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    N° 51 OCTUBRE 2017 LEER A LOS PADRES    
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La fe es la madre de todos nosotros

de San Policarpo de Esmirna

 

Nacido en el siglo I, fue discípulo del apóstol Juan y obispo de Esmirna. Dio hospedaje a Ignacio de Antioquía en su viaje al martirio. Policarpo hizo un viaje a Roma para tratar con el Papa Aniceto la celebración de la fiesta de la Pascua. Sufrió el martirio en Esmirna el año 155, siendo quemado vivo en el estadio de la ciudad.


De la Carta a los Filipenses

Me congratulo sobremanera con vosotros en nuestro Señor Jesucristo, porque recibisteis a quienes son imágenes de la verdadera caridad y acompañasteis a los que iban ceñidos de aquellas santas cadenas, que son las diademas de los elegidos por Dios y por nuestro Señor. Y motivo también de mi congratulación, ver cómo aquella firme raíz de vuestra fe, de tiempos antiguos celebrada, permanece hasta el presente y fructifica en orden a Jesucristo Señor nuestro, que por nuestros pecados soportó salir al encuentro de la muerte, y a quien Dios resucitó rompiendo las ataduras de la muerte. Sin haberle visto, vosotros creéis en Él, con alegría inenarrable y radiante, alegría a la que muchos desean alcanzar, sabiendo como saben que de pura gracia fuisteis salvados y no por vuestras obras, sino por voluntad de Dios, por medio de Jesucristo.

Por lo cual, ceñidas vuestras cinturas, servid al Señor con temor y en verdad, dando de mano a la vana palabrería y al extravío del vulgo, creyendo en Aquel que resucitó a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos y lo glorificó, colocándolo a su derecha. A Él fueron sometidas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra; a Él rinde adoración todo viviente; Él ha de venir como juez de vivos y de muertos, y Dios pedirá cuenta de su sangre a quienes no quieren creer en Él.

Aquel que lo resucitó de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, con tal de que cumplamos su voluntad y caminemos en sus mandamientos y amemos lo que Él amó, apartados de toda iniquidad, defraudación, codicia de dinero, maledicencia, falso testimonio; no devolviendo mal por mal, ni injuria por injuria, ni golpe por golpe, maldición por maldición. Acordémonos más bien de lo que dijo el Señor para enseñanza nuestra: No juzguéis, para que no seáis juzgados; perdonad y se os perdonará; compadeced, para que seáis compadecidos; con la medida que midiereis, se os medirá también a vosotros. Y: Dichosos los pobres y los que sufren persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de cielos.

Todo esto que os escribo sobre la justicia, no lo hago por propio impulso, sino porque vosotros antes me incitasteis a ello. Porque ni yo ni otro alguno semejante a mí puede competir con la sabiduría del bienaventurado y glorioso apóstol Pablo, quien viviendo entre vosotros y hablando cara a cara con los hombres de entonces, enseñó puntual y firmemente la palabra de la verdad; y ausente luego, os escribió cartas, con cuya lectura, si sabéis ahondar en ellas, podréis edificaros en orden a la fe, que os ha sido dada. Ella es la madre de todos nosotros, a condición de que le acompañe la esperanza y la preceda el amor para con Dios, para con Cristo y para con el prójimo. En efecto, el que se hallare dentro de estas virtudes, ha cumplido el mandamiento de la justicia; pues, quien tiene la caridad, está muy lejos de todo pecado.

 

* Liturgia de las Horas, Tiempo Ordinario, Semana XXVI

Responsable: Ramón Ramírez OP

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Abril 2013



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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