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    N° 51 OCTUBRE 2017 HOMILÍA DOMINICAL    
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Domingo 29º durante el año

Botón homilético                                                                                                       Francisco Quijano OP

Domingo 29º durante el año (16.10.2016)  Lucas 18,1-8

● Un juez, que se burlaba de Dios y de la gente, a quien una viuda porfiada le insiste «Hazme justicia contra mi adversario», termina por decir: «Como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, así no seguirá molestándome».

● Lucas dice que Jesús contó esta parábola a sus discípulos para inculcarles que deben orar siempre. Esa es la moraleja que Jesús saca: «Fíjense en lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche?».

● Esta es la clave de la parábola según el evangelista. Pero la historieta tiene otras salidas. Pienso en dos, que valen para instituciones, prácticas y costumbres bien arraigadas en las sociedades de muchos países.

● Una. La carga pesadísima y bromosa de trámites que inventan los gobiernos, ejecutivo/administrativo, legislativo y judicial, para complicarle la vida a la gente. ¡Cuantísimo tiempo, que es oro, toma presentar el increíble papeleo que piden!

● Otra, pienso particularmente en México: la corrupción que envuelve a todo el sistema de administración de justicia, desde policías y ministerio público hasta jueces y cárceles, sin excluir la práctica generalizada de mordidas, coimas, cochupos y transas.

● ¿Qué se necesita para quitarse estas lacras? Una salida fácil es confiar en políticos mesiánicos, que ofrecen remediar todo de un plumazo. Pero esto es descargar en otro la propia responsabilidad.

● Jesús termina su enseñanza con una pregunta: «Cuando llegue el Hijo del hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?» ¿De qué fe habla? De la fe de la viuda: su confianza inquebrantable en el Dios que le hará justicia, pese a las burlas del juez. Fe en ella: su voluntad porfiada que forzará al juez a cambiar. Esa fe inquebrantable y porfiada la necesitamos todos.

 

 

Claves para la homilía                                                                                                    Julián Riquelme OP

◙ Contexto ► Palestina, año 30: Jesús enseña a orar sin desanimarse a sus discípulos por los pobres (cf. Lc 17,20-25). ► Grecia, año 80: Puntualizar que el Mesías ya vino, y manifestó que la justicia humana está relacionada con la venganza, mientras que la justicia de Dios se identifica con el Amor.

◙ Sentido El Evangelio contiene la “parábola del juez inicuo y la viuda”, para insistir en la necesidad de pedir constantemente por los oprimidos en la oración. El género literario es apocalíptico, mostrando una escatología presente. En el texto se pueden distinguir tres partes:

● Desde la experiencia (Lc 18,1). El Nazareno habla a partir de la propia vivencia: Él confía en Dios, su Padre, y le clama en la oración día y noche sin desfallecer, pidiendo la justicia para los oprimidos.

● La comparación (18,2-5). La viuda es el prototipo de los desamparados. El juez inicuo al final cede, para que la viuda no venga continuamente a molestarlo. La motivación de la viuda, además de la necesidad, tiene algo de venganza. La motivación del juez es más bien egocéntrica.

● Aplicación catequética (18,6-8). En la parábola, el juez y la viuda corresponden de modo irónico a Dios y a seguidores de Jesús. La frase clave de la parábola es: Dios “en un abrir y cerrar de ojos” les hace justicia”. Dios está presente, incluso en las calamidades, injusticias y sufrimientos de los seres humanos, porque Dios es plenamente Amor y actúa invitando a todos hacia su Reino. Lo único posible es que cambiemos nosotros, que estamos en el peregrinar hacia el Reino, es decir, en los ciclos del devenir histórico. Para Dios el injusto es quien se daña a sí mismo en primer lugar; sin embargo, quien es víctima de la injusticia no será afectado en su verdadero ser, si él no se deja arrastrar por la misma injusticia. La injusticia del otro no me debe hacer injusto a mí. Mi pregunta en la oración debiera ser: ¿Cuál es el sentido de mi vida en esta circunstancia? - Al final Cristo pregunta si en el momento de su Pascua los discípulos seguirán adhiriendo a Él. Una vez más, la oración y la fe-confianza se muestran inseparables. La duda de Jesús no la pone en Dios, sino en los seres humanos: Dios no puede fallar, pero nosotros fallamos cuando esperamos de Él cosas, que no coinciden con la Venida de su Reino.

 

 

 

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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