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    N° 51 OCTUBRE 2017 HOMILÍA DOMINICAL    
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Domingo 3º de Pascua

Botón homilético                                                                                                      Francisco Quijano OP

Domingo 3º de Pascua (30.4.2017) Lucas 24, 13-35

● «¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron los profetas!» – dice el caminante incógnito a los dos discípulos que van a Emaús desesperanzados por la muerte de Jesús. ¿Fue fácil entonces creer en su resurrección? ¿Lo es ahora para nosotros?

● Los Evangelios, pese a confirmar la fe en la resurrección, dejan entrever que hubo dudas. Marcos, en el resumen final (apéndice) de los testimonios, es contundente: «Jesús se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su cerrazón de mente, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado» (Mc 16, 14).

● Las mujeres fueron más propensas a creer, estuvieron dispuestas a anunciar la resurrección a los discípulos varones. Excepto en el relato de Marcos, que dice manera sorprendente: «Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo…» (Mc 16, 8).

● Habría que inclinarse a pensar que efectivamente, para quienes conocieron a Jesús en vida mortal y quedaron desesperanzados por el tremendo fracaso de su ejecución en la cruz, no les fue fácil creer que había sido resucitado por Dios (tal como lo dicen las Escrituras) de entre los muertos.

● Esas dificultades de entonces, ¿lo son también para nosotros? Me inclino a pensar que sí. Una cosa es dar por hecho (y cada vez menos) que nuestra vida se prolonga de algún modo más allá de la muerte, y otra cosa es creer en la resurrección de Jesús y de cualquiera de nosotros criaturas mortales. ¿Por qué?

● La resurrección de Jesús es la confirmación y garantía de que el universo entero, y particularmente nosotros criaturas humanas, provenimos del amor creador de Dios, y de que nuestro destino es la inmersión definitiva e irrevocable en su amor.

● Resucitar en carne humana es deificar nuestra condición de criaturas mortales. Más aún. Es destruir el mal y la violencia que causaron la muerte de Jesús, y recrear de raíz nuestra vida en el amor que triunfa sobre el mal. Por eso, en los relatos de resurrección se muestra a Jesús con sus llagas gloriosas.

● Resucitar de entre los muertos es escapar de las dudas e irrumpir en una vida y una visión nuevas por el poder del Espíritu Santo. Es lo que dice Pedro en su primer sermón: «Dios resucitó a este Jesús, nosotros somos testigos de ello. Exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado. Esto es lo que ahora ustedes ven y oyen» (Hechos 2, 32-33).

⦁ Rembrandt (1606-1669): La cena de Emaús, 1648

 

 

Claves para la homilía                                                                                                     Julián Riquelme OP

◙ Contexto ► Palestina, año 30: A los discípulos les costó aceptar que Jesús, tras su muerte, estaba vivo, Resucitado. ► Grecia, año 80: El sentimiento interno, iluminado por la fe, pudo más que la racionalidad de los discípulos: ¡Jesús es el Mesías y está vivo! Así lo percibieron los primeros cristianos.

◙ Sentido El tema del Evangelio es el “Encuentro de los discípulos de Emaús con el Resucitado”. Emaús era una sencilla aldea situada a unos 12 kilómetros de Jerusalén (Lc 24,13). El Crucificado acompaña a Cleofás y a su compañero (o compañera) en el regreso a su hogar.

● En el camino de la vida (Lc 24,13-24): Los discípulos de Emaús vuelven desilusionados, desanimados, frustrados, saboreando la amargura del sin sentido de la vida. Jesús deja que se desahoguen. Ellos se expresan: "Nosotros esperábamos que fuera Él ..." (Lc 24,21). ⦁ Después de la muerte de Cristo, habrá que estar más atentos si queremos entrar en contacto con Él en nuestro peregrinar.

● En la interpretación de la Escritura (Lc 24,25-29): No se trata de buscar a Jesús en la literalidad del Antiguo Testamento, sino en el mensaje de la vivencia espiritual, que hizo posible esos relatos. Dios habla sólo desde el interior de cada persona. ⦁ La experiencia interior, expresada en conceptos, es ya palabra humana; volverá a ser Palabra de Dios, cuando surja la vivencia en quien escucha o lee.

● Al partir el pan (Lc 24,30-31): La manera de partir y repartir el pan permite a los discípulos recordar a Jesús en las comidas en común, en la multiplicación de los panes, en la Última Cena. Cristo se hace presente vivencialmente en el interior de cada uno de ellos. ⦁ Celebrar la eucaristía es actualizar el gesto y las palabras de Jesús y descubrir lo que quieren decirnos. Un gesto es más eficaz que un discurso.

● En la comunidad reunida (Lc 24,32-35): En el narrar y compartir las experiencias de cada uno se hace presente Cristo Resucitado. La comunidad (aunque sea de dos) es imprescindible para provocar esa vivencia. Jesús hizo presente a Dios amando, es decir, dándose a los demás. ⦁ El ser humano sólo desarrolla sus posibilidades en la relación con los demás; esto es imposible si el ser humano se encuentra aislado y sin contacto alguno con el otro.

⦁ Jan Wildens (+1653): Paisaje: Cristo y sus discípulos camino de Emaús, 1640

 

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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