BIENVENIDA TALLERES BíBLICOS SABOREAR LA FE VIVIR LOS SACRAMENTOS BIBLIOTECA ARCHIVO
    N° 51 OCTUBRE 2017 CELEBRAR CON SALMOS    
HOMILÍA DOMINICAL
PALABRA DEL MES
ALABAR CON HIMNOS
CELEBRAR CON SALMOS
ORAR CON LA BIBLIA
LEER A LOS PADRES
TESTIGOS DE CRISTO
AVENTURA ESPIRITUAL
PARA MEDITAR
TESORO DE LAS RELIGIONES
POEMAS E IMÁGENES


Salmo 61: Tú, oh Dios, oyes mis deseos

— por Pascale Moisy OP

 

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. De David.

2 ¡Escucha, oh Dios, mi clamor,
atiende a mi plegaria!
3 Desde el extremo de la tierra hacia ti grito,
en el desmayo de mi corazón.

A la roca que se alza lejos de mí, condúceme;
4 pues tú eres mi refugio,
torre fuerte frente al enemigo.

5 Que sea yo siempre huésped de tu tienda,
y me acoja al amparo de tus alas.
6 Porque tú, oh Dios, oyes mis deseos;
tú me otorgas la heredad de los que temen tu nombre.

7 A los días del rey añade días
sus años, generación tras generación.
8 Reine por siempre ante la faz de Dios.
¡El amor y la verdad le guarden!

9 Entonces salmodiaré a tu nombre para siempre,
día tras día cumpliré mis votos.

 

● ● ●
 

Desde el extremo de la tierra hacia ti grito, en el desmayo de mi corazón. Grito de tantas personas alejadas, exiladas en razón de la violencia, la guerra, la política, de las creencias de sus tierras natales… De lejos se recuerdan de esta tierra tan querida, tierra donde nacieron, crecieron e igualmente donde muchas encontraron por la primera vez a su Dios. Cada persona emigrante, exilada, creyente puede reconocer en el grito del salmista su propio grito que sale del corazón, suplicando a su Dios que nunca lo olvide y sea su fuerza y su roca.

El salmo 61 es el primero de una serie hasta el salmo 68, que expresan la fe inquebrantable de un hombre piadoso exilado. Está constituido de dos partes: la primera de los versículos 2 a 6 y la segunda de los versículos 7 a 9.

El principio de este salmo comienza con notas de tristeza y desaliento de parte del salmista… tristeza que muy rápidamente es dominada cuando el salmista pone su confianza en Dios… en la confianza de que un día podrá regresar a esta tierra tan alejada y amada, conducido a la roca que se alza lejos de él. Pasamos de la súplica que brota desde lo más profundo del dolor del corazón a una oración de confianza en Dios. Él reconoce que frente al enemigo, al mal, cualquiera sea el lugar donde está, Dios sigue siendo su refugio frente al malvado. Él es la torre fuerte que lo protege siempre. Exilado, aprende poco a poco que Dios no está con él solo en un lugar –el Templo, Jerusalén– sino también está presente en él.

Para nosotros cristianos, el reconocimiento de Jesucristo como Hijo de Dios nos hace descubrir un Dios Padre que por su Hijo Jesucristo, piedra angular de nuestra fe, con la acción del Espíritu Santo está vivo en nosotros. Él es la roca, la torre frente al enemigo, Él nos acoge al amparo de sus alas. Dios se hace presente, protector, se da a conocer de diversas formas: en su palabra, en la encarnación de su Hijo, en el cara a cara íntimo de la oración, en el rostro de mis hermanos y hermanas, en la construcción de su reino.

Después de esta súplica personal del salmista a su Dios en tierra extranjera, se vuelve hacia Dios con una nueva y diferente petición, solicitando una larga vida y una protección divina del rey. Muchos exegetas ven en el salmista la persona del rey David. El primer versículo del salmo se inscribe en esta lectura: “Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. De David.” El autor del salmo en su escritura pasa de la primera persona del singular –primera parte del salmo– a la tercera persona del singular cuando habla del rey, pero son la misma y única persona que se expresa, a saber, el rey. Gracias a la persona del salmista como el rey David, la unidad del salmo se cumple. El salmista se vuelve un rey fugitivo, exilado, con miedo, buscando el auxilio de su Dios frente a sus enemigos, Algunos biblistas atribuyen este salmo a la huida de David a Majanain (2 Samuel 16-17) en la época de la revuelta de Absalón. Él se sabe elegido por Dios y por esto pide a Dios que añada días, años a él y a su heredad (2 Samuel 7,13) y “que reine por siempre ante la faz de Dios, que el amor y la verdad le guarden”. La gracia o amor perdona, levanta, protege y la verdad o fidelidad preservan del error y hacen caminar en la senda de Dios. Estos valores son fundamentales para seguir el camino de Dios. Como cristianos, estamos igualmente invitados a invocar al Señor y pedirle que nos guarde para protegernos al luchar contra el enemigo.

Entonces salmodiaré a tu nombre para siempre, Día tras día cumpliré mis votos. El salmista concluye el salmo con una alabanza y una promesa. Su confianza es ahora total en Dios, que lo librará de todo mal y estará siempre presente en él. De una oración que es un grito al principio, el salmo termina en la luz y la esperanza que con Dios todo es posible.

Que este salmo acompañe a todas las personas exiladas, migrantes por necesidad, en toda la tierra. Que puedan encontrar en sus caminos la cercanía, el amor y las huellas misericordiosas de Dios. En un mundo donde tantas personas tienen que dejar su tierra, que Dios les acompañe y les proteja con el mismo cuidado que lo hizo al rey David.

 

 

Agosto 2015



www.adorarenespiritu.org

Fr. Francisco Quijano O.P.
http://www.adorarenespiritu.org