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    N° 51 OCTUBRE 2017 HOMILÍA DOMINICAL    
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Domingo 23º durante el año

Botón homilético                                                                                                       Francisco Quijano OP

Domingo 23º durante el año (4.9.2016)  Lucas 14,25-33

● Jesús va caminando decidido hacia Jerusalén. Una multitud lo sigue, la mayoría sin saber a qué va, sus discípulos quizá lo intuyen. Jesús se detiene para advertírselo y plantearles un enigma.

● Su advertencia es drástica: «Si alguno quiere seguirme y no odia a su padre y a su madre, a su esposa, a sus hijos… es más, a sí mismo, no puede ser mi discípulo». «Odiar», la palabra es de origen semítico, a nuestros oídos suena brutal.

● ¿Acaso Jesús, que practica el amor incondicional, puede pedir esto a quienes se animan a seguirlo? ¿Puede contradecir el mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»? ¿Oponerse al cuarto mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre»?

● La advertencia de Jesús se refiere a una decisión radical. ¿En qué consiste? El círculo familiar, los vínculos de sangre, los lazos basados en afinidades, en suma, las relaciones que nos constituyen como seres sociables, pueden degenerar en identidades estrechas: yo, mi gente, frente, contra, al margen de la otra gente.

● Jesús rompió con esa visión miope de la vida y sus vínculos mezquinos. Cuando estaba enseñando y le avisan que lo buscan su madre y sus hermanos, responde: «Mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la cumplen». Seguir a Jesús implica recomponer los lazos familiares a la luz de su palabra.

● ¿Cómo? Dos parábolas te invitan a pensarlo. Si quieres construir una torre, o cualquier otra cosa, siéntate a calcular el costo, no sea que te quedes a media obra y la gente se burle de ti. Si fueras un rey que tiene que enfrentar con diez mil soldados a otro que viene con veinte mil, ¿acaso no pensarás en hacer las paces?

● Ante la decisión de seguir a Jesús, y otras en las que nos va la vida de por medio, ¿no habrá que pensar bien lo que está en juego? ¿No habrá que ponerlo todo en lo que realmente vale la pena? Así concluye Jesús: «Cualquiera de ustedes que no renuncia a sus bienes, no puede ser discípulo mío».

 

 

Claves para la homilía                                                                                                    Julián Riquelme OP

◙ ContextoPalestina, año 30: En la subida a Jerusalén, Jesús advierte al gran gentío sobre las dificultades que incluye un auténtico seguimiento. ► Grecia, año 80: Si los bautizados no tienen una disponibilidad total para vivir y practicar el Evangelio, no puede haber seguimiento de Cristo.

◙ Sentido El Evangelio habla de "las exigencias del seguimiento de Jesús". Hay que tener en cuenta que las lenguas, hebreo y arameo, carecen de comparativos y superlativos, por eso usan las exageraciones para expresar una idea. En el texto se pueden distinguir, al menos, tres puntos:

● Primera exigencia: Posponer a la propia familia (Lc 14,25-26). La clave está en la frase: “…y hasta su propia vida”. El amor al “yo” encerrado sobre sí mismo desemboca en el egoísmo. Este “yo” cerrado puede empeorar más su situación por el amor preferente a la propia familia del discípulo, excluyendo o minusvalorando a otras personas. (Distinto es cuando los familiares ejercen oposición o rechazo al bautizado por adherir a Cristo).- Seguir a Jesús enseña a amar más y mejor a nuestros familiares.

● Segunda exigencia: Aceptar la propia cruz (Lc 14,27). Esta expresión es símbolo de todas las dificultades, que puede encontrar quien decide seguir a Jesús. Es aceptar la propia soledad, y la oposición hecha a los discípulos del Nazareno en las sociedades, que no valoran la vida humana de todos. (Aquí ingresa el tema de la oposición y el rechazo de la familia a quien opta por Cristo). Una vez emprendido el camino de Jesús, todo lo que impida seguir adelante hay que superarlo cueste lo que cueste.

● Dos parábolas y la tercera exigencia (Lc 14,28-33). a) Parábola de la torre (Lc 14,28-30): Es inútil lanzarse a una construcción, si no se cuenta con los medios para llevarla a cabo; si uno lo hace, se reirán de él; en otras palabras: para ser discípulo, hay que reflexionar antes si uno está dispuesto a darle la primera prioridad a Cristo en la propia vida.- b) Parábola de la guerra (Lc14,31-33): Si a uno le es imposible ganar una guerra, sin embargo es capaz de "enviar legados para pedir condiciones de paz" (14,32), ha de realizar esto último; su aplicación insinúa que la meditación orante es fuente para llenarse de fuerzas en el seguimiento del Señor (cf. Sb 9,13-19); en ella descubriremos que el compartir es primero, y que el tener posesiones viene después.- c) Tercera exigencia: Renunciar a todo lo que se posee (Lc 14,33). Más que renunciar, es una oferta de plenitud; es optar por lo que es mejor para mi crecimiento personal, que redunde a la vez en el bien de los demás; no es una exigencia de Dios, sino una exigencia de nuestro verdadero ser; se trata de elegir entre las seguridades, que da la posesión de cualquier bien, o el alcanzar mayor grado de humanidad.

 

 

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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