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    N° 52 NOVIMEBRE 2017 HOMILÍA DOMINICAL    
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Domingo 3º de Aviento

Botón homilético                                                                                                      Francisco Quijano OP

Domingo 3º de Adviento (17.12.207) Juan 1, 6-8.19-28

● Juan no era la luz, sino testigo de la luz. La luz es un simbolismo radiante que se despliega en variados destellos. Es claridad, transparencia, inmensidad, placidez, belleza, profundidad, nitidez, infinitud… de todo lo que ella baña con su irradiación.

● Es también lucidez, sinceridad, rectitud, franqueza, sencillez, verdad, revelación, finura, delicadeza, naturalidad, sensatez, lealtad, confianza, nobleza… virtudes todas ellas o destellos de una virtud central en la comunicación: la veracidad.

● Juan, el evangelista, dice de Juan, el profeta, que este no era la luz sino el testigo de la luz. Juan evangelista sitúa así al profeta en relación con la Palabra, que es la Luz de los hombres, de la cual da testimonio.

● Juan el profeta, a su vez, se sitúa él mismo en relación con el Mesías que había de venir. La veracidad con todos sus destellos del testimonio de Juan es lo que llama la atención en este pasaje evangélico.

● En esta atmósfera enrarecida de la comunicación en que vivimos – posverdad, noticias falsas – la sola voz veraz de Juan el profeta es un poderoso llamado a ser testigos fieles no solo de Jesús, sino también en nuestra convivencia y nuestra comunicación.

⦁ Leonardo da Vinci: San Juan Bautista, 1508-1513, en el Museo del Louvre.

 

 

Claves para la homilía                                                                                                Julián Riquelme OP

◙ Contexto ► Palestina, año 30: A Jesús, un buscador incansable, le llama la atención que aparezca el profeta Juan, después de 400 años sin profecía. Se hace discípulo de él y se deja bautizar por él. ► Jerusalén, año 100: El que murió y está resucitado no sólo es el Mesías, sino también la misma Palabra de Dios, que se ha encarnado.

◙ Sentido  El tema del Evangelio es “La declaración de Juan el Bautista”. El texto se puede dividir así:

● El Bautista como testigo (Jn 1,6-8). La gente, al recibir el bautismo de manos de Juan, lo reconoce como enviado de Dios, acepta su mensaje de esperar al Mesías, y se va formando un movimiento a favor de la vida. El Precursor no es la luz, sino testigo de la luz, es decir, quien se sitúa entre Jesús y los seres humanos: A Cristo, le habla de los problemas de la gente; y a los seres humanos, les señala a Cristo como el único, que puede acabar con la oscuridad en la tierra. - Los seguidores de Jesús son contemplativos, que entregan lo que han meditado a los demás.

● Declaración de Juan ante la comisión investigadora (Jn 1,19-23). Las autoridades religiosas de Jerusalén, más preocupadas de las leyes que de la vida, se inquietan; y envían una comisión investigadora para que interrogue al Bautista. Él es sincero al declarar su identidad: No es la Palabra, sino una voz que grita: "¡Llega la Palabra. Escúchenla!". - Que la Palabra de Dios sea el alma de nuestra vida cristiana.

● Objeción farisea (Jn 1,24-27). La pregunta de estos líderes da pie a Juan para anunciar al Mesías: Él invita a buscarlo, porque ya está en medio de la gente. Su actividad consiste en que todos reconozcan a Jesús como el Señor; y a Quien el Precursor considera como el Esposo de la nueva humanidad. Termina con una localización (Jn 1,28).- Hay que buscar a Jesús en medio de la gente, y atenderlo con justicia, solidaridad y el compartir.

⦁ Károly Kernstok (1873-1940): San Juan Bautista, 1932

 

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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