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    N° 51 OCTUBRE 2017 PARA MEDITAR    
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Proclamado por mujeres. La ejecución de Jesús y la teología de la cruz

por Elisabeth Schüssler Fiorenza

 

En su obra Cristología feminista crítica, Elisabeth Schüssler Fiorenza muestra cómo los relatos y las enseñanzas sobre figuras de la Sabiduría que impregnan toda la urdimbre del Testamento Cristiano fueron desde casi los inicios, revestidos de un lenguaje «kyriocéntrico». Sirviéndose de este neologismo —por ella acuñado— como instrumento hermenéutico, Schüssler Fiorenza señala el modo en que las identidades cristianas fueron moldeadas desde los comienzos en estructuras masculinistas y excluyentes, y propone un nuevo marco de interpretación desde donde puedan transformarse en una perspectiva de justicia y bienestar inclusivos, que es la propia del Reinado de Dios.
 

«Así establece los vínculos existentes entre cuestiones tales como la reivindicación de la autoridad religiosa y teológica de las mujeres con las luchas por la democracia universal, la justicia económica y el bienestar para todos. Al mostrar las consecuencias públicas implícitas en toda representación cristológica, además marca los límites y las posibilidades de los distintos enfoques feministas sobre el símbolo central de la fe cristiana.

Es difícil probar qué tradición fue primaria, la de la «tumba vacía» asociada con las mujeres o la de la «experiencia de visión» que autorizaba a los hombres. Es igualmente difícil de determinar si la tradición de la tumba vacía y el relato narrativo de la muerte, entierro y resurrección de Jesús fueron articulados y transmitidos originalmente por mujeres. Cualquiera que haya sido el caso desde un punto de vista histórico, privilegiar la «tradición de mujeres» puede funcionar como medio heurístico para desarrollar y adjudicar nuestra propia construcción de sentido frente a la violencia y las matanzas hoy. Al privilegiar la tumba vacía como el espacio originador de las proclamaciones de que Jesús de Nazaret, el Crucificado, ha sido vindicado, el anuncio de esta «realidad de la resurrección» abre ante nosotros un camino hacia el futuro mesiánico.

Los textos de la tradición de la tumba vacía toman en serio el sufrimiento y la muerte, pero no los ven como poseedores de la «última palabra» o como un valor religioso-teológico en sí mismos. Puesto que D**s estuvo ausente en la ejecución del Justo, la presencia de las mujeres al pie de la cruz es un testimonio de esta ausencia. La tumba es la brutal realidad final que eclipsa a D**s y ahoga todas las posibilidades para el futuro. ¡Pero la «tumba está vacía»!

Consiguientemente, los textos sobre la tumba vacía son ambiguos en la medida en que dejan sin resolver lo que realmente aconteció con el cuerpo de Jesús. Los relatos que contienen dan valor a una práctica compasiva consistente en honrar a quienes se les ha dado muerte de forma injusta. Celebra a las mujeres como testigos fieles que no abandonan su compromiso y solidaridad con los que caen en la lucha en contra de los poderes deshumanizadores. Y lo más importante es que afirman que la lucha de Jesús no terminó con su ejecución y muerte. ¡La tumba está vacía! Pero el Viviente no se «va», no nos deja luchar solos mientras él «sube al Padre» para vivir en la gloria celestial.

La tumba vacía no significa una ausencia sino una presencia: anuncia la presencia del Resucitado que va delante en el camino, en un espacio particular de lucha y reconocimiento como es Galilea. El Resucitado está presente en los «insignificantes», en las luchas por sobrevivir de los empobrecidos, hambrientos, encarcelados, torturados y asesinados, en los desgraciados de la tierra. La tumba vacía proclama la presencia del Viviente en la ekklesia de mujer*s reunidas en el nombre de Jesús, en los rostros de nuestras abuelas que han luchado por su supervivencia y por su dignidad. Jesús va delante; no se va: eso es lo que se les dice a las mujeres en los Evangelios, y a nosotros con ellas.

A diferencia de todo esto, la tradición de las visiones de aparición de la fórmula confesional transmitida en 1 Cor 15,3-8 pretende que la experiencia religiosa individual masculina sea una experiencia que confiere autoridad. Jesús está «ausente»; ha vuelto al cielo, donde está sentado a la diestra de D**s Padre. Su presencia es accesible únicamente en forma de visión y sólo a algunos: apóstoles, profetas y personas «espirituales» con dones especiales. Su muerte ya no es una ejecución, sino una «expiación sacrificial»; ya no una deshumanización violenta, sino una auto-inmolación obediente; ya no un encontronazo con la fuerza bruta, sino una victimización aceptada voluntariamente. El sufrimiento se vuelve revelador de una realidad religiosa más importante. La brutal tortura de la crucifixión ya no habla de la realidad política del poder kyriarcal y de la victimización sistémica, sino que se vuelve un símbolo religioso. Su «revelación» no autoriza a todos, incluidas las mujeres, a que «vayan y digan», sino que circula dentro de las luchas de poder de quienes pretenden tener la «autoridad ». Ya no se valida a sí misma, sino que necesita pruebas de la Escritura y la tradición.

Sólo si situamos las articulaciones cristológicas feministas dentro del espacio ambiguamente abierto de la «tumba vacía» y del «camino» abierto «a Galilea», podremos rechazar todas las interpretaciones «platónicas», «espiritualistas» que entienden el sufrimiento y la victimización como «reveladoras» de una realidad más elevada, más importante, de una vida mayor y más valiosa que las vidas de los que son «crucificados» diariamente».

 

• Elisabeth Schüssler Fiorenza, Cristología feminista crítica. Jesús, Hijo de Miriam, Profeta de la Sabiduría. Ed. Editorial Trotta, Madrid 2000, pp. 179-181.

• He Qi: Las mujeres encuentran la tumba vacía

Responsable: Fr. Domingo Cosenza
 

Abril 2015



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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