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    N° 51 OCTUBRE 2017 CELEBRAR CON SALMOS    
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Salmo 30: Porque me libraste, mi corazón te canta sin cesar

— por Gabriela Vergara

 

[1 Salmo Canto para la Dedicación del Templo. De David.]

2 Te alabaré, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
3 Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste.
4 Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

5 Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
6 porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.

7 Yo pensaba muy confiado:
«Nada me hará vacilar».
8 Pero eras tú, Señor, con tu gracia,
el que me afirmaba sobre fuertes montañas,
y apenas ocultaste tu rostro,
quedé conturbado.

9 Entonces te invoqué, Señor,
e imploré tu bondad:
10 «¿Qué se ganará con mi muerte
o con que yo baje al sepulcro?
¿Acaso el polvo te alabará
o proclamará tu fidelidad?

11 Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor».
12 Cambiaste mi luto en danza,
me quitaste el sayal y me vestiste de fiesta,

13 Por eso mi corazón te canta sin cesar.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre!

Nos detenemos en este salmo que proclama la inmensa alegría al verse liberado de la muerte, se considera un himno de gratitud que posee una gran fineza literaria, basado en una serie de contrastes que expresan de manera simbólica la liberación obtenida gracias al Señor:

⦁ al descenso «al sepulcro» se opone la salida «del abismo» (v. 4);
⦁ a su «enojo» que «dura un instante» le sustituye «su bondad toda la vida» (v. 6);
⦁ a las «lágrimas» de la noche le sigue la «alegría» que renace en  la mañana (v. 6).

Nuestra vida también está hecha de contrastes: muerte / vida; salud / enfermedad; gozo / tristeza; pobreza / riqueza… y así podríamos continuar enumerando muchos más; por eso esta experiencia vital que proclama el salmista resonó en el pueblo de Israel, que después de la agonía del exilio reencuentra la alegría de la alabanza y vive esta liberación como una especie de resurrección: «me hiciste revivir cuando estaba entre los que bajan al sepulcro» (v. 4); también resuena en nuestra realidad humana y nos hace abrir una puerta para reconocer en esos contrastes la presencia del Dios de la Vida, del Dios cuya bondad dura toda la vida:

Relato de la experiencia vital: vv. 2.3.4. El que estaba literalmente siendo bajado a la tumba, ha sido rescatado por la acción de Dios, lo ha liberado del abismo, de la muerte, lo ha devuelto a la vida. ¿Puede otra experiencia ser tan vital como esta? Ciertamente cada uno puede revisar su propia historia y reconocer estas experiencias vitales que nos transforman.

Ocultamiento de Dios: vv. 8.9.11. La certeza de la presencia de un Dios que sostiene, utilizando la imagen de la majestuosidad de las montañas, pero que se oculta, que esconde su rostro… experiencia que desinstala, que bloquea y que lleva a la súplica, a la búsqueda, al reencuentro que devuelve la vida.

Consecuencia de la acción de Dios: vv. 5.6.12. Al confirmar la acción de Dios se invita al canto agradecido, a la alabanza, porque se manifiesta la identidad de Dios, pura bondad, pura misericordia, vida en abundancia.

Pregunta existencial: v. 10. ¿Qué sentido tiene mi muerte? ¿Qué sentido tiene mi vida? Solo en Dios se encuentra la respuesta.

Culmen del salmo: v. 13. Toda esta experiencia vital desemboca en esta acción de gracias, en esta actitud de vida que resume el gozo que inunda a quien ha sido liberado de la muerte.

Que este salmo nos permita revisar la acción de Dios en la realidad social, humana, y personal, que cuantos se sientan acechados por la muerte en sus múltiples formas y manifestaciones descubran la fuerza liberadora de Dios y se unan a la acción de gracias que brota del corazón que canta sin cesar la bondad de Dios.

 

Febrero 2017

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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