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    N° 51 OCTUBRE 2017 PALABRA DEL MES    
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La belleza y la experiencia de Dios

por Francisco Quijano

 

«¡Tarde te amé, Belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!». San Agustín se lamenta de haber encontrado a Dios tardíamente. Pero lo más destacado de esta sentencia suya bien acuñada y muy citada es su forma de hablar de Dios: Belleza tan antigua y tan nueva.

La belleza de una obra de arte es siempre antigua y siempre nueva. No envejece. Tampoco esas esas creaciones de arte menor que son las artesanías. No tienen el lustre de otras obras, pero guardan una lozanía perenne.

Esta característica les viene de su origen: son creaciones, llevan ínsita la novedad, están brotando siempre de su fuente. El artista que crea estas obras o la tradición artesanal que las cultiva han tomado materiales –madera, tintes, hilados, ritmos, sonidos, palabras– y con ellos han dado forma a una realidad nueva que no se hallaba en ellos. Esta proviene del genio creador del artista y de la tradición. Con esta novedad de su creación, los materiales alcanzan un nivel superior de ser, abren horizontes de exploración, invitan a una integración armoniosa de los sentimientos.

El deleite en una obra de arte, el gusto por una artesanía –contemplarla, escucharla, recitarla, danzarla, cantarla, adornarse con ella– elevan nuestro ser, nos abren a dimensiones desconocidas, evocan sentimientos latentes. Al gozar estas creaciones nos recreamos en un doble sentido: entramos a ese ámbito de la ociosidad que llamamos recreo, no hacer nada, solo jugar; y al salir de allí, volvemos a la vida de todos los días recreados, con nuevas dimensiones de nuestro ser. La creación artística –ese ser más de los materiales originales– invita a nuestra propia recreación –ese ser más que tenemos latente–.

La afinidad de la obra de arte y de su disfrute con Dios –Belleza antigua siempre nueva– está en la experiencia de ir a la fuente, a los orígenes del ser. En nuestro caso, es una experiencia limitada de exploración hacia los orígenes –no somos Dios, no creamos de la nada–. En Dios, esta realidad es el origen y la fuente de toda novedad. Él es la Novedad, la Fuente, el Origen del Ser. Todo está naciendo siempre en Él por El.

¿Qué dice una obra de arte? ¿Qué significa? ¿Qué quiso decir su autor en este poema, qué representó este pintor, qué comunica este compositor? Las preguntas vienen espontáneamente, en particular ante a obras que nos resultan extrañas, raras, complicadas, abstrusas.

La respuesta no es de orden conceptual –algo que pueda yo explicar– es de orden vivencial. Tomás de Aquino acuñó una sentencia diáfana: pulchum est quae visa placent bello es lo que al contemplarlo agrada. La belleza te invita a complacerte en ella: cómo te recreas al disfrutarla, cómo eres más tú después de haberla gustado, cómo ves el mundo con otros ojos, cómo comulgas en ella con tus semejantes…

La vivencia de la belleza nos da un regusto fugaz de su fuente: Dios. Él es la fuente del Ser, la Belleza, el Bien, la Verdad. Por él todo está naciendo a ser, por él todo es bello, bueno, verdadero. Su Amor crea bondad en todas las cosas. Su gracia, don de amor, nos comunica su belleza, por ella le agradamos, somos su complacencia.

La vivencia del arte es un misterio envuelto en el silencio: emprender una exploración hacia las fuentes de la creación, al origen del ser y la belleza. Llama a silencio, el silencio la acompaña.

En semanas pasadas murieron dos grandes creadores: Claudio Abbado y José Emilio Pacheco. El director de orquesta italiano tuvo influjo en todo el mundo mediante el “lenguaje sin palabras” de la música, que puede disfrutar cualquiera sin limitaciones de lengua o cultura. El poeta mexicano irradió en el ámbito de nuestra lengua y más allá por sus traducciones, las suyas de otras lenguas y las suyas a otras lenguas.

Abbado envolvió sus interpretaciones en el silencio: escuchar el silencio, escucharse, escuchar a la gente, escuchar la música... Pacheco escribió poesía de intensidades fugaces, instantáneas en el fluir del tiempo, momentos recreados que al pasar dejan una estela de silencios…

Goza en estas páginas a estos dos artistas: Abbado en Aventura espiritual, Pacheco en Poemas e imágenes.

 

* Ilustración: Vicent Van Gogh - Noche estrellada

Febrero 2014



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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