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Salmo 133: Alabanza a la vida en comunión

por Gabriela Vergara Ríos

 

¡Oh Qué bueno y qué dulce
habitar los hermanos todos juntos!

Como ungüento fino en la cabeza
que baja por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la orla de su vestidura.

Como el rocío del Hermón,
que baja por las alturas de Sión.
Allí el Señor la bendición dispensa,
la vida para siempre.

 

Este salmo pertenece a los llamados salmos de peregrinación. Es una sencilla pero muy diciente alabanza a la vida en comunidad.

v1 ¡Oh Qué bueno y qué dulce habitar los hermanos todos juntos!  El salmista presenta la vida en comunidad, la fraternidad por medio de dos comparaciones:

v2 Un ungüento perfumado. Este recuerda el aceite aromático con el que son consagrados y perfumados los sacerdotes, según nos lo presenta el libro del Éxodo 30, 23-31: “…prepararás con ello el óleo para la unción sagrada, perfume aromático como lo prepara el perfumista. Este será el óleo para la unción sagrada.”

También en Levítico 21, 10.12: “El sumo sacerdote, superior a sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el óleo de la unción… lleva sobre sí la consagración del óleo de la unción de su Dios”.

Este ungüento penetra por los sentidos, lo llena todo, se desliza hasta la barba sedosa de Aarón, imagen que nos remonta al sentido litúrgico, el sacerdocio, que a la vez nos lleva al espacio sagrado el Templo.

Un ungüento perfumado, un aroma que también todos estamos llamados a difundir según nos lo recuerda Pablo en 2 Cor 2, 14-15: “por nuestro medio difunde en todas partes el aroma de su conocimiento. Porque nosotros somos el aroma de Cristo ofrecido a Dios…”.

v3a El rocío del Hermón: Este es capaz de penetrar y saturarlo todo fertilizando el territorio de Sión.

Es pues un rocío que posibilita la vida; desde donde Dios bendice y da su protección (Salmo 134, 3).

v3b La bendición del Señor: Esta experiencia de fraternidad según lo presenta el salmista permite gozar de la bendición del Señor, es decir, de la vida para siempre: “Allí el Señor la bendición dispensa, la vida para siempre”

Hoy más que nunca necesitamos de los otros, de la experiencia de comunidad, de la vida en relación que permita expandir el buen aroma del ungüento de la fraternidad ahí en donde el individualismo se manifiesta.

Este salmo es una invitación que nos habla de fraternidad, de proyectos en común que superan todo individualismo y egoísmo.

Que buen estímulo es entonces escuchar al salmista que con ánimo confiado nos repite: «¡Qué agradable y delicioso es que los hermanos vivan unidos!»

 

 

Agosto 2014



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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