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    N° 51 OCTUBRE 2017 TESTIGOS DE CRISTO    
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Fr. Serge de Beaurecueil OP: Compartir el pan y la sal

— por Francisco Quijano

 

Serge de Beaurecueil nació en París el 28 de agosto de 1917; entró en la Orden de Predicadores en 1935 y fue ordenado sacerdote en marzo de 1943. Hizo estudios de teología en la Escuela Dominicana de Le Saulchoir, aprendió árabe y persa en la Escuela de Lenguas Orientales. Llegó a El Cairo en 1946, para incorporarse a la comunidad de los padres Georges Anawati y Jacques Jomier, con quienes fundó el Instituto Dominicano de Estudios Orientales. Allí comienza a estudiar al místico musulmán Khwaja Abdallah Ansari. En 1954, publica un comentario a la obra de Ansari, Las etapas de los caminantes hacia Dios, cuya edición crítica publicará en 1962.

En 1963 visitó Kabul en Afganistán con motivo del noveno centenario de la muerte de Ansari; allí se quedará finalmente para enseñar historia de la mística musulmana en la Universidad de Kabul. Más adelante, cambia su compromiso de profesor por el cuidado de niños en la escuela Esteqlal, e igualmente de niños abandonados, discapacitados, víctimas de la guerra. De esta experiencia nacen sus libros: Nous avons partagé le pain et le sel (1965) y Prêtre des non-chrétiens (1968).

A raíz de la invasión soviética a Afganistán, Serge abandona el país en 1983 acusado de participar en el espionaje. Su salida fue dramática, se instaló primero en París y luego Bruselas. Con todo, mantendrá contacto a través de sus «chiquillos» que querían continuar su trabajo. Publicó dos testimonios sobre esta experiencia: Un chrétien en Afghanistan (1985) y Mes enfants de Kabul (1992). En 2003, regresó a Kabul con un equipo de la televisión francesa para rodar un documental sobre su insólito itinerario: Le Père de Kabul.

Serge de Beaurecueil murió el 2 de marzo de 2005. Está enterrado cerca de la Abadía de Sylvanès en Aveyron, Francia. En su tumba se lee este epitafio con palabras de Ansari:

«Hermano, si vienes a visitar mi tumba, que no te sorprenda ver bailar el monumento y no olvides pandereta: no es buena la tristeza al banquete de Dios»

 

Compartir el pan y la sal

 

Ghaffar, uno de sus jóvenes estudiantes le hizo a Serge una invitación que él recuerda así:

«Me dijo medio murmurando: —Vine para proponerle algo: ¿estaría acuerdo en que comamos juntos, una vez en su casa y otra en la mía? Quisiera que compartiéramos el pan y la sal, tras lo cual quedaríamos unidos para siempre—. Fue así como dos viernes consecutivos, primero en mi casa (bajo el signo de la hospitalidad de Abraham), y luego en su pobre casa, compartimos el pan y la sal. La amistad y la confianza creció, una amistad de la gente ruda de Paktiyā que él comparaba con una encina: —Tarda mucho en prender, pero una vez que prende ya no se apaga—. Últimamente él ha venido a compartir mi comida todos los jueves, el día de la última cena».

Serge recuerda otro momento en que un chiquillo con el que se cruzó en la calle le regaló un pan y relaciona este don con la Eucaristía:

«Mientras una familia pobre va a compartir el pan del anochecer, yo estaré ante el altar. Al celebrar la Eucaristía, llevaré a término esta “fracción del pan" que comenzó en la calle. Comulgaremos del mismo Pan que ellos me dieron y que yo habré ofrecido en su nombre».

Este simbolismo potente de compartir el pan y la sal tendrá un cumplimento —dice Serge— en el encuentro último con Cristo (Mateo 25) más allá de nuestro peregrinar en la tierra:

«Todo el mundo estará allá: bonzos y viejos monjes, derviches, guerreros y poetas, montañeros altivos, pastunes de cabello suelto, jinetes fogosos del Norte, campesinos laboriosos de nuestras pequeñas aldeas, cargadores hazaras doblados bajo su carga, nuristaníes rubios, gente de las tribus nómadas, nuestros buenos viejos pasmados de barba blanca, y los pequeños, nuestros hijos, tan frescos, tan puros, a menudo tan poco consentidos (...) A todos ellos no se les preguntará si fueron budistas, cristianos o musulmanes, o si ayunaron y rezaron mucho... Se les preguntará si compartieron el pan y la sal, acerca de la hospitalidad, sobre el amor».

Jean-Jacques Pérennès OP, que fue director del Instituto Dominicano de Estudios Orientales en El Cairo, y lo es actualmente de la Escuela Bíblica de Jersusalén, ha publicado una biografía del padre Serge de Beaurecueil: Passion Kaboul. Una parte de la información de esta nota está tomada de ese libro.

 

Febrero 2017

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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