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    N° 51 OCTUBRE 2017 POEMAS E IMÁGENES    
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Edward Taylor: Huswifery - Labores del hogar

por Mónica Quijano

 

Haz de mí, Señor, tu rueca perfecta.
Que tu palabra santa sea mi rocadero.
De mis afectos haz tus ágiles volantes,
convierte mi alma en tu bobina santa.
Mi conversación sea tu carrete,
devana el hilo al giro de tu rueca.

Haz de mí tu telar, trama en él esta hebra:
que tu Espíritu Santo deslice las canillas.
Teje tú la tela: la hebra es fina.
Sean tus mandamientos mis batanes.
Tíñela de colores celestes escogidos,
deslumbrante con flores lindas del paraíso.

Cubre mi entendimiento, mi voluntad con ella,
mis afectos, mi juicio, mi conciencia y memoria,
mis actos y palabras, que llene su esplendor
de gloria mis andares en tu honor.
Mi atuendo entonces mostrará ante ti
que visto prendas sagradas de gloria.

 

 

Edward Taylor nace en Inglaterra (h. 1645), emigra a Estados Unidos en 1668, donde se convierte en ministro y médico de Westfield, Massachusetts. Su obra es del linaje de los poetas metafísicos ingleses como John Donne, George Herbert, Richard Crashaw, quienes practicaron una poesía meditativa y filosófica que abordaba cuestiones relacionadas con la muerte, el tiempo, Dios y el amor, mediante versos energéticos orientados más a capturar la razón que las emociones. Esta tendencia puede verse en sus Meditaciones, una serie de poemas que tratan de problemas teológicos vinculados con los sermones que preparaba para su comunidad.

El profeta Jeremías usó en el siglo VII aC el oficio de la cerámica como metáfora para decir que el pueblo de Israel estaba en manos del Señor como la arcilla en manos del alfarero (Jer 18,1-6). “Huswifery” llama la atención por las metáforas y el léxico enraizados en la vida cotidiana del siglo XVII, especialmente las labores de la mujer en el hogar. Con la alegoría de la rueca y el trabajo de la hilandera, Taylor nos presenta una reflexión sobre el poder de la gracia divina y la necesidad que el hombre tiene de ella para interpretar la revelación de Dios en el mundo y alcanzar la unión final con Él, que se expresa en el último verso con la imagen de las “prendas sagradas de gloria”.

Esta alegoría se inserta en la tradición teológica puritana. Uno de los puntos centrales del puritanismo es la creencia de que el individuo debía ser reformado por la gracia de Dios y no por mérito propio. El poder de la gracia divina está en el centro de la alegoría de la rueca y el telar utilizada por Taylor, la cual se presenta en un orden ascendente: primero está el hilo que se devana en la rueca, después la hebra que va tramándose en el telar y que finalmente permite la confección del ropaje. Se trata, por lo tanto, de un camino que eleva al poeta en su encuentro con Dios. El poeta es instrumento de la gracia divina, de ahí que el verso inaugural del poema sea una petición: “Haz de mí, Señor, tu rueca perfecta”.

Taylor encuentra estas analogías para traducir su necesidad espiritual de redención en la imagen de la rueca que hace el hilo, en el telar que hace la tela y en la tela que hace el vestido. Al elegir objetos domésticos como imágenes, estos se convierten en metáforas de su propia condición: desea ser la rueca y el telar, a través de los cuales Dios actúa por medio de su gracia, transformándolo y redimiéndolo hasta revestirlo “con prendas sagradas de gloria”. Las metáforas domésticas se convierten en símbolos que ilustran el anhelo del poeta de recibir la gracia en la virtud del trabajo; y representan nuestra condición de criaturas humanas limitadas, insertas en el tiempo y el espacio (representados aquí en el universo doméstico), que necesitan ser movidas por la gracia, tal como la rueca necesita a la hilandera que la hace girar.

El poema de Taylor es una alegoría conceptuosa en la tradición de la poesía metafísica anglosajona. Su mérito -inadvertido quizá en su tiempo- es presentar una imagen femenina de Dios... y del autor: colocar la fibra en el rocadero, hilar con la rueca, deslizar la lanzadera en el telar, curtir la tela en los batanes, teñirla de colores vivos, adorarla con flores, confeccionar prendas primorosas, lucir su costura a la vista de todos. 

 

* La traducción del poema es de Francisco Quijano. En inglés: Poetry Foundation 

* La ilustracipon es de John Wainwright (1855-1931): La mujer en la rueca

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Septiembre 2013



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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