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    N° 51 OCTUBRE 2017 HOMILÍA DOMINICAL    
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Sagrada Familia - Santa María, Madre de Dios

Botón homilético                                                                              Francisco Quijano OP

Domingo de la Sagrada Familia (31.12.17) Lucas 2, 22-40
 

Ahora dejas, Señor, a tu siervo
irse en paz según tu palabra,
porque mis ojos han visto tu salvación,

que preparaste ante todos los pueblos,
como luz revelada a los paganos
y gloria de tu pueblo Israel.

 

● Nunc dimittis... Son las dos primeras palabras en latín del cántico de Simeón, que es una perla engarzada en la prosa del Evangelio de san Lucas. Es un himno crepuscular y auroral a la vez. Cabe leerlo en dos registros: uno teológico, querido por el evangelista; otro lírico, asociado a la oración nocturna de la tradición cristiana. En su registro teológico, este cántico es una acción de gracias por el cumplimento de las expectativas de salvación con la llegada del Mesías. Es también un himno que anuncia la nueva aurora de la salvación para todos los pueblos.

● El motivo de la acción de gracias de Simeón es el haber visto con sus ojos y haber tomado en sus brazos la salvación de Dios. El Ungido de Yahvé –Mesías en hebreo, Cristo en griego– es acogido por la gente pobre y humilde del judaísmo –los anawim– representada por Simeón y Ana, María y José, Zacarías e Isabel.

● El cántico de Simeón es una actualización de los oráculos del Segundo Isaías (cc. 40-55). Hay un avance en la revelación del proyecto de Dios. Para Isaías, la salvación se extiende a todos los pueblo, pero el pueblo de Israel sirve de mediador. Para Lucas, la salvación se dirige desde un principio a todos los pueblos y el pueblo judío no es sino uno de estos, el Mediador es Jesús, el Mesías.

● La escena en la que aparece el Nunc dimittis presenta otras dos perspectivas teológicas. Una es el oráculo de Simeón dirigido a María. Ese niño será señal de contradicción: habrá quienes acepten su salvación, habrá quienes la rechacen; las intenciones de los corazones quedarán a descubierto. La imagen de la espada simboliza la discriminación que habrá entre la gente, que también tocará el corazón de María. Ella, la madre de ese niño, estará llamada a tomar partido por él; ella es su madre y es también discípula suya.

● La otra perspectiva es el motivo por el cual José y María se presentan en el templo: estaban allí para cumplir con la Ley de Moisés. En tres ocasiones se dice que ese fue el motivo. Se dice también en tres ocasiones que Simeón acudió al templo movido por el Espíritu Santo. Con estas menciones de la ley y del Espíritu, el narrador quiere dar a entender que se ha cumplido el tiempo de la Antigua Alianza, fundado en la Ley de Moisés, y que comienza la Nueva Alianza fundada en el Espíritu Santo.

● A esta lectura teológica del himno y la escena, que es la perspectiva de Lucas, se puede asociar una lectura lírica en la que entran en juego sentimientos humanos profundos. El anciano Simeón y Ana la viuda llegan al final de su vida, sienten que su destino se ha cumplido en plenitud. Lo agradecen al Señor. Simeón toma en sus brazos a una criatura recién nacida que es portadora de vida nueva. Se enlazan así las generaciones.]

⦁ Aert de Gelder: Cántico de Simeón, h. 1700–1710

 



 

Botón homilético                                                                                                       Francisco Quijano OP

Santa María, Madre de Dios • Día de Año Nuevo  (1.1.2017) Lucas 2, 16-21

● El mundo, todo lo que existe, la multitud de criaturas humanas, nuestra historia, todo ello es bendición de Dios. Bene dicere, bien decir: palabra buena, eficaz, crea cosas buenas, hace bien escucharla, colma de bondad.

● Así entendían su vida los israelitas hace siglos, la bendición de Dios los acompañaba: «El Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor, te mire con benevolencia y te conceda la paz» (Nm 6, 24-26).

● Nuestra historia parece ser otra cosa: un mentís a la bendición de Dios. Pero hay una garantía de que la bendición de Dios es indefectible. De ello habla san Pablo: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer… para hacernos hijos de Dios» (Gal 4, 4-6).

● Al ser circuncidado como cualquier judío, el hijo es esta mujer recibió el nombre de Joshua, Jesús, que significa Yahvé salva. Él entra en nuestra historia, comparte nuestra vida, a fin de recrearla y conducirla a la plenitud de Dios. «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos» (Hb 13, 8).

● Esta visión de nuestro mundo, nuestra historia y nuestras vidas, como una indefectible bendición de Dios es un misterio, no es fruto de intuiciones nuestras. Ver las cosas así es, ello mismo, una bendición. Lucas nos invita a adentrarnos en este misterio con la madre de Jesús: «María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón».

⦁ Bartolome Esteban Murillo (1617-1682) La Virgen y el Niño

 

 

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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