BIENVENIDA TALLERES BíBLICOS SABOREAR LA FE VIVIR LOS SACRAMENTOS BIBLIOTECA ARCHIVO
    N° 51 OCTUBRE 2017 TESTIGOS DE CRISTO    
HOMILÍA DOMINICAL
PALABRA DEL MES
ALABAR CON HIMNOS
CELEBRAR CON SALMOS
ORAR CON LA BIBLIA
LEER A LOS PADRES
TESTIGOS DE CRISTO
AVENTURA ESPIRITUAL
PARA MEDITAR
TESORO DE LAS RELIGIONES
POEMAS E IMÁGENES


Pierre Claverie OP: «Yo necesito la verdad de los demás»

— por Francisco Quijano

 

Hace 21 años, el 1 de agosto de 1996, fueron asesinados Mons. Pierre Claverie OP y su joven amigo, Mohamed Bouchikhi, que lo acompañaba en sus correrías apostólicas durante el verano. Murieron al explotar una bomba cuando entraban en automóvil a la residencia episcopal. Pierre, obispo de Orán en Argelia, dedicó su vida al encuentro y el diálogo con el otro, especialmente con sus amigos musulmanes.

Pierre nació en un barrio de Argel, Bab El Oued, el 8 de mayo de 1938, donde pasó su infancia y juventud en la «burbuja colonial», como le llamaba, ajeno al mundo musulmán a su alrededor. Su educación cristiana tampoco le había hecho ver que «el árabe era también su prójimo». Su ingreso a la Orden de Predicadores en 1958 y la guerra de independencia de Argelia que terminó 1962 le abrieron los ojos. Así lo expresó en una homilía en Prulla, cuna de los predicadores, poco antes de su muerte.

Fue ordenado sacerdote en 1965, regresa a Argelia en 1967 para aprender el árabe argelino y colaborar en la reconstrucción del país. De 1973 a 1981 es director del Centro Diocesano de Estudios Les Glycines en Argel, dedicado a los estudios islámicos. Allí se reflexiona también acerca de una iglesia que no busca convertir a otros sino dar testimonio gratuito de amor fraterno.

El 2 de octubre de 1981 Pierre fue consagrado obispo de Orán. En su misión pastoral adopta una posición profética: hablar claro, no fiarse de conferencias y reuniones oficiales que despiertan entusiasmo superficial; devela «el abismo que nos separa», el peso del pasado, la violencia y la polémica recíproca, los prejuicios mutuos, lo cual dificulta el encuentro con el otro. Hay mucho por hacer para sanar la memoria. Procura, entonces, crear espacios de encuentro y servicio para enfrentar juntos los desafíos del mundo; el diálogo es el centro de su proyecto, como lo dice en un texto: «La fe es un diálogo».

En la década de 1990, la violencia fundamentalista se desata en Argelia. Pierre toma posición a favor de una sociedad plural y fraterna. Queda desolado por el asesinato de miles de inocentes y se convierte en paladín de una sociedad abierta. Condensará su mensaje en estas palabras: «No poseemos la verdad, yo necesito la verdad de los demás».

Se le aconseja prudencia, pero él responde que la misión de la Iglesia es estar en «las líneas de fractura que crucifican a la humanidad»: Islam/Occidente, Norte/Sur, ricos/pobres. Allí debe estar la Iglesia, «porque solo en ese lugar es donde se puede vislumbrar la Resurrección y con ella la esperanza de una renovación de nuestro mundo».

En el funeral, sus amistades musulmanas que eran mayoría lloraron a lado de sus amigos cristianos por quien consideraban también como «su obispo».

 

 

De la homilía de Pierre Claverie en Prulla – Junio de 1996
 

Desde el drama de Argelia, me preguntan a menudo: «¿Qué haces ahí? ¿Por qué te quedas? ¡Sacúdete el polvo de tus sandalias! ¡Vuelve a casa!» «¿En casa…?» «¿Dónde estamos realmente en casa?... Estamos allá por causa de ese Mesías crucificado. ¡Por ninguna otra causa y por ninguna otra persona! No tenemos ningún interés por salvar a nadie, ninguna influencia que mantener. Tampoco nos mueve qué sé yo qué perversión masoquista o suicida. No tenemos ningún poder, estamos allá como a la cabecera de un amigo, de un hermano enfermo, en silencio, apretándole la mano, secándole la frente. Por causa de Jesús, porque es él quien está sufriendo allá una violencia que no perdona a nadie, crucificado otra vez en la carne de miles de inocentes. Al igual que María, como San Juan, estamos allá, al pie de la cruz donde muere Jesús, abandonado por los suyos, ridiculizado por la multitud. ¿No es esencial para un cristiano estar allá, en lugares de sufrimiento, en lugares de desolación y abandono?

¿Qué sería de la Iglesia de Jesucristo, que es el propio Cuerpo de Cristo, si no estuviera allá en primer lugar? Yo creo que ella muere por no estar muy cerca de la Cruz de Jesús. Por paradójico que pueda parecer –san Pablo lo muestra claramente–, la fuerza, la vitalidad, la esperanza, la fecundidad cristiana, la fecundidad de la Iglesia de allí provienen. De ninguna otra parte y de ningún otro modo. Todo, todo lo demás no es sino maquillaje, ilusión mundana. La Iglesia se engaña y engaña al mundo cuando se sitúa como una potencia entre otras, como una organización aun siendo humanitaria o como un movimiento evangélico espectacular. Puede brillar, sí, pero no arder con el fuego del amor de Dios, que es «fuerte como la muerte», como dice el Cantar de los Cantares. Porque en esto lo que hay realmente es amor, amor ante todo, solo amor. Una pasión cuyo gusto no lo dio Jesús y nos allanó el camino: «No hay amor más grande que dar la vida por los amigos».

Dar la vida. Esto no está reservado para los mártires o, al menos, puede que seamos quizá llamados a ser mártires / testigos del don gratuito del amor, el don gratuito de su vida.
 

⦁ De la homilía prredicada en Prulla, Francia, cuna de la Orden Dominicana, el 23 de junio de 1996, con motivo del encuentro de una tropa scout a la cual perteneció Pierre Claverie en su juventud.

 

Agosto 2017

 

 



www.adorarenespiritu.org

Fr. Francisco Quijano O.P.
http://www.adorarenespiritu.org