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    N° 51 OCTUBRE 2017 HOMILÍA DOMINICAL    
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Fiesta de la Transfiguración del Señor

Botón homilético                                                                                                      Francisco Quijano OP

Fiesta de la Transfiguración del Señor (6.8.2017) Mateo 17, 1-9

● Transfiguración de Jesús: episodio desconcertante, paradójico, inverosímil… Se puede añadir más adjetivos. Tomemos inverosímil: Si Pedro, Santiago y Juan contemplaron la gloria de Jesús, un atisbo de su divinidad, ¿por qué no lo comprendieron, Pedro lo negó, los demás huyeron cuando lo tomaron preso?

● Jesús mismo: Si sabía de su condición divina, si estaba convencido de ella, si la experimentó en su transfiguración, ¿por qué se angustió ante su muerte, sintió temor, quiso evitarla, pidió a Dios que lo librara de ella, murió en la soledad y el abandono?

● Un himno cristiano de los años 40 o 50 ofrece una clave para entender este episodio . Dice la primera parte: Cristo no se aferró a su divinidad, se despojó y se vació de ella, asumió la condición de esclavo, se humilló, murió en la cruz.

● La segunda parte dice: Dios lo exaltó, le concedió un título excelso, de modo que ante Él toda rodilla se doble y toda lengua proclame: Jesús es Señor, para gloria de Dios Padre (pulsar aquí Fil 2, 6-11).

● El himno presenta un contraste nítido: Jesús es el HUMILLADO hasta lo más bajo de nuestra humanidad, una muerte de criminal en la cruz. Por eso mismo, Jesús es el EXALTADO hasta su condición divina, para ser proclamado SEÑOR.

● En la Transfiguración, los Evangelios presentan al Exaltado en su Humillación, que se consuma en la Cruz. El misterio aparece de forma inverosímil, para que nosotros en la fe, igual que los apóstoles, reconozcamos al Exaltado, no en su exaltación, sino en su Humillación.

● Dice el Papa San León Magno (+ 461): «Nadie se avergüence de la cruz de Cristo, gracias a la cual quedó redimido, nadie tema sufrir por la justicia, ni desconfíe del cumplimiento de las promesas. Porque por el trabajo se va al descanso y por la muerte se pasa a la vida. Pues el Señor echó sobre sí toda la debilidad de nuestra condición y, si nos mantenemos en su amor, venceremos lo que él venció y recibiremos lo que prometió».

⦁ Beato Angélico (1395-1455) La Transfiguración, fresco en el Convento de San Marcos, Florencia

 

 

Claves para la homilía                                                                                               Julián Riquelme OP

◙ Contexto ► Palestina, año 30: Los seguidores de Jesús fueron ciegos durante la vida terrena del Maestro, pues no descubrieron quién era Él hasta después de su muerte. ► Antioquía (Siria), año 80: Después de la experiencia Pascual, los discípulos experimentaron que Jesús era El Mesías, más grande que Moisés, y se convirtieron en peregrinos para comunicar esa vivencia a los demás.

◙ Sentido La “Transfiguración del Señor” tiene un formato bíblico propio. Es un relato post pascual, que se retrotrae a la vida terrena de Jesús, para mostrar que Él ya era el Mesías de Dios, tuviera o no consciencia de ello. El género literario es una teofanía mesiánica, tejida con elementos simbólicos del Antiguo Testamento, que saben interpretar quienes participan de la cultura judía. El texto presenta una secuencia de tres pasos:

● Subida al monte; transformación de Jesús; aparición de Moisés y Elías (Mt 17,1-3). Se indican tres nombres, porque se describe una experiencia personal interior, no colectiva, similar a la de Moisés, que fue acompañado por tres personas concretas (Mt 17,1ª; cfr. Ex 24,1). En las culturas palestinas, los montes son el ámbito de lo divino, por estar más cerca del cielo, por ejemplo, el Sinaí (Mt 17,1b; Ex 24,9). “Rostro resplandeciente y vestiduras blancas como la luz”: La luminosidad del Mesías refleja la cercanía de Dios, mayor que la manifestada por Moisés, que al bajar del monte tuvieron que taparle el rostro, porque su luminosidad hería los ojos (Mt 17,2; cfr. Ex 34,29-35). “Moisés y Elías”: La Ley y los Profetas, todo el Antiguo Testamento, dialogan con Jesús y su Evangelio supera la Antigua Alianza (Mt 17,3). ⦁ La única luz, que transforma a los seres humanos, es la del Amor. En realidad, el Amor ilumina cuando se manifiesta: Únicamente en lo humano se transparenta la luminosidad que viene de Dios.

● Fascinación de Pedro; nube y voz celestial; miedo de los discípulos (Mt 17,4-6). “La tentación de Pedro”: Quiere construir carpas en un mundo separado de la realidad, para dejarse fascinar por experiencias religiosas desencarnadas (Mt 17,4). “Nube y voz”: La nube es signo de la protección de Dios, y, desde ella, resuena la voz, que expresa la voluntad de Dios. “Escúchenlo”, palabra clave de todo el relato: escucharlo sólo a Él, ni siquiera a Moisés y ni a Elías (Mt 17,5; cfr. Ex 24,16). “Temor de los discípulos”: La experiencia religiosa, además, asusta, hace trepidar al ser humano, quien se siente empequeñecido; en el Antiguo Testamento incluso se teme ver el resplandor divino (Mt 17,6; cfr. Ex 19,12; 20,18-19). ⦁ Escuchar a Jesús es transformarse en Él, y llevar una vida como la suya, es decir, ser capaces de manifestar el Amor a través del don total de sí; es descubrir la voz de Dios en el grito desesperado de cada uno de los seres humanos, que encontramos en nuestro caminar.

● Soledad de Jesús y silencio de los discípulos (Mt 17,7-9). Cristo se acerca a sus acompañantes y los toca, como tocaba a los enfermos y a los muertos (cf. Mt 8,3.15; 9,25-29); los invita a levantarse, como lo había hecho con la hija de Jairo (9,25): ellos están encerrados aún en una religiosidad egoísta, sin aceptar la resurrección (Mt 17,7). Se encuentran con el Jesús histórico solo, no acompañado de Moisés y Elías (Mt 17,8). Cuando se redacta este Evangelio, el Nazareno está resucitado; por tanto, ahora es necesario comunicar esta “visión” a todos (Mt 17,9). ⦁ Dios está en la profundidad de mi propio ser (cf. Mt 1,23; 18,20; 28,20); la resurrección no está después de la muerte ni la dicha después del sufrimiento, sino que la Vida Nueva ya está en mí, como una realidad presente. La mayor gloria de Jesús y la de todo ser humano, es el don de sí, la muerte por amor.

 

 

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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