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Diálogo de Jesús con Tomás y Felipe

por Lucy Sánchez Salguero OP

 

En libro del Éxodo (33, 12-20) encontramos la oración que Moisés le dirige a Yahveh .Es un diálogo íntimo y profundo que Moisés sostiene con Dios y que concluye con la petición que ilumina nuestra reflexión:

Entonces dijo Moisés: “Déjame ver, por favor, tu Gloria”. Él le contestó: “Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre de Yahveh; pues hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien tengo misericordia.

Así, pasamos al texto del Evangelio de Juan (14, 3-11). Nos detendremos en el diálogo de Jesús con dos de sus discípulos:

Cuando haya ido y les tenga preparado un lugar volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino para ir a donde yo voy.

Le dice Tomás: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Le dice Jesús: “Yo  soy el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre si no es por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también al Padre. En realidad, ya lo conocen y lo han visto”.

Le dice Felipe: “Señor, enséñanos al Padre y nos basta.” Le responde Jesús:” Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre: ¿Cómo pides que te enseñe al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las digo por mi cuenta; el Padre que está en mí es el que hace las obras. Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; si no, créanlo por las obras.

Este diálogo ocurre en un momento de despedida. Jesús está comunicando a los apóstoles las verdades más profundas de su vida, de su existencia y de lo que significa vivir para otros. Jesús se auto revela como el camino que  lleva a Dios; se presenta igual a Dios que es Padre. Esta revelación de Jesús, como camino, verdad y vida, es profundamente significativa para la fe de sus discípulos; pues la propuesta de Jesús es que lleguen un día al mismo destino que Él y ese destino es la casa del Padre.

Jesús no solamente está preparando el hogar celestial, sino también está preparando un lugar en el cual los apóstoles participarán en la obra del Reino. La condición es seguir el camino marcado por Jesús, sabiendo que Él mismo es el camino y tendrán que transitar con Jesús y en Jesús para llegar al Padre. Sólo así es posible experimentar a Dios, porque nadie puede llegar al Padre sino por Jesús.

Repetidas veces Jesús afirma su perfecta identidad y unidad con el Padre, y en esta afirmación podemos ver cómo se entrelazan el amor y el conocimiento que son dos dimensiones que forman el dinamismo principal del ser humano.

La intervención de Tomás interrumpe el discurso maravilloso de Jesús después de la Cena. Tomás no acaba de comprender que la separación que produce la muerte puede dar paso a la vida del Padre. La separación-muerte es para él el final del camino. No ha entendido que no hay un Padre totalmente distinto al Hijo.

Del escepticismo de Tomás pasamos  a la petición de Felipe: Señor, muéstranos al Padre y nos basta.

Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y no me conocen? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices muéstranos al Padre?

La respuesta de Jesús es una verdadera lección, casi un reproche. Felipe tampoco ha descubierto quién es verdaderamente Jesús. Felipe quería ver al Padre con sus propios ojos porque no entendía que Jesús era perfecta revelación, representación del Padre. Le costaba entender que Dios estaba físicamente entre ellos en la persona de Jesús de Nazaret. ¿No crees que yo  soy  en el Padre y el Padre en mí? Para probar esta afirmación les recuerda lo de sus palabras y sus obras.

Creo que la expresión tan sencilla y tan profunda de Felipe: Muéstranos al Padre y nos basta, expresa también los momentos en que nuestra oración se hace particularmente breve, profunda y filial. Entonces, no podemos decir que no sabemos rezar ni podemos decir que no tenemos tiempo para orar, porque el Espíritu grita en nuestro interior: ¡Abbá, Padre! (Gal 4,6)

Que el encuentro con la Palabra nos ayude a tener diálogos profundos con Dios: Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.

 

* Yo soy la vid: Icono ortodoxo del siglo XVI - Museo Bizantino de Atenas

 

 

Junio 2014



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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