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En casa de Emaús: hospitalidad y caridad

— por Pedro Barrera

 

«Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le rogaron insistentemente: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Entró, pues, y se quedó con ellos.»

Este fragmento del pasaje de Emaús en el Evangelio de Lucas (24, 28-29) nos revela uno de los valores que todo cristiano ha de vivir: la hospitalidad. Hay que subrayar que fueron los discípulos quienes le brindaron un techo a Jesús. Si ellos lo hubieran dejado ir, habrían perdido la hermosa experiencia del amor de su Señor.

«Quédate con nosotros…» tiene un sentido muy profundo; significa morar, entrar, encontrarse en la intimidad, acoger y dejarse acoger. Quien mora en algún lugar es aquel que encuentra un espacio para vivir y convivir, para experimentar a los demás en la amistad y en el amor.

La hospitalidad de estos discípulos, que no habían reconocido aún a Jesús, nos permite experimentar el Reino de Dios. Como cristianos, estamos llamados a vivir la hospitalidad con nuestros hermanos, a recibirlos en nuestro corazón y acogerlos como a huéspedes sin los prejuicios que la sociedad nos impone en nuestros días.

Aquellos discípulos hicieron a un lado la desconfianza y el egoísmo, no les importó que fuera un extraño, querían recibirlo en su hogar. También nosotros debemos superar estas actitudes que alejan a nuestros hermanos de nuestras vidas.

Abrir las puertas de nuestro corazón (nuestro hogar) nos permite experimentar también la presencia de Jesús, a quien muchas veces no reconocemos aunque lo tengamos tan cerca: en un enfermo, en un niño, en aquel que pide ser perdonado, en aquel que toca a nuestra puerta pidiendo un pan o un vaso con agua. Vivir la hospitalidad es vivir también la caridad. No dejemos de invitar a los demás a que moren en nuestro corazón, a que se encuentren con nosotros y juntos nos encontremos con el Señor en una experiencia de amor, de comunidad, del Reino de Dios.

Hagamos oración con este soneto, extraído de la Liturgia de las Horas, y pidámosle al Señor que nos acompañe en nuestro peregrinar en la vida, que nos brinde el descanso para recuperar nuestras fuerzas y nos conceda vivir su amor cada día. Porque también nosotros podemos ser aquellos que buscan la hospitalidad; cansados de la vida, desanimados por todo, buscamos un hogar donde nos reciban, donde nos dejen entrar para compartir el descanso, la esperanza y el perdón.

A caminar sin ti, Señor, no atino;
tu palabra de fuego es mi sendero;
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del espino.

Descansa aquí conmigo del camino,
que en Emaús hay trigo en el granero,
hay un poco de vino y un alero
que cobije tu sueño, Peregrino.

Yo contigo, Señor, herido y ciego;
tú conmigo, Señor, enfebrecido,
el aire quieto, el corazón en fuego.

Y en diálogo sediento y torturado
se encontrarán en un solo latido,
cara a cara, tu amor y mi pecado.

⦁ Caravaggio (1571-1610): Los discípulos de Emaús o Cena de Emaús - National Gallery de Londres.

 

Marzo 2017



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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