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    N° 51 OCTUBRE 2017 HOMILÍA DOMINICAL    
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Domingo 27º durante el año

Botón homilético                                                                                               Francisco Quijano OP

 

Domingo 27º durante el año (5.10.2014): Mateo 21, 33-43

● La parábola de los viñadores homicidas fue contada como la anterior a los sumos sacerdotes y los ancianos. Es dramática, la intensidad del drama es expresamente exagerada.

● Tiene dos claves de interpretación. Una, la original, corresponde al momento de la vida de Jesús en que fue contada. Su significado viene dado por el dicho final: «Les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes para dárselo a un pueblo que produzca sus frutos».

● Otro significado es posterior a la muerte y resurrección de Jesús: la aplicación alegórica de lo sucedido al hijo del propietario al propio Jesús. Lo hizo la primera comunidad pascual refiriendo el salmo 118 (v. 22) a Jesús: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular».

● Doble juicio. Uno histórico: el Reino de Dios pasó del pueblo de la antigua alianza al de la nueva. Otro abierto al futuro: la piedra angular en la construcción de una humanidad nueva es Jesús. ¿Construiremos sobre esa piedra o la desecharemos?

 

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Claves para la homilía                                                                           Julián Riquelme OP
 

Domingo vigésimo séptimo del Tiempo durante el año: Mt 21, 33-43

Contexto. Palestina, año 30: Después de la “purificación del templo”, los sacerdotes protestan en forma airada. ‒ Antioquía (Siria), año 80: El Reino es para todos. Por eso, se recuerda a los de mentalidad judía, la fidelidad de Dios Padre hacia el antiguo Israel (cf. Mt 21,33.39); se dialoga con ellos, para que se den cuenta del grave error, en que se encuentran y se abran a los paganos (cf. Mt 21,40-43).

Sentido. Estamos ante la “alegoría de los viñadores homicidas”, donde, a cada elemento metafórico, corresponde un elemento real. He aquí los ejes principales del relato:

Elementos de la alegoría. En el texto, la "viña" es el antiguo pueblo de Israel; el "dueño" representa a Dios, que es el único Señor de la vida humana y de la tierra; los "viñadores" simbolizan a los líderes religiosos judíos de entonces; los "servidores" son figura de los antiguos profetas; y el "hijo" es el Mesías Jesús.- Separar a Dios de los seres humanos, es crear ídolos externos, que propician el individualismo y no el crecimiento comunitario.

Dos procesos en crecimiento. Por un lado, Dios extrema los cuidados para con su pueblo (a la "viña" le construye un "cerco", un "lagar", y una "torre de vigilancia"); desea intensificar la vivencia de la Alianza (doble envío de "servidores"); y decide hacerse especialmente presente en medio de los suyos a través de su hijo Jesús. Por otro lado, el pueblo se aleja de su Dios, principalmente a causa de los dirigentes injustos (violencia contra los "servidores" y asesinato del "heredero" de la viña). ‒ Si en nuestro interior descubrimos alguna queja contra Dios, no hemos entendido nada de lo que Dios es para nosotros, y nuestra relación con Dios es inadecuada.

Diálogo al final de la alegoría. Cristo formula dos preguntas a la conciencia de sus interlocutores: Desea el arrepentimiento y la conversión de ellos. Así quienes tienen mentalidad judía no seguirán frustrando la vocación del pueblo: Anunciar el Mesías a todas las naciones (cf. Mt 21,40-42; Lc 2,32). ‒ Cuando en nosotros falta la autocrítica, podemos confundir indebidamente los derechos de Dios con nuestros propios derechos.

♦ Actualización: ¿Y nosotros? Como nuevo Pueblo del Señor, los bautizados y bautizadas somos hoy la "viña" elegida, cuidada, amada. Se espera de nosotros frutos del Amor, de justicia, de misericordia, de lealtad y de solidaridad, porque vive entre nosotros Jesucristo, el Mesías, el Ungido de Dios. Su Reinado no está encadenado a ninguna nación, raza o esquema de vida de un pueblo, sino que debe abrirse permanentemente a los otros (cf. Mt 21,43; 2 Tm 2,9). ‒ Nuestra misión es buscar el bien de los seres humanos.

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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