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    N° 51 OCTUBRE 2017 HOMILÍA DOMINICAL    
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Domingo de Resurrección

Botón homilético                                                                                                       Francisco Quijano OP

Domingo de Resurrección (16.4.2017) Juan 20, 1-9

● «El otro discípulo entró al sepulcro vio y creyó porque todavía no habían comprendido que —según las Escrituras— él debía resucitar de entre los muertos».

● ¿Qué significa eso de que —según las Escrituras— Jesús debía morir y resucitar? ¿Jesús destinado por Dios a la crueldad de los hombres? ¿Autómata sometido a la muerte porque tenía garantizado un desenlace feliz?

● Esta forma de hablar de un destino —primero trágico, luego feliz— fijado de antemano por Dios nos desconcierta. ¿Dónde queda la libertad humana, su fragilidad, incertidumbre, oscuridad? ¿Fue Jesús un monigote en medio de nuestra humanidad errática?

● El recurso a las Escrituras fue la manera como los discípulos de Jesús pudieron entrever el misterio latente en ese galileo de Nazaret. Fue también el indicio para entrever la fidelidad incondicional de Dios, que no podía abandonar a su Hijo en el sepulcro.

● En todo esto se trata es de ver, sí, ver lo que espontáneamente vemos en la historia de Jesús, en la de nuestra humanidad, en la de cada cual. Y de creer en lo que no vemos: el misterio latente en Jesús mortal, en nuestra historia desgarrada y agraciada, creer en lo que hay más allá y más en el fondo.

● Para eso son las Escrituras, que iluminan tenuemente lo que aparece a nuestra vista, para que podamos comprenderlo a la luz de la fe.

● El sepulcro vacío no es prueba de la resurrección de Jesús. Sus encuentros con las mujeres y los discípulos son apenas signos de otra vida, totalmente divina, que ahora posee y de la cual vino a hacernos partícipes. Esta vida no es mera supervivencia, es la vida desbordante de la infinita felicidad de Dios en el Amor de Padre e Hijo.

● Los relatos de encuentro con Jesús resucitado manifiestan este misterio. Fueron creados por los primeros discípulos. Son una novedad en la literatura universal, porque expresan la novedad de Jesús, el condenado de Nazaret, y la novedad más sorprendente aún de Jesús, el Señor del universo. Él es el primogénito de la humanidad nueva en Dios.

⦁ Eugène Burnand (1850-1921) Pedro y Juan corren al sepulcro, 1898

 

 

Claves para la homilía                                                                                   Julián Riquelme OP

◙ Contexto ► Palestina, año 30: Las mujeres y los discípulos llegan al convencimiento de que Jesús, antes de morir, tomó conciencia de ser el Mesías de Israel. ► Antioquía (Siria), año 80: Los seguidores de Cristo descubren que Él tiene que estar Vivo, pues experimentan personalmente que les está dando Vida Nueva.

◙ Sentido El Evangelio (Mt 28,1-10) trata de la “Resurrección de Jesús”. Su género literario es una “Teo-fanía”, es decir, una “Manifestación de Dios”, vivenciada desde el interior por todos y cada uno de los discípulos y discípulas. El relato usa muchos símbolos para expresar una verdad fundamental. Se divide en tres partes:

● La ida de las mujeres al sepulcro (Mt 28,1). Es el domingo de madrugada. La Magdalena y la madre de Santiago y José van a visitar al que consideran el finado Jesús; las mueve el amor al Maestro. El texto habla del "primer día de la semana", dando a entender que se trata del "primer día de la nueva creación". Las mujeres simbolizan a las comunidades cristianas, tanto nuevas como antiguas, que miran los padecimientos de Jesús como algo insuperable, definitivo, como un absurdo; es más, ven el sufrimiento, el dolor y los padecimientos de hoy como algo absoluto en la tierra. No descubren el plan de Dios, el mundo nuevo, la creación definitiva que ha comenzado. ⦁ A veces escuchamos decir este adagio: “Todo tiene solución menos la muerte".

● La manifestación especial de Dios (Mt 28.2-7). Se dice que hubo un gran temblor de tierra; lo explica afirmando que un ángel bajó del cielo y apartó la piedra del sepulcro. "Los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos"; además, el mensajero divino habló a las mujeres: “El Crucificado no está aquí, porque HA RESUCITADO, como había dicho”. El temblor de tierra indica que Dios Padre se está manifestando, al resucitar al Mesías Jesús; esto inutiliza a los centinelas, a los guardianes, a los soldados, que simbolizan la opresión, que impide el crecimiento de la vida humana. ⦁ La resurrección de Cristo proclama que ahora la Vida es posible; que la Muerte ha sido vencida; que comienza una gran cosecha de Vida Nueva en la tierra, cuya primicia es el Señor Jesús. Por eso, la liturgia usa el fuego y el agua como principios imprescindibles para la Vida; los dos elementos simbolizan a Jesús, que es nuestra Vida definitiva.

● La partida de las mujeres hacia los otros discípulos (Mt 28,8). Las mujeres han constatado la tumba vacía; saben, por el ángel, que Jesús ha resucitado; se dirigen ahora a los demás discípulos para anunciarles la Gran Noticia y convocarlos a una reunión con Cristo en Galilea; las mujeres iban "aterrorizadas pero llenas de alegría", esto es, con temor y fascinación a la vez, lo cual es típico de una experiencia religiosa. ⦁ También nosotros, haciendo una experiencia religiosa y profética, debemos ir muriendo cada día al egoísmo, a las adicciones y esclavitudes; así nuestro bautismo no será un hecho del pasado, sino una constante actualización de Amor y servicio, para anunciar a otros la Gran Noticia de la Vida.

 

 

 

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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