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Cinco mujeres: cinco aventuras del espíritu

por Francisco Quijano

 

Una monja benedictina del siglo XII. Una militante marxista en la bisagra de los siglos  XIX y XX. Una pensadora judía del siglo pasado. Hildegard von Bingen, Róża Luksemburg, Hannah Arendt. ¿Qué tenían estas mujeres para que una directora de cine, Margarethe von Trotta, y una actriz, Barbara Sukova, las tomaran como protagonistas de sendos filmes? Vivir aventuras del espíritu en los márgenes del mundo al cual pertenecían. Fünf Frauen: Fünf Geistesabenteuern.

Hildegarda de Bingen vivió en el límite de las posibilidades que le ofrecía su vida monástica: pedir el voto de sus hermanas para asumir un cargo, explorar vastos ámbitos de conocimiento reservados a los monjes, experimentar vías nuevas en la música, lograr la emancipación de su comunidad femenina del dominio de la rama monástica varonil.

La escena inicial contiene la película. Encerrada en una iglesia, una población atemorizada espera el fin del mundo adoctrinada por un predicador. Pasa la noche postrada. Al amanecer un jovencito y una niña se acercan al portón del templo, lo abren y contemplan un sol esplendoroso que ilumina un horizonte sin límite. Esa fue la aventura de Hildegarda – Sukova: abrir horizontes.

Fechenheim, 25 de septiembre de 1913: discurso de Rosa Luxemburgo – Barbara Sukova – en una asamblea de la socialdemocracia contra de la guerra que se avecina. Agitadora insobornable de las masas que tenía por protagonistas de la revolución, pacifista intransigente como vía para instaurar el socialismo, Rosa cumplió su consigna: «La liberad no es de los partidarios de un gobierno, no de los miembros de un partido. La libertad es siempre de quien piensa de manera diferente». Vivió con lucidez desgarradora su amor por Leo Jogiches que fue incapaz enterarse cómo lo amaba ella. Sus convicciones le costaron la vida, su amor la incomprensión.

La película termina con un discurso: la profesora Arendt – la Sukova nuevamente – defiende ante un auditorio de jóvenes estudiantes sus reportajes sobre el juicio de Adolf Eichman en Jerusalén el año 1961. La prestigiosa revista The New Yorker le había pedido esa contribución. Ella – autora de una radiografía exhaustiva del totalitarismo – quedó sorprendida por la forma como ese tipo de pensamiento despoja a la gente de la capacidad de pensar. Ella – yo lo que quiero es entender – quedó desarmada ante la incapacidad de Eichman de comprender lo que había hecho. Arendt, la pensadora, llamó a esa derrota de la comprensión “la banalidad del mal”, su insignificancia, su nada. Octavio Paz, el poeta, escribió: «La culpa que no se sabe culpa, / la inocencia, / fue la culpa mayor» (Nocturno de San Ildefonso). Hannah Arendt llevó la compresión al límite de lo incomprensible, lo cual le valió el repudio de muchas amistades, de buena parte de la comunidad judía, de sus colegas.

Con estas tres mujeres como protagonistas, Margarethe von Trotta, creo tres películas memorables. En Visión. De la vida de Hildegard von Bingen, presenta una secuencia de cuadros estilizados que, bajo su mando –¡cámara, acción!–, cobran vida en la actuación de Barbara Sukova.

En La paciencia de Rosa Luxemburgo – ese es el título original – von Trotta y la Sukova reviven la tensión interior que vivió ella: voluntad revolucionaria sin concesión a la violencia y a la manipulación de las masas por su líderes; amor a flor de piel que se estrella ante la insensibilidad de su compañero de lucha.

Economía de medios en Hannah Arendt: locaciones y escenarios para una aventura del pensamiento que no ocurre en espacios externos, sino en un departamento, en claustros y aulas universitarios, en escenas de lectura y trabajo de escritorio, en tertulias entre amistades. Lo necesario para película aburrida. Sucede lo contrario: la aventura silenciosa del pensamiento acapara la atención de los espectadores, que acompañan el fin de la película con un aplauso al unísono con el de la última escena.

Maestría de la dirección y el guion de Margarethe von Trotta, maestría de Barbara Sukova al encarnar tres personalidades que vivieron en los márgenes de su mundo con un propósito: ser ellas.

Estas películas fueron exhibidas de manera coincidente en Santiago de Chile y la Ciudad de México hace unas semanas en festivales de reconocimiento a Margarethe von Trotta.

 

Octubre 2013



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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