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    N° 51 OCTUBRE 2017 PALABRA DEL MES    
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Qué hacer con la democracia

— por Francisco Quijano

 

Un malestar soterrado con variadas facetas y causas atraviesa a las sociedades en distintos países desde hace unos años. Afloró en la Primavera Árabe de 2010 en adelante, los nuevos movimientos y partidos en Europa, el vuelco de las elecciones de Argentina y Perú, las protestas de la oposición en Venezuela, el referéndum del Reino Unido, la campaña electoral en Estados Unidos… Es difícil abarcar sus variantes, características y causas peculiares. Este malestar es atizado, manipulado, contrarrestado, ninguneado (según sea el caso), por gente que ocupa posiciones de liderazgo en la sociedad (gobernantes, empresarios, políticos, intelectuales).

¿Qué hacer en este ambiente confuso, inestable, contradictorio, tironeado, si se confronta con realidades que vive gente molesta, enojada en busca cambios?

Lo primero: la libertad de pensamiento y creencias (religiosas y otras) debe ser garantizada, el derecho expresarlas y participar en acciones públicas para hacerlas valer, lo mismo. Segundo: esta libertad y el derecho que conlleva implican participar responsablemente, lo cual requiere informarse, ejercer la crítica y decidir con conocimiento de causa.

De lo contario, unos fantasmas que rondan en el ambiente se apoderan de uno: la demagogia y la mentira de líderes irresponsables, la indiferencia de gente que se decepciona por las trácalas y la corrupción, los prejuicios, la xenofobia y otras fobias, la descalificación de otros, la cerrazón mental, la fe ciega en lo que uno cree, el apasionamiento, el desquite, la venganza…

¿Qué hacer? – vuelve la pregunta. Mantener con firmeza la única forma civilizada de convivir en las diferencias: el régimen democrático con todo y sus defectos. Bien conocida es la sentencia que se atribuye a Winston Churchill (aunque parece que viene de otra fuente): «La democracia es una pésima forma de gobierno, solo que las demás son peores». Menos conocida pero igual de acertada es la respuesta a la pregunta de Karl Popper: «¿Cómo debe estar constituido el Estado para deshacerse de los malos gobernantes sin derramamiento de sangre?». A saber: las democracias modernas. (leer aquí)

¿De qué ejercicio de democracia se trata? No de uno en momentos puntuales (elecciones de gobernantes, plebiscitos, referendos), sino un ejercicio permanente de la razón crítica y del debate en la vida pública. Barack Obama lo dijo la Convención de Partido Demócrata: «La democracia funciona, pero tenemos que entrarle, no solo en un año electoral, sino todos los días entre uno y otro». A este propósito, Amartya Sen publicó un ensayo, El ejercicio de la razón pública, que todo el mundo debería leer. (aquí)

¿Por qué hacer esto? Los debates recientes previos a ejercicios puntuales de democracia (elecciones en España, Austria, Argentina, Perú; referéndum del Reino Unido; campaña electoral en Estados Unidos…), exigen participar con lucidez y espíritu crítico. La pasión sola (a favor de una posición u otra), no basta, hasta puede ser nefasta. Cuando están en juego bienes públicos de mucha monta, no se debe optar sin esclarecer el propio juicio, cerrándose al debate, rindiéndose de manera miope a demagogos, dejándose llevar por apasionamientos ciegos.

Este portal no es el medio apropiado para un debate sobre estas cuestiones. Con todo, presento unas preguntas e invito a seguir el debate en otro sitio. El malestar social que está aflorando con violencia tiene que ver en parte con los efectos de la globalización. Para ilustrarlo refiero a otro ensayo de Amartya Sen. (aquí).

Los tratados de libre comercio, ¿han sido o no beneficiosos? ¿A quiénes benefician (países, sociedades, personas)? Si no es un juego “ganan todos”, ¿quiénes pierden? ¿Qué daños trae el libre comercio? ¿Cómo revertirlos?

La movilidad (o inmovilidad) de las inversiones provoca otra movilidad (o inmovilidad), la de las personas. Se pierde el trabajo en unos países cuando el capital emigra a otros y, al revés, la gente emigra a países de donde no lo hay a donde lo hay. ¿Qué hacer en situaciones que son espejo unas de otras? ¿Hay alguna solución para millones de emigrantes que buscan salir de situaciones inhumanas? El capital de inversión directa que busca siempre mejores beneficios, ¿es el malo de la película, el feo, el bueno?

La crisis financiera de 2008 pegó durísimo. A ella se debe, según se dice, las políticas de restricción del gasto público, el estancamiento de los salarios, el deterioro de los servicios de seguridad, salud, educación. ¿Qué hacer con el capital especulativo, las inversiones de cartera y los bancos? En la campaña electoral de Estados Unidos, con el Senador Bernie Sanders a la cabeza, esta es una cuestión nodal.

Hay más preguntas, planteo estas para incentivar el debate, a fin de que la práctica democrática no sea solo un día de diversión para ir a votar. El debate sigue en el monoblog del Otro Pensador.

 

Agosto 2016



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Fr. Francisco Quijano O.P.
http://www.adorarenespiritu.org