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    N° 51 OCTUBRE 2017     
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Domingo 1º de Adviento

Botón homilético                                                                                                       Francisco Quijano OP

Domingo 1º de Adviento (27.11.2016) Mateo 24, 37-44

● Tres imágenes que resultan extrañas, si no chocantes, que no ayudan hoy en día a comprender el sentido del Adviento: el diluvio universal que es un mito bíblico, la muerte que irrumpe súbitamente, un ladrón que actúa por sorpresa. ¿Qué sentido tienen?

● Veámoslo de otra forma. Las tres suponen que la gente está ocupada en sus asuntos. Es más, empeñados ensacar adelante las cosas de todos los días: business as usual, las cosas son como son, hay que tomarlas así, no hay nada más que hacer.

● Pero, ¿en verdad no hay nada más que hacer? ¿se puede vivir todo tiempo atenido a rutinas? ¿no hay cosas nuevas que esperar? ¿eres capaz de ver que hay algo más allá de tus narices? ¿estás tan hecho a lo que haces todos los días que nada te sorprende?

● Estas preguntas no solo conciernen a la vida personal, también a la historia de la humanidad, también a la vida que compartimos en sociedad. En 1992 Francis Fukuyama publicó un libro: El fin de la historia. Daba por supuesto que la democracia liberal y el mercado habían terminado con las luchas ideológica, las guerras y las tensiones.

● ¿Y qué ha pasado? Sin ir más allá de horizonte de nuestra vida en la tierra, el mero ejercicio de la libertad humana ha vuelto a poner muchas cosas de cabeza, sembrar zozobra, desestabilizar países, cuestionar instituciones que se creían firmemente asentadas.

● ¿Por qué no tomamos estos hechos, que no son mito legendario ni simple imagen simbólica, para interrogarnos si no es que hay algo más latente en nuestra historia y nuestra vida personal? ¿Acaso lo que vemos, lo que nos apasiona o nos defrauda, no encierra una dimensión que se nos escapa?

● Adviento quiere decir: Despierta, sacúdete la modorra, abre los ojos, prepárate… que la vida, la historia, tu propia libertad y la de los demás apuntan hacia algo más. Unos 740 años antes de Jesús, el profeta Isaías soñaba con una utopía: «De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra».

• Ilustración del Apocalipsis de Bamberg, siglo XI
 


 

Claves para la homilía                                                                                                     Julián Riquelme OP

◙ Contexto ► Palestina, año 30: Jesús imaginaba la llegada el Reino y el final de los tiempos como algo inminente, porque Él aceptaba en cierto modo la corriente apocalíptica. ► Siria, año 80: Para la comunidad, la llegada del Reino fue una realidad en la Muerte Pascual de Jesús, y la Segunda Venida se fue diluyendo porque veían que no se cumplía (cf. Mt 28,20).

◙ Sentido El Evangelio contiene una "Invitación a recibir a Cristo en nuestras vidas”. El Nazareno usa un lenguaje apocalíptico (= "revelación"), esto es, alimenta la esperanza de sus seguidores, en la persecución, a través de imágenes del Antiguo Testamento y de la vida, que no entienden los policías. En el texto se pueden distinguir tres partes:

● Tomar conciencia de nuestras posibilidades (Mt 24,37-39). La “Venida del Hijo del hombre” comenzó a ocurrir cuando Caifás obligó a Jesús a que dijera si era o no el Mesías. Su respuesta fue: “Tú lo has dicho” (Mt 23,63ª; cf. 26,63-66; cf. Sal 110,1; Dn 7,13). A partir de ese momento, Cristo inició su reinado en el cielo, en la tierra y en el abismo. En el Evangelio de hoy el Maestro habla a sus discípulos que antes del diluvio la gente se reía de Noé por la construcción del arca y permanecían cautivos en lo pragmático, en lo inmediato, en lo organizativo cotidiano: comer, beber y casarse; no se daban cuenta que Dios siempre los había amado a ellos y a todos los seres humanos (Gn 6,5-9,17). De semejante manera, ahora ni Judea, ni Galilea, ni Samaría se percatan de que la entrega voluntaria de Jesús en su Pasión es el símbolo de que Dios Padre ama a todos los seres humanos. • El Jesús histórico, viviendo a fondo su vida, desplegó todas las posibilidades encerradas en su experiencia humana, y propuso esta misma meta para todos.

● Cultivar la libertad desde nuestro interior (Mt 24,40-41). El Señor describe la vida laboral agrícola: Dos varones siembran y cosechan trigo en el campo, mientras dos mujeres muelen el grano para obtener harina y pan en su casa. La lección que quiere inculcar es que no basta con trabajar cotidianamente; se necesita algo más: recibir a Jesús como el Mesías, aceptar su persona de manera libre: “uno será llevado y el otro dejado…., una será llevada y la otra dejada” (24,40b.41b). • El fallo está en vivir enredado en el consumismo. Para que haya encuentro en el Amor, tiene que haber libertad personal.

● Vivir la responsabilidad personal (Mt 24,42-44). La parábola del amo de casa vigilante pide propiciar el crecimiento y la madurez humana, porque la Presencia de Cristo en nuestras vidas no ha de ser temida, sino deseada. Él permite a cada persona y a todos los grupos, pasar de condiciones menos humanas a condiciones más humanas, y comunica la vida definitiva. Velar, vigilar y “estar siempre listos” es escuchar la Palabra de Dios, leer los signos de los tiempos, y disponerse para sentir las mociones del Espíritu Santo. • “Hablar con Dios o de Dios” (Santo Domingo de Guzmán). En cualquier momento puedo encontrarme con su Amor, y comunicarlo a los demás con obras y palabras.

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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