BIENVENIDA TALLERES BíBLICOS SABOREAR LA FE VIVIR LOS SACRAMENTOS BIBLIOTECA ARCHIVO
    N° 51 OCTUBRE 2017 POEMAS E IMÁGENES    
HOMILÍA DOMINICAL
PALABRA DEL MES
ALABAR CON HIMNOS
CELEBRAR CON SALMOS
ORAR CON LA BIBLIA
LEER A LOS PADRES
TESTIGOS DE CRISTO
AVENTURA ESPIRITUAL
PARA MEDITAR
TESORO DE LAS RELIGIONES
POEMAS E IMÁGENES


Lecturas: Zaid a lo divino y Pellicer en clave erótica

por Francisco Quijano

 

Canción de seguimiento

No soy el viento ni la vela
sino el timón que vela.

No soy el agua ni el timón
sino el que canta esta canción.

No soy la voz ni la garganta
sino lo que se canta.

No sé quién soy ni lo que digo
pero voy y te sigo.

 

Soy yo, locamente enamorada de ti, la que canta esta canción, la cantas tú que estás perdido de amores por mí. Con un ligero retoque, quien canta, esta canción es tuya y mía. Amantes: tú y yo.

Sorprende el contraste de imágenes con el que comienza la canción: no la liviandad del viento ni la versatilidad de la vela, sino la firmeza del timón que guía la barca. Acentuado por la doble función y significación inversa de vela, sustantivo, que vela, verbo.

Pero no, no es esto, sino el contraste de este par de versos con el segundo: no las fuerzas de la naturaleza (viento que impulsa, agua que resiste) ni los artilugios para dominarlas (vela, timón), sino yo que canto, esta música que resuena en mí por haberme enamorado de ti, mi sintonía contigo que me mueve y me guía, esta canción que es tuya y mía y nos tiene en arrebato de amores.

No, tampoco es esto, no soy yo ni mi canción, no es tu voz ni tu garganta, sino lo que se canta, esto que no sabemos qué, una locura de canción, como si no fuéramos tú y yo sino algo ajeno que canta en nosotros y nos ha desencajado.

Y no, no es esto, sino yo que estoy perdida por ti, yo loca de amor, tú que me has seducido, yo que voy en pos de ti olvidado de mí…

Un poema cambia cuando es leído en relación con otros poemas. Zaid lo dijo y lo ha puesto en práctica en la edición de sus obras completas: Reloj de sol. Esta Canción de seguimiento no es la misma si la leemos al lado de este soneto de Carlos Pellicer.


Yo nada sé de mí, ya solo canto
y no sé lo que canto y si lo digo
no sé si es que respondo o que prosigo
sin conocer el agua en que me encanto.

Tal vez por el camino que adelanto
me sangrará la voz que desperdigo.
Sólo entonces sabré que ando contigo:
bajo tu pie, Señor, camino y planto.

Andar bajo tu pie sin saber nada
todo será saberlo, porque a cada
paso que des sobre mi polvo, toda

la voz que se ignoró perdidamente
se reconcentrará como en la boda
el silencioso Sí resplandeciente.

 

Gabriel Zaid conoce muy bien a Carlos Pellicer. Se haya inspirado o no en este soneto, no se puede no ver afinidades entre los últimos versos de la canción y la primera estrofa del soneto. Si leemos la canción con estas afinidades, se convierte en una canción “a lo divino”. Los amantes se transforman: No sé quién soy ni lo que digo… Yo nada sé de mí, ya solo canto… Magdalena, Juan, Marta, Andrés: es la experiencia original y el lugar teológico de la sequela Christi, seguimiento de Cristo, que leemos en el soneto de Pellicer.

La lectura “a lo divino” de canciones y letrillas eróticas tiene fuentes remotas en la Biblia. Oseas (cc. 1-3) en el siglo VIII aC fue el primero en vivir los amores humanos, y su fracaso, como metáfora de la alianza de Dios con su pueblo. Lo siguieron Jeremías (c. 3), Ezequiel (c. 16), el último Isaías (c. 62). El Cantar de los cantares, de factura erótica, fue leído “a lo divino” por judaísmo tardío. En el cristianismo lo ha sido como metáfora del amor de Cristo y la Iglesia, de Dios y el alma desde Hipólito y Orígenes en el siglo III hasta el siglo XVI con san Juan de la Cruz. En la Carta a los Efesios, san Pablo (5, 31-32) interpreta este pasaje del Génesis (2, 24), por eso el hombre abandona padre y madre, se une a su mujer y se hacen una sola carne, como un gran misterio que se refiere a Cristo y la Iglesia; este es el simbolismo del sacramento del matrimonio en la tradición cristiana. El Salmo 45, que es un canto nupcial, se usa en el oficio de lectura de la liturgia católica el día de la Anunciación del Señor.

Ya que estamos en estas, cabe hacer un ejercicio inverso: leer el soneto místico de Pellicer “en clave erótica”. Con cambiar tres palabras, con imaginar quién es el yo que canta, quién va en pos de su amante: tú, Sulamita, amor mío, mi Pastor, nuestros amores que son más dulces que el vino. Con suponer que el silencioso Sí de Jesús a María en las bodas de Cana, que obró el milagro del vino, es tu irresistible nupcial, Sulamita, el tuyo, mi Pastor, tenemos un soneto de seguimiento de Cristo que se convierte en un soneto de goces y penas de amores.

 

Yo nada sé de mí, ya solo canto
y no sé lo que canto y si lo digo
no sé si es que respondo o que prosigo
sin conocer el agua en que me encanto.

Tal vez por el camino que adelanto
me sangrará la voz que desperdigo.
Sólo entonces sabré que ando contigo:
bajo tu pie, mi amor, camino y planto...

Andar bajo tu pie sin saber nada
todo será saberlo, porque a cada
paso que des sobre mi polvo, toda

la voz que se ignoró perdidamente
se reconcentrará como en la boda
tu irresistible Sí resplandeciente.

 

Lo que permitió a la tradición judeo-cristiana asumir el amor de varón y mujer como metáfora de la alianza entre Yahvé y su pueblo, de los esponsales de Cristo y la Iglesia y de Dios con el alma, es la desacralización del sexo en virtud de la fe en el Dios único y creador que trasciende todo lo creado. El sexo, el amor sexual, el erotismo no son realidades divinas sino humanas, no son un ritual para alcanzar la divinización por imitar el comercio sexual de dioses y diosas. Son el ámbito del reconocimiento mutuo de seres corporales que son personas y la posibilidad de crear comunidad al engendrar y acoger a unas criaturas corporales que son personas a semejanza nuestra.

 

Las imágenes de Marc Chagall pertenecen a la serie de litografías de Las noches árabes (1948). La pintura de Jesús y Magdalena en el jardín (1512) de Tiziano es una de las muchas versiones pictóricas de la escena del Evangelio de Juan 20, 11-18: Noli me tangere… No me toques…

Carlos Pellicer (Villahermosa, Tabasco, 1897-Ciudad de México, 1977) es el poeta que le puso “casa a la alegría” (GZ); el soneto forma parte de la serie Sonetos dolorosos. Gabriel Zaid (Monterrey, Nuevo León, 1934) es poeta y ensayista; sus poemas están editados en Reloj de sol

 

__________
Junio 2013



www.adorarenespiritu.org

Fr. Francisco Quijano O.P.
http://www.adorarenespiritu.org