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    N° 51 OCTUBRE 2017 HOMILÍA DOMINICAL    
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Domingo 26º durante el año

Botón homilético                                                                                               Francisco Quijano OP

 

Domingo 26º durante el año (28.9.2014): Mateo 21, 28-32

● Buen número de parábolas de Jesús fueron contadas para los sumos sacerdotes, los ancianos del pueblo, los fariseos y los letrados. Resultaban explosivas para ellos. ¿Qué nos dicen ahora?

● Desde hace varios domingos venimos escuchando parábolas y enseñanzas acerca del núcleo del misterio de Dios y de nuestra relación con él: Dios es bueno de una bondad fuera de toda expectativa humana, Dios es amor incondicional y totalmente inclusivo.

● La parábola de los dos hijos libera su energía nuclear en palabras del propio Jesús: «Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el reino de Dios».

● ¿Quiénes están dispuestos a acoger la amistad incondicional de Dios? Dos pasajes en Lucas aclaran el mismo punto: la parábola en acción de la pecadora que unge a Jesús (Lc 7, 36-50) y la parábola contada del fariseo y el publicano (Lc 18, 9 -14).

 

• Centro Aletti: Iglesia de San Juan Bautista. Smederevo, Serbia, 2007

 

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Claves para la homilía                                                                           Julián Riquelme OP
 

Domingo vigésimo sexto del Tiempo durante el año: Mt 21,28-32

● Contexto. - Palestina, año 30: Después de la “purificación del templo”, los jefes del pueblo preguntan a Jesús con qué autoridad actúa así. Él les responde con otra pregunta: ¿El bautismo de Juan era cosa de Dios o cosa humana? No se atreven a contestar, y Jesús les narra esta parábola. - > Antioquía (Siria), año 80: El Reino de Dios es para todos. Por eso, lo importante no es creerse perfectos por cumplir externamente leyes, sino saber rectificar lo que se ha hecho mal, con obras en pro del crecimiento de la Vida.

● Sentido. El tema del Evangelio es “La parábola de los dos hijos”. En ella se pueden distinguir tres partes:

Relato parabólico (21,28-30). El primer hijo representa a los publicanos y a los pecadores, que no conocían la ley y buscaban hacerse más humanos, porque se sabían necesitados. El segundo hijo es figura de los sumos sacerdotes y los ancianos, que consideraban que no tenían nada de qué arrepentirse, se creían perfectos, porque decían “sí” externamente a todos los mandamientos de la ley; sin embargo, rechazaban el cambio que Jesús les ofrece.- Lo único que Dios quiere es el bien de todos los seres humanos. Cumplir externamente los mandamientos de Dios y esclavizar a hombres y mujeres, es lo más contrario al mensaje de Jesús.

Primera aplicación dirigida a los interlocutores (21,31). El Nazareno ofrece a los jefes de su pueblo la primera posibilidad de interpretar la parábola. En el fondo les dice: Dios comprende nuestra limitación y da la posibilidad de rectificación, después de “recapacitar”. Los errores cometidos pueden ayudarnos a encontrar el camino verdadero, que es tratar de imitar la actitud de Amor de Dios Padre hacia todos sus hijos e hijas. - Tenemos que aceptar nuestras limitaciones, porque son parte de nuestra naturaleza. No podemos pretender, ni para nosotros ni para los demás, la perfección en el más alto grado.

Segunda aplicación haciendo mención del Bautista (21,32). Jesús llama de manera más explícita a la “conversión” a sus interlocutores, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Cuando queremos que un ser humano sea pluscuamperfecto, estamos exigiéndole que deje de ser humano. Todo lo que somos lo hemos conseguido a base de corregir errores. Los seres humanos estamos siempre en construcción. La experiencia dice qué es lo que me deteriora como persona y qué es lo que me permite crecer. Ser hijo de Dios significa imitarle, como se dijo, en la búsqueda del bien de todos. Lo importante es tomar conciencia de que hay que trabajar por los demás, porque de lo contrario no daremos un paso hacia la plenitud de la Vida. - Dios, que es Amor, demuestra conocernos muy bien cuando perdona. Aprender a perdonarse y seguir a delante, es de sabios.

 

 



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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