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En la Cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes

— Santo Tomás de Aquino

 

Nació el año 1225, de la familia de los Condes de Aquino. Estudió de niño en el Monasterio de los Benedictinos en Nápoles. Más tarde ingresó a la Orden de Santo Domingo y prosiguió sus estudios en Colonia, donde tuvo de maestro a San Alberto Magno, y en París, donde también enseñó teología y defendió que los dominicos enseñaran en las universidades. Escribió muchas obras teológicas y filosóficas, en especial la Suma de teología. Es llamado el Doctor Angélico. Murió el 7 de marzo de 1274, su fiesta litúrgica es el 28 de enero.

 

¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era ciertamente y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar. Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males, que nos sobrevienen a causa del pecado. La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta, no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la Cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la Cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

Si buscas un ejemplo de amor: «Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos». Esto es lo que Cristo hizo en la Cruz. Y por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él. Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrará el mejor de ellos en la Cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo en la Cruz sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que «en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca».

Si buscas un ejemplo de humildad, mira al Crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir. Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: «Si por la desobediencia de uno, es decir de Adán, todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convirtieron en justos». No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se «repartieron mis ropas»; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que le «pusieron una corona de espinas, que habían trenzado»; ni a los placeres, ya que «para mi sed me dieron vinagre».

•ž Del comentario de Santo Tomas sobre el Credo o Símbolo de los Apóstoles

Responsable: Ramón Ramírez OP

 

Octubre 2016



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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