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El gran mandamiento

— por Pedro Barrera

 

«Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas"» (Mt 22, 36-40).

Cuando escuchamos la palabra «ley» pueden venir a nuestra mente un sinnúmero de ideas relacionadas a cumplimiento, reglas, normas, castigo. Cumplimos la ley para no meternos en problemas, para que nuestra vida esté en orden, para no merecer una penalización; incluso nos puede dar miedo no cumplir la ley.

Cuando hablamos de la ley de nuestro buen Padre Dios cambian muchas consideraciones. Lo que Dios quiere para cada uno de nosotros es que seamos felices, ese es el anhelo que tiene como Padre lleno de amor. Por esto, cuando hablamos de la ley de Dios, hablamos de una Ley del Amor.

Para vivir en este mandamiento de amor, es necesario aprender a caminar en el conocimiento de nosotros mismos, de nuestros hermanos y finalmente de Dios. Yo no puedo amar si no me amo antes a mí mismo; respetarme, quererme y buscar mi felicidad es el primer paso para vivir el mandamiento del amor. 

Cuando logro apreciarme como creación de Dios puedo pasar al siguiente nivel: amar a mis hermanos. Si no me atrevo a pasar a este nivel, me quedaría en el egocentrismo y eso no es amor. Si reconozco lo mucho que valgo, también puedo reconocer el valor de mis hermanos y me animo a respetarlos, cuidarlos, apoyarlos y amarlos. Los miro en lo más profundo de su ser, sin reproches, sin prejuicios. Estoy ahora bien plantado en el segundo nivel.

El gran mandamiento viene en el tercer nivel: amar a Dios. Cuando llego a este nivel ya no me considero un esclavo temeroso de la ley, sino un hombre libre impulsado por la gracia y el amor. Tengo todo lo necesario para poder amar a Dios: a mis hermanos y a mí mismo. Amo a Dios amando a mi prójimo y amo a mi prójimo porque me siento libre de prejuicios y porque deseo ser feliz con él.
 

Para encontrarme, Señor, enséñame a amar,
Para buscar a mi hermano, enséñame a amar,
Para gozarte y buscarte, enséñame a amar.
Para vivir el Cielo, enséñame a amar.

Quítame el miedo y toca mi corazón.
Que todo paradigma no me quite la razón.
Me anime con tu Soplo a no dejar de buscar
caminos de encuentro, caminos en el amar.

Sacramentos de amor en el mundo
sin cansancio en la oración,
en medio de mis hermanos
experimentarte a ti, Señor.

Cuida con tu mirada mi corazón
háblale día y noche, Señor,
y que esté en la misma sintonía
el tuyo y el mío, el mío y el tuyo, en una bella canción.

 

 

Septiembre 2017

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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