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    N° 51 OCTUBRE 2017 PARA MEDITAR    
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Shirin Ebadi: El Islam y los derechos de las mujeres

Shirin Ebadi nació el 21 de junio de 1947 en Hamadan, Irán, en el seno de una familia musulmana practicante. En 1948, la familia se trasladó a Teherán, donde ella se doctoró en derecho en 1971. En 1969, comenzó a ejercer como juez, la primera mujer en hacerlo. A raíz de la Revolución Islámica de 1979, fue destituida de su puesto. En 1993, pudo ejercer de nuevo la abogacía. En 2009, fue traicionada por su marido, con quien tuvo dos hijas, y por las autoridades islámicas; desde entonces vive en el Reino Unido. Recibió el Premio Nobel de la Paz en 2003 por su lucha a favor de la democracia y los derechos humanos, particularmente de las mujeres y los niños. Presentamos fragmentos de su discurso de agradecimiento.

 

En el nombre del Dios de la Creación y la Sabiduría

Majestad, Alteza Real, Honorables Miembros del Comité Nobel, Excelencias, Señoras y Señores:

Me siento muy honrada de que hoy mi voz llegue a gente de todo el mundo desde esta cátedra distinguida. Este gran honor me ha sido otorgado por el Comité Noruego del Premio Nobel. Quiero honrar el espíritu de Alfred Nobel y a todos los verdaderos seguidores de su camino.

Este año, el Premio Nobel de la Paz, ha sido otorgado a una mujer de Irán, un país musulmán del Oriente Medio. Sin duda, el haberme elegido será una inspiración para la multitud de mujeres que se esfuerzan por ejercer sus derechos, no sólo en Irán, sino en toda la región, derechos que se les han negado a lo largo de la historia. Esta elección hará que las mujeres en Irán y más allá crean en sí mismas. Las mujeres son la mitad de la población de cada país. Despreciarlas y prohibir que participen activamente en la vida política, social, económica y cultural equivaldría a privar de la mitad de sus potencialidades a la población de todas las sociedades. La cultura patriarcal y la discriminación contra las mujeres, particularmente en los países islámicos, no pueden continuar indefinidamente.

Permítanme decir algo sobre mi país, mi región, mi cultura y mi fe. Soy una mujer iraní, descendiente de Ciro el Grande. En el pináculo de su poder proclamó hace 2500 años que “no reinaría sobre el pueblo si este no lo deseaba”. Prometió no obligar a nadie a cambiar de religión y de fe, garantizó la libertad para todos. La Carta de Ciro el Grande es uno de los documentos más importantes que deben ser estudiados en la historia de los derechos humanos.

Soy creyente musulmana. En el Corán, se cita al Profeta del Islam que dice: “Tú has de creer en tu fe, yo en mi religión”. Este libro divino ve la misión de todos los profetas como una invitación a todos los seres humanos a luchar por la justicia. Desde el advenimiento del Islam, la civilización y la cultura de Irán se han impregnado de humanismo, de respeto por la vida, las creencias y la fe de los demás, por la propagación de la tolerancia y el compromiso para evitar la violencia, el derramamiento de sangre y la guerra. Escritores preclaros de la literatura iraní, en particular la gnóstica, desde Hafiz, Mowlavi –mejor conocido en occidente como Rumi– y Attar hasta Saadi, Sanaei, Naser Khosrow y Nezami, han sido mensajeros de esta cultura humanitaria. Su mensaje es claro en este poema de Saadi:

Los hijos de Adán son miembros unos de otros,
pues fueron creados con una sola esencia.
Cuando la usura del tiempo afecta a un miembro,
los otros miembros no pueden sentirse ajenos.

El Islam es una religión cuyo primer sermón dicho al Profeta comienza con la palabra: “¡Recita!”. El Corán jura por la pluma y por lo que escribe. Ese sermón y mensaje no puede estar en conflicto con la conciencia personal, el conocimiento, la sabiduría, la libertad de opinión y expresión y el pluralismo cultural.

El estado de discriminación de las mujeres en los Estados Islámicos, en el ámbito del derecho civil y en el de la justicia social, política y cultural, tiene sus raíces en la cultura patriarcal dominada por los hombres que prevalece en estas sociedades, pero no en el Islam mismo. Esta cultura no tolera la libertad ni la democracia, tampoco cree en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, ni en la liberación de las mujeres de la dominación masculina (de padres, esposos, hermanos), porque amenazaría la posición histórica y tradicional de los gobernantes y guardianes de esa cultura.

Hay que decir a quienes han postulado la idea de choque de civilizaciones, o han prescrito la guerra y la intervención militar para esta región, o han tomado como pretexto la negligencia en lo social, cultural, económico y político de las naciones del sur, todo ello en un intento por justificar sus acciones y opiniones: Si tú consideras que las leyes internacionales de los derechos humanos, incluido el derecho de las naciones a determinar su propio destino, son universales, y si crees en la importancia y superioridad de la democracia parlamentaria sobre otros sistemas políticos, entonces no puedes pensar únicamente en tu propia seguridad y comodidad, con egoísmo y desprecio de los demás. La búsqueda de nuevos medios e ideas que permitan a los países del sur disfrutar de los derechos humanos y la democracia, manteniendo al mismo tiempo su independencia política y su integridad territorial, debe tener la máxima prioridad de las Naciones Unidas en vista de nuevos desarrollos y relaciones internacionales.

Si el siglo XXI quiere liberarse del ciclo de la violencia, de actos de terror y de guerra, y evitar que se repita la experiencia del siglo XX, el siglo más desastroso de la humanidad, no hay otro camino sino el entendimiento y la puesta en práctica de todos los derechos humanos para toda la humanidad, sin distinción de raza, género, fe, nacionalidad o condición social.

En espera de ese día, con mucha gratitud, Shirin Ebadi
 

⦁ Reelato de Shirin Ebadi sobre el complot urdido por las autoridades para que su marido la tracionara: ¿Cuánto pueden quitarle a una persona? Leer aquí

Responsable: Francisco Quijano

 

Enero de 2017

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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