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    N° 51 OCTUBRE 2017 PARA MEDITAR    
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Somos el ser que hace preguntas y al que le importa la verdad

por Sir Arthur Eddington

 

Sir Arthur Eddington (1882-1944) fue uno de los primeros físicos teóricos que comprendió la teoría general de la relatividad, y dirigió luego la expedición que fotografió el eclipse solar del 29 de mayo de 1919 en la Isla Príncipe en el Golfo de Guinea, que dio sustento empírico a dicha teoría.

 

¿Cuál sería la verdad última respecto de todos nosotros? Hay diversidad de respuestas. Somos una porción equivocada de materia estelar. Somos maquinarias físicas muñecos que se contonean, parlotean, ríen y muren, según tira de las cuerdas la mano del tiempo. Pero hay una respuesta elemental, insoslayable. Somos lo que plantea la pregunta. Sea lo que sea lo que puede haber en nuestra naturaleza, la responsabilidad con respecto a la verdad es indudablemente uno de sus atributos. Este aspecto de nuestra naturaleza está a salvo del escrutinio de los físicos. No me parece que baste con admitirlo como un aspecto mental de nuestro ser. Tiene que ver con la conciencia más que con el mero estar consciente. La preocupación por la verdad es uno de los ingredientes de la naturaleza espiritual del ser humano. Nuestra naturaleza espiritual tiene también otros elementos, la admisión de cuya existencia no se puede forzar tan fácilmente.

No podemos reconocer que la experiencia nos plantea un problema, sin al mismo tiempo reconocernos implicados en él como buscadores de la verdad. La extraña asociación de alma y cuerpo de responsabilidad por la verdad, por una parte, y un grupo particular de derivados del carbono, por otra es un problema por el que de forma natural nos sentimos intensamente interesados, pero ese interés está desprovisto de ansiedad, como sería si de veras estuviéramos cuestionando la existencia de un significado espiritual en la experiencia. Más bien hay que considerar a ese significado como un dato del problema; la solución debe adecuarse a los datos; no debemos alterar los datos para que encajen en una pretendida solución.

Sería tonto negar la magnitud del abismo que separa la comprensión que tenemos de la forma más compleja de materia inorgánica y de la forma de vida más sencilla. Supongamos, sin embargo, que un día ese abismo llegara a salvarse, y que la ciencia fuera capaz de mostrar la manera de formar, a partir de las entidades físicas, criaturas dotadas incluso de vida. El científico podría tal vez describir el mecanismo nervioso de semejante criatura, su capacidad de movimiento, de crecimiento, de reproducción, y acabar diciéndonos: «Es como tú». Pero todavía tendría que superar la prueba insoslayable: «¿Le preocupa la verdad lo mismo que a mí? Si es así, le reconoceré como igual a mí».

El científico podría mostrarnos los movimientos que tienen lugar en su cerebro, y explicarnos que se trata realmente de sensaciones, emociones, pensamientos; podría incluso proporcionarnos un código para traducir sus movimientos en los pensamientos correspondientes. Pero incluso aceptando todo esto como un sustituto inadecuado de lo que conocemos como conciencia, aún tendríamos que protestar: «Nos ha mostrado usted una criatura capaz de pensar y de crecer; pero no nos ha enseñado una criatura a la que le importe que lo que piensa y cree es verdad».

Este íntimo yo, que posee ese atributo que he considerado insoslayable, no puede nunca formar parte del mundo físico, a menos que alteremos el significado de la palabra «físico» hasta hacerlo sinónimo de «espiritual» cosa que contribuiría escasamente a poder pensar con mayor claridad. Pero tras haber descalificado a nuestro supuesto doble, podemos decirle al científico: «Si consigue usted que este robot que pretende ser igual a mí adquiera la cualidad que actualmente le falta, y quizá también otros atributos espirituales que me parecen igualmente evidentes, puede que consigamos algo que se parezca realmente a mí».

 

* W. K. Heisenberg y otros, Cuestiones cuánticas. Escritos místicos de los físicos más famosos del mundo. Barcelona: Kairós, 1987, pp.250-251.

Responsable: Francisco Quijano OP

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Noviembre 2012



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