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    N° 51 OCTUBRE 2017 PALABRA DEL MES    
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Una situación irregular

— por Jesús García Álvarez OP

 

La Iglesia está viviendo ya la última etapa de preparación de cara a la celebración del Sínodo de los Obispos acerca de la familia, que tendrá lugar los días 4 al 25 del mes de octubre del presente año. Es ésta una etapa de reflexión y de esperanza en el largo camino recorrido hasta ahora.

En la primera etapa (noviembre del 2013), la Secretaría del Sínodo envió un amplio cuestionario que fue respondido por cerca de 100 grupos y más de 350 diócesis. La segunda etapa la constituyó la III Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos (octubre, 2014), que trató de las respuestas recibidas al primer cuestionario. Las conclusiones de esta Asamblea Extraordinaria se recogieron en el documento final Relatio Synodi, que fue enviado, junto con 46 preguntas, a los miembros del Sínodo. El Papa Francisco ordenó que este documento fuera el Instrumento de trabajo de la próxima celebración del Sínodo en octubre de este año. El Sínodo tratará de La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y el mundo contemporáneo.

Como es fácil suponer, en estos documentos aparecen los problemas, los retos y desafíos, las “angustias y esperanzas” de las familias en el mundo actual. Aparecen, sobre todo, los casos de “las familias heridas”, en concreto, la situación irregular de los divorciados y vueltos a casar en un matrimonio civil. El Papa Francisco dedicó a esos casos la audiencia del 5 de agosto de este año. “Nada de puertas cerradas”, decía: los divorciados y vueltos a casar no están excomulgados. Todos pueden participar de alguna manera de la vida eclesial; todos pueden integrar la comunidad. Es preciso, pues, acompañarlos, acoger a esas personas “para que vivan y desarrollen cada vez más su pertenencia a Cristo y a la Iglesia con la oración, la escucha de la Palabra de Dios, la participación en la liturgia, la educación cristiana de los hijos, la caridad, el servicio a los pobres y el compromiso por la justicia y la paz.

¡Pero no pueden comulgar…! Y los que no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre no tendrán vida (cf. Jn. 6, 52). ¿Podrán los muertos formar parte de la comunidad cristiana? La fe en Cristo es la que realiza la unidad entre los cristianos. Pero también realiza la unidad el mismo pan y el mismo cáliz del que participan. El Papa Francisco nos decía en La alegría del Evangelio que la Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (n. 47).

¿Aprobará el próximo Sínodo la confesión y la comunión de los divorciados vueltos a casar? El Papa, al presentar las conclusiones de la III Asamblea Extraordinaria del Sínodo, pedía soluciones concretas y valentía a los Padres sinodales del próximo Sínodo. En los documentos preparatorios aparece mucha división y diferencia de opiniones. Todos están de acuerdo en la necesidad de un acompañamiento pastoral para las personas que viven en una situación irregular. Frente a los Padres sinodales que insisten en continuar con la disciplina actual, “otros se expresaron en favor de una acogida no generalizada a la mesa eucarística en algunas situaciones particulares y con condiciones bien precisas, sobre todo cuando se trata de casos irreversibles y vinculados a obligaciones morales para con los hijos, quienes terminarían por padecer injustos sufrimientos” (Relatio Synodi, n. 52).

Es claro que las soluciones actuales para que los divorciados vueltos a casar salgan de la “situación irregular” en la que viven son insuficientes. Se les pide que vivan como hermanos o que acudan a las autoridades diocesanas para lograr la declaración de nulidad de su primer matrimonio. Pero no se tiene en cuenta la diferencia entre el amor conyugal, cumbre del amor de amistad según santo Tomás, y el amor entre hermanos. Tampoco es suficiente agilizar los procesos de declaración de nulidad del primer matrimonio y hacerlos más accesibles, hasta totalmente gratuitos (Relatio Synodi, n. 48). ¿Y si ese matrimonio no se declara inválido?

No es fácil que el próximo Sínodo llegue a una solución total en esta materia. El Papa Francisco, citando a Juan Pablo II, insiste en la necesidad de discernir entre los distintos casos de los que han vuelto a iniciar una unión matrimonial. Por otra parte, la Relatio Synodi reconoce que todavía es preciso profundizar en este problema, “teniendo bien presente la distinción entre situación objetiva de pecado y las circunstancias atenuantes, dado que la imputabilidad y la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a causa de diversos factores psíquicos o sociales (Catecismo de la Iglesia Católica, n.1735).

Habrá, pues, que acudir a los antiguos enemigos del acto voluntario y libre: la ignorancia, el miedo, la presión social, la violencia. La libertad es un misterio, y lo es también el amor como decía sor Juana Inés de la Cruz. ¿Qué tribunal puede llegar a la profundidad del ethos de una persona para descubrir los motivos de sus actos o su grado de libertad? En la realidad del matrimonio sacramental interviene también la fe y el amor. ¿Podrá algún tribunal en este mundo determinar si se trató en un determinado matrimonio de una fe adulta o de un amor auténtico, “cumbre de la amistad humana”, o bien se trató de una fe heredada y sociológica y de un amor infantil?

Sería un grave error quedarse con la solución que dé el Sínodo a esas situaciones irregulares en que viven tantas personas y olvidar otros muchos aspectos del matrimonio y de la familia, que, sin duda, habrá de tratar. Seguramente esos aspectos aclararán las situaciones irregulares y ayudarán a encontrar la verdadera solución.

 

 

Septiembre 2015

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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