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    N° 51 OCTUBRE 2017 PALABRA DEL MES    
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La política y el seglar católico

— por Antonio Maza Pereda

 

En una reunión del Papa Francisco con escuelas jesuíticas, en el año 2013, un profesor le preguntó: «¿Cómo nuestro compromiso, nuestro trabajo hoy, en Italia, en el mundo, puede ser jesuítico, puede ser evangélico?».

A mí, por lo menos, la respuesta del Papa me sorprendió. Esperaba que hablara de incrementar la espiritualidad, o de buscar el modo de difundir los distintos movimientos apostólicos para niños y jóvenes que ofrece la iglesia. O del testimonio y el ejemplo.

El Papa inició su respuesta diciendo: «Involucrarse en la política es una obligación para un cristiano». Continuó diciendo que muchas veces no nos involucramos en política por considerar la política como algo sucio, y abundó: «No es fácil, la política se ha ensuciado demasiado; pero me pregunto: se ha ensuciado ¿por qué? ¿Por qué los cristianos no se han involucrado en política con el espíritu evangélico?». Además de sorprenderme con este concepto, me parece que en sus palabras hay algo de envío, algo de señalarnos que es parte de nuestra misión como seglares. Y un cierto dejo de cariñosa reconvención. Y más adelante, para completar mi sorpresa, dijo que «la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común».

Después del Concilio Vaticano II, se incrementó la participación de los seglares en las labores de la iglesia. Muchas veces, como remedio para la escasez de sacerdotes y tomando funciones en la liturgia y en la administración de las parroquias. Otros se dedicaron a labores asistenciales y en apoyo a la pastoral de sus obispos. Pero, desgraciadamente, no todos los seglares tienen estos carismas. Y claramente se trata de labores que son para una minoría, no para la mayoría de los seglares.

Por otro lado, si vemos a la política desde el ángulo del bien común, entonces es tarea de todos. Por supuesto, no es de esperarse que el Santo Padre nos esté pidiendo a todos que nos volvamos políticos y gobernantes. Sí, seguramente habrá quienes tengan esos carismas y que deberían iluminar con sus valores católicos su labor de procuración del bien común, sin que ello signifique discriminación de los que tienen creencias diferentes ni buscar conversiones forzadas. Pero en realidad a todos nos debería importar la política, si es que la vemos como la búsqueda del bien común.

Nuestro papel es, por supuesto, la participación electoral. Una participación informada y consciente, aunque a veces tengamos que escoger entre dos males y estaremos en la necesidad de discernir cuál de ellos es el menor. Pero la participación del seglar no puede quedarse en los actos electorales. Otro campo importante, y donde todos deberíamos de participar, es en el de dar seguimiento a las acciones de gobierno. Asegurarnos que se están aplicando de la manera que mejor convenga al bien común, comprobar que las promesas y propuestas de gobierno se estén cumpliendo. Opinar y crear opinión, tomando siempre en cuenta la jerarquía de valores inspirada en la ley natural y en nuestras creencias. Seguramente, además, habrá una minoría muy importante que debería estar aportando análisis, propuestas, métodos de trabajo y maneras de mejorar el trabajo de los gobiernos.

No, no se trata de llevar a los obispos a ser gobernantes ni a excluir del gobierno a quienes no sean católicos. La mayor parte de las veces, hacer un trabajo evangélico será mayormente a través del testimonio de nuestra preocupación por el bien común. Será tener algo diferente que intrigue los demás y les lleve a preguntarse de dónde viene nuestra insistencia en la limpieza de la política y en asegurar el bien común. También tendrá que ver con el testimonio de alegría y esperanza, aun con las dificultades de esa ingrata tarea y frente a la suciedad de la que hablaba el Papa Francisco.

Sí, creo que en esas palabras del Papa hay un amable regaño. Hemos visto la suciedad, hemos visto la dificultad de participar en la gestión del bien común y nos hemos echado atrás. Hemos considerado la política como algo poco cristiano, y de alguna manera nos hemos lavado las manos. Es cierto, no es de extrañarse que la política sea sucia, porque no nos hemos ocupado de limpiarla.

Desgraciadamente tenemos pocos ejemplos de santos que hayan sido seglares políticos. Algunos reyes de la Edad Media. Otros: Santo Tomás Moro, canciller del reino de Inglaterra; Beato Anacleto González Flores; Gabriel García Moreno, propuesto para su beatificación; el alcalde de Florencia, Giorgio La Pira; o el empresario argentino, Enrique Shaw. Muy pocos más. Ante esta ausencia de modelos, deberemos profundizar en una espiritualidad del seglar y en particular en una espiritualidad de la procuración del bien común desde la política. No hay camino, como decía el poeta Antonio Machado. Habrá que hacer camino al andar.

• Giorgio La Pira ver aquí - Enrique Shaw ver aquí.

• William Frederick Yeames: Encuentro de Sir Thomas More con su hija después de sentenciado a muerte, 1872.

 

Febrero 2017

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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