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Oración de Ester: ¡Oh Dios, quítame el miedo!

por Sor Carmen Gloria Guíñez - Sor María Soledad Cordero

 

La oración es nuestro ser que se hace transparente a la luz de Dios. Antes que palabras y pensamientos, somos nosotros, nuestra persona que florece en alabanza, adoración, acción de gracias, súplica ante Aquél que es la fuente de nuestra existencia.

La oración más sentida es quizá la que nace de nuestro interior cuando el dolor nos embarga: el dolor físico, corporal, el dolor moral por el daño que causamos a los demás, el dolor de la soledad y la angustia… La Biblia nos presenta cómo se expresan delante de Dios quienes padecen grandes sufrimientos, su trance doloroso se convierte en oración. En ella vemos cómo tantas personas perdidas en la oscuridad hablan a Dios, le reclaman, discuten, protestan, maldicen su destino. Esto, por extraño que parezca, es oración.

No debemos rehuir el dolor. A veces se intenta superar el dolor con paliativos, se quisiera acallarlo, olvidarlo, embotarse con sedantes. La mentalidad actual tiende a ocultar el fracaso, a rehuir el dolor y la muerte. La Biblia nos enseña lo contrario: nos invita a presentarnos ante Dios con nuestras miserias y sufrimientos, nos muestra el camino para transfigurar nuestro dolor en oración. Así lo hizo la bella Ester en momentos de grave amenaza contra su pueblo. Sigamos a esta mujer valiente en su camino de oración.
 

La reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor. Se despojó de sus ropas lujosas y se vistió de luto; en vez de perfumes refinados, se cubrió la cabeza de ceniza y basura, y se desfiguró por completo, cubriendo con sus cabellos revueltos aquel cuerpo que antes se complacía en adornar. Luego rezó así al Señor, Dios de Israel:

«Señor mío, único rey nuestro.
Protégeme, que estoy sola
y no tengo otro defensor fuera de ti,
pues yo misma me he expuesto al peligro.
Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia,
cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones,
a nuestros padres entre todos sus antepasados
para ser tu heredad perpetua,
y les cumpliste lo que habías prometido.

¡Oh Dios poderoso sobre todos!
Escucha el clamor de los desesperados,
líbranos de las manos de los malhechores
y a mí quítame el miedo».

 

El Libro de Ester pertenece a la literatura del judaísmo tardío (s. II aC). Es una pieza literaria ficticia que recoge la experiencia de fe de los judíos en un ambiente hostil a su religión. El pueblo judío vivió bajo el dominio de varios imperios: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia… El libro de Ester si sitúa en un ambiente cultural persa, en el que se obliga a rendir culto al rey y a su ministro. Como los judíos se niegan a ello, son perseguidos.

La historia de Ester es así: ella, por su belleza, seduce a Asuero, rey de Persia, quien la toma como mujer prefiriéndola a la reina Vasti y a las demás jóvenes del harén. A la vez, se desata la persecución contra los judíos que no quieren obedecer las órdenes del ministro Amán. Ester interviene ante el rey, su esposo, en favor de los judíos. Para ello se prepara con una oración, que es una de las adiciones en griego al texto hebreo original.*

Ester comienza a orar asumiendo su soledad, angustia y desvalimiento. A la vez se muestra decida a actuar en favor de su pueblo confiando en la ayuda de Dios: “¡Quítame el miedo!”.

La confianza de Ester en Dios se sustenta en la memoria viva de lo que él ha hecho en favor su pueblo: “Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia…”.

Además de la memoria del pasado, lo que cuenta es que Dios siempre ha sido fiel en el cumplimiento de sus promesas: “¡Tu cumpliste lo que has prometido…!”.

Así, el clamor que nace de la desesperación y la angustia, se transfigura en oración de confianza en Dios y en acción decidida de la propia Ester en ayuda de su pueblo.

Ester nos muestra un camino de oración: asumir la soledad y la angustia, el dolor y el sufrimiento, la impotencia y la desesperación, presentarnos ante Dios con toda esa carga negativa, orar con todo nuestro ser tal como en ese momento nos encontramos.

Confiando en el Espíritu Santo, veremos cómo al hacer este camino doloroso de oración, recibiremos su luz y su fuerza que transfiguran nuestro dolor en esperanza para seguir adelante en la vida y comunicar esta esperanza a los demás.

 

* En las ediciones de la Biblia viene después del capítulo 4 del texto hebreo, como capítulo 13, 12ss (Biblia del Peregrino); capítulo 4, 17k (Biblia de Jerusalén); capítulo 14, 1ss (Nácar-Colunga)

*  Konrad Witz – Ester ante Asuero, 1430 – Museo de Arte, Basilea


 

Septiembre 2013



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Fr. Francisco Quijano O.P.
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