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    N° 51 OCTUBRE 2017 ALABAR CON HIMNOS    
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Un cántico de Jeremías: La alegría del retorno

— por Jorge Vargas OP

 

10 Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
11 porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.

12 Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
a los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.

13 Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
14 los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con manjares sustanciosos,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.

 


 

Este poema del libro del profeta Jeremías (31,10-14) es expresado por la Iglesia durante las laudes del jueves la primera semana del salterio litúrgico. Es parte del llamado “Libro de la Consolación” (cc. 30 y 31) que es una serie de oráculos de esperanza hilados por la fórmula del mensajero: “Así dice el Señor”, o “He aquí la palabra del Señor”.

Tiene tres estrofas: la primera (v. 10-11) es el anuncio categórico de que el Señor reúne y guarda, redime y rescata. La segunda (v. 12) es una primera descripción general de la alegría del retorno con un solo sujeto, colectivo. La tercera (v. 13-14) es una nueva descripción de la alegría pero más particularizada: doncella, jóvenes, viejos, sacerdotes, el pueblo en general. Habla el profeta, y después habla Dios: los alegraré – aliviaré – alimentaré – mi pueblo – mis bienes.

¿A quién va dirigido el texto? En el año 721 aC el imperio Asirio conquistó el reino de Samaría (Norte del país de la Biblia). Muchos israelitas fueron exiliados, mezclados con grupos étnicos foráneos o tuvieron que emigrar al Sur, a Judá/Jerusalén. Nuestro texto es una invitación al resto fiel del Reino del Norte a venir a Judá, que experimentaba un relativo florecimiento con la reforma de Josías (622 aC). Una vez que ese reino de Judá fue destruido por el subsiguiente imperio, Babilonia, en 587 aC, el mensaje del regreso animó a los exiliados de ambos pueblos.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas. Las costas distantes, las islas remotas mencionadas en el libro de Jeremías son Creta y las colonias fenicias en el Oeste, incluyendo Iberia. Aquí representan los confines del mundo.

El que dispersó a Israel lo reunirá. La ruina de los dos reinos del antiguo Testamento no representó el fracaso de Yahweh; Él mismo, en su soberanía amorosa, estaba al origen de la derrota, la dispersión y la humillación. Pero su palabra definitiva es muy distinta.

Lo guardará como un pastor a su rebaño. La imagen del pastoreo, en el mundo antiguo, describe el reinado de los dioses y de los reyes –sus delegados–. Irónicamente, los pastores de Israel y Judá los condujeron a la ruina. Jeremías es muy duro con ellos. Pero Yahweh, buen pastor, cuida, protege (Salmo 23), y promete buenos pastores para su pueblo. El buen pastor por excelencia será Jesús (Jn 10, 1-18).

Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. El Señor es el Go'el, aquel que responde personalmente por el rescate de su pueblo. En este cántico, Dios redime al resto de Israel de la servidumbre en Asiria, y al resto de Judá de la servidumbre en Babilonia. Y no pide un arrepentimiento como condición.

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión. Es el templo de Jerusalén, único lugar legítimo para dar culto después de la supresión de los santuarios locales.

Afluirán hacia los bienes del Señor, hacia el trigo y el vino y el aceite. Son tres elementos esenciales en la cultura de Medio Oriente, de todo el Mediterráneo y la liturgia cristiana; citados con frecuencia los tres juntos en el libro del Deuteronomio y otros textos antiguos. La antigua traducción griega lo tiene más variado: “granos, vino y frutos”.

A los rebaños de ovejas y de vacas. Disponer de ganado y con qué alimentarlo habla de riqueza, pero también de proliferación y fecundidad.

Su alma será como un huerto regado. Desarrolla la idea anterior de abundancia. El salmo 1, además, se vale de motivos vegetales para asociar el bienestar moral con la bonanza material.

Y no volverán a desfallecer. Los exiliados, despojados y desplazados tenían una experiencia real de penuria, y según la promesa todas las amarguras quedarán atrás, no volverán.

Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos.  Tal vez bailen todos, o la danza de las jóvenes agrade a los espectadores. La danza va a compañada de canto (Sal 149,3), puede ser literal o simbólica. La doncella puede significar también el conjunto del pueblo.

Convertiré su tristeza en gozo. En Lam 5,15, luto nacional, la danza se había convertido en duelo. Aquí es lo contrario.

Los alegraré y aliviaré sus penas. Son dos formas de decir lo mismo. La iniciativa del consuelo divino tiene tres aspectos: gracia, amor, misericordia.

Alimentaré a los sacerdotes con manjares sustanciosos. La bonanza no será un privilegio para los sacrificadores en el templo de Jerusalén; más bien será un signo de la prosperidad general de la sociedad. A mayor riqueza, el pueblo podrá presentar más ofrendas y encargar más sacrificios (Lv 7,34).

La promesa de bienestar es para todos, por eso el Señor concluye el poema recapitulando así:

Y mi pueblo se saciará de mis bienes.

 

Abril 2017



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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