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Salmo 23: El Señor es mi pastor

por Gabriela Vergara

 

A la luz de Jesús el Buen Pastor (Jn 10, 1-10)

El Señor es mi Pastor, nada me falta: 
en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas 
y repara mis fuerzas; 
me guía por el sendero justo, 
por el honor de su nombre. 

Aunque camine por cañadas oscuras, 
nada temo, porque tú vas conmigo: 
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, 
enfrente de mis enemigos; 
me unges la cabeza con perfume, 
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan 
todos los días de mi vida, 
y habitaré en la casa del Señor 
por años sin término.

 

● ● ●

 

Un sentimiento de profunda confianza en Dios –expresado en un lenguaje de incomparable belleza poética– es la característica de este salmo.

En la primera parte (vv. 1-4), el salmista se vale de la imagen del “pastor” para describir su experiencia de la protección divina. En el Antiguo Testamento nos encontramos con la figura del pastor aplicada a Yahvé: “Viene como un pastor que cuida su rebaño; levanta los corderos en sus brazos los lleva junto al pecho y atiende con cuidado a las recién paridas” (Is 40,11). “Pastor de Israel, que guías a José como a un rebaño” (Salmo 80,1).

En la segunda (vv. 5-6), los elementos simbólicos parecen entrecruzarse con la referencia a una situación concreta: el salmista, perseguido por sus enemigos (v. 5), se pone al amparo del Señor en el templo (v. 6), y allí el Señor le brinda su hospitalidad, haciéndolo partícipe de su mesa (v. 5).

Análisis del texto

v 1 El Señor es mi pastor. Una afirmación, una imagen para presentarnos a Dios “pastor”, un pastor que otorga seguridad a su rebaño, imagen que luego en los evangelios  también Jesús se apropiará para sí: “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,1-11).

¿Qué hace el pastor por su rebaño? La respuesta nos la da el salmista en los versículos 2 al 3: v 2 “Él me hace descansar en verdes praderas…”; v 3 me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas… me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre”.

El pastor que conoce al rebaño es quien lo lleva hacia las verdes praderas con un fin: otorgarle descanso y alimento; lo conduce, lo guía por caminos y sendas seguras, el rebaño confiadamente puede seguirlo.

La presencia del pastor ofrece seguridad aún en los mayores conflictos: v 4 “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”.

Que bien hace descubrir a nuestro Dios como Pastor, proclamar con el salmista esta acción de Dios con nosotras y nosotros. Hoy necesitamos, entre tantas voces, escuchar la única de aquel que nos conoce por el nombre y nos invita a seguirlo: “Él llama a las suyas por su nombre y las saca fuera del corral. Cuando han salido todas las suyas se pone al frente de ellas y las ovejas lo siguen pues conocen su voz” (Jn 10, 3-4).

Escuchar y seguir a este Pastor nos lleva a lugares tranquilos para descansar. Cuando parece que el trabajo, la actividad, los problemas nos quitan la paz, nos abruman, el Pastor nos ofrece la verdadera vida: “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10).

La pasión la muerte y resurrección de Jesús, hace parte de su ser pastor, ya que Él entrega su vida y la da libre  y voluntariamente, la da como signo de su dar la vida para darnos vida: “Doy mi vida.. nadie me la quita, yo la doy voluntariamente” (Jn 10, 17-18).

Hoy que se nos ofrecen tantos caminos alternativos, este Pastor “nos guía por la senda del bien”, como nos lo recuerda Juan: “Se pone al frente de ellas y las ovejas lo siguen” (Jn 10,4). Entonces, si queremos seguir ese camino, debemos ir tras el pastor.

A partir del v 5 el pastor asume otro rol marcado por el cambio de la imagen de pastor a un anfitrión, un dueño de casa, ya el salmista se refiere a él en segunda persona: “ Preparas una mesa ante mí, en frente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa”.

Se transforma en el personaje que proporciona alegría, gozo, que dispone todo para el banquete, que unge, que transforma… que llena de bondad y misericordia la vida y hace proyectar la propia existencia hacia la morada eterna: “y habitaré en la casa del Señor por años sin término”.

El salmista reconoce que todo esto es manifestación del amor y la bondad del Señor, un Pastor–Padre, Dios que se hace presente: v6 Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”.

Leemos en Ezequiel: “Como el pastor que se preocupa por sus ovejas, así me preocupo yo de mis ovejas… yo mismo seré el pastor de las ovejas yo mismo las llevaré a descansar” (Ez 34,11.15)

 

* José Antonio Weisensee Hetter: Salmos experiencia de Dios en la vida. Colombia, 2003.

 

 

Febrero 2014



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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