-6). Describe la realidad de aquel que no sigue el camino del Señor: “… es como paja que lleva el viento… no resistirán el juicio”.

Comentario:

El salmo primero no es himno ni acción de gracias, no es súplica ni acto de confianza. Es una reflexión tranquila, un enunciado seguro sobre el destino del hombre. Destino que se cumple en un sistema de oposiciones simples, porque la libertad divide a los hombres en campos éticos, y lo ético es parte del quehacer sapiencial.

El tema y la teología del Salmo 1 serían como el planteo doctrinal de todo el salterio. La bienaventuranza está fundamentada en la Ley del Señor, en su obediencia y en la aceptación y el seguimiento de la voluntad de Dios, para adquirir la verdadera sabiduría que se expresa con un estilo de vida caracterizado por la confianza, la obediencia y el seguimiento, es la vida del justo. La bienaventuranza es consecuencia de la vivencia del proyecto y la voluntad de Dios. Lo contrario es la vida de los malvados que se caracteriza por el vacío y el sinsentido que terminan en la perdición. El salterio revela y manifiesta el camino de los justos, camino de felicidad y bienaventuranza, de sabiduría de vida, manifestación de la voluntad de Dios.

Feliz el hombre (1, 1). El salmo hace una propuesta de vida, manifiesta un estilo de vida, indica el camino de plenitud y de realización total como persona. La clave no está en evitar hacer cosas malas, sino en vivir la ley del Señor, vivir lo que el Señor quiere, vivir la voluntad de Dios dejada en su ley y en sus enseñanzas.

"...no sigue... ni entra… ni se detiene... ni se sienta..." (1, 1). Son tres actitudes de vida, no andar, no estar, no compartir la vida, los valores, las actitudes, la manera de ser y actuar de los malvados, de aquellos que no viven las enseñanzas del Señor. No vivir la propuesta de aquellos que se burlan de Dios y que lo rechazan. Es aferrarse a la propuesta y a la voluntad de Dios, negándose a compartir todo lo que sea contrario a ella. Es evitar todo aquello que pueda alejar o separar del Señor.

"...su alegría es la ley del Señor..." (1, 2) (ver Sal 119; Sal 19, 8-9). Es la clave de todo el salmo, es el porqué de todas las actitudes y su razón de ser, a saber: la Ley del Señor, meditarla, asumirla, hacerla vida en actitudes y gestos concretos. La razón de ser de la criatura humana es su identificación con la voluntad y el querer de Dios. Solo encontraremos la plenitud de vida y la razón de ser de nuestra existencia en Dios mismo. En la medida que Dios sea el porqué y el para qué de todo lo que somos y de todo lo que hacemos tendremos la vida que Él nos quiere dar. Esa vivencia de la ley, de la voluntad de Dios es lo que nos hace bienaventurados, felices, porque estaremos encontrando la razón última de nuestra existencia: Dios mismo, su voluntad, su reino, el amor. En una palabra la identificación y configuración con Jesucristo, nuestro Señor.


Ver: Jesús Antonio Weisensee Hetter, Salmos: Experiencia de Dios en la vida. Paulinas, Colombia, 2003.


Mayo 2013



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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