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Malala Yousafzai: La niña más feliz del mundo

Malala Yousafzai nació en Mingora, Pakistán, 12 de julio de 1997. Obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 2014 a los 17 años. Es hija de Toorpekai y Ziauddin Yousafzai, tiene dos hermanos.

A finales de 2008 un corresponsal de la BBC en Peshawar contactó Ziauddin Yousafzai, mamá de Malala, profesora en una escuela primaria, para ver si alguna escolar quisiera escribir de manera anónima en un blog acerca de la situación bajo el régimen talibán, que había prohibido la televisión, la música, la educación de niñas y que las mujeres fueran de compras. La propia Ziauddin propuso que fuera su hija, Malala, de porque otras familias tenían temor a hacerlo.

Un año después, el 9 de octubre de 2012, los talibanes interceptaron el autobús escolar en el que Malala viajaba. Uno de ellos gritó: «¿Quién de ustedes es Malala? Díganlo o las mato a todas». Al identificarla le disparó, una bala le pegó en la frente, pasó por la cara y el cuello bajo su piel y llegó hasta el hombro. Fue llevada de inmediato a un hospital militar en Peshawar. Dos niñas más fueron heridas, Kainat Riaz y Shazia Ramzan, pero pudieron dar cuenta del atentado a los periodistas.

Malala fue trasladada días después al hospital Queen Elizabeth de Birmingham, Inglaterra, donde fue sometida a una cirugía reconstructiva. En marzo de 2015 volvió a clases en la escuela de niñas Edgbaston High School de la ciudad. Participó en mayo de 2014 en la campaña por la liberación de las jóvenes nigerianas secuestradas por el movimiento Boko Haram.

«Cuento mi historia – dice Malala – no porque sea única, sino porque no lo es. Es la historia de muchas niñas».


 

Agradecimiento por el Premio Nobel de la Paz
 

Bismillah hir rahman ir rahim

En el nombre de Dios, el más compasivo, el más misericordioso

Vuestras Majestades, Vuestras Altezas Reales, distinguidos miembros del Comité Noruego del Premio Nobel,

Queridas hermanas y hermanos, hoy es un día enormemente feliz para mí. Me siento abrumada por haber sido escogida para recibir este precioso premio por el Comité Nobel.

Gracias a todos vosotros por su continuo apoyo y amor. Gracias por las cartas y tarjetas que recibo todavía de todas partes del mundo. Vuestra bondad y vuestras palabras entusiastas me fortalecen e inspiran.

Quisiera agradecer a mis padres por su amor incondicional. Gracias a mi padre por no haberme cortado las alas y haberme dejado volar. Gracias a mi madre por haberme inspirado a ser paciente y a decir siempre la verdad – que creemos firmemente ser el mensaje verdadero del Islam. Y también gracias a todas mis maravillosas profesoras, que me inspiraron tener fe en mí y ser valiente.

Estoy orgullosa, es más, muy orgullosa de ser la primera Pashtún, la primera pakistaní, y las persona más joven en haber recibido este premio. Junto con esto, con todo esto, estoy completamente convencida de que soy la primera galardonada con el Premio Nobel de la Paz que lucha todavía con sus hermanos más jóvenes. Quiero que haya paz en todas partes, por eso mis hermanos y yo estamos luchando por ello.

Tengo el honor de recibir este premio junto con Kailash Satyarthi, que ha sido un campeón a favor de los derechos de los niños desde hace mucho. El doble, de hecho, de los años que yo he vivido. Estoy orgullosa de que podamos trabajar juntos, podemos hacerlo y mostrar al mundo que un hindú y una pakistaní pueden trabajar juntos y lograr nuestras metas en la lucha por los derechos de los niños.

Queridos hermanos y hermanas, mi nombre viene de la inspiradora Malalai de Maiwand, la Juana de Arco Pashtún. La palabra Malala significa “estar desconsolada, triste”, pero a fin de darme un poco de felicidad, mi abuelo me llamaba siempre “Malala, la niña más feliz del mundo”, y hoy justamente estoy muy feliz porque estamos luchando juntos a favor de una causa importante.

Este premio no es solo para mí. Es para esas niñas y niños olvidados que quieren ser educados. Es para esas niñas y niños atemorizados que quieren la paz. Es para esas niñas y niños que no tienen voz y quieren cambiar.

Yo estoy aquí para reivindicar sus derechos, para ser su voz… Ya no son tiempos para tener lástima de ellos. Son tiempos para la acción, para que sea esta la última vez, la última vez, para que sea de veras la última vez que a un niño, a una niña, se le prive de educación.

He encontrado mucha gente que me describe de maneras muy diferentes.

Algunos me llama la niña que fue baleada por el talibán.

Y otros, la niña que luchó por sus derechos.
 

Responsable de la publicación: Francisco Quijano

Junio 2015



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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