SEMANA XXXIV — EVANGELIOS

Sábado xxxiv: «Estén prevenidos, oren incesantemente»


Evangelio de San Lucas 21,34-36

• ¿Cómo vivir el tiempo de espera? ¿Cómo aguardar la maduración? ¿Cómo aguantar la pandemia del coronavirus? Jesús hace esta advertencia: «Estén prevenidos, oren sin cesar».

• Hace justo dos semanas se proclamó el Evangelio de la viuda tenaz y el juez inicuo, que Jesús contó para alentar a la perseverancia en la oración. (aquí)

• Perseverancia: virtud cultivada por propia voluntad que corresponde al impulso vital, no voluntario, que hace crecer y madurar a plantas y animales.

• Perseverar: mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, dice el diccionario. Esta disposición abarca toda nuestra vida. Perseverar en obrar el bien es lo esencial para madurar en la vida.

• ¿Cómo logarlo a pesar de nuestra inconstancia? La gracia de Dios es el principio que nos sostiene para hacer el bien. No es algo que hemos de merecer ante Dios. Gracia es don, como su nombre lo dice.

• Orar. La oración es alabanza, acción de gracias, suplica, contemplación de los misterios de Dios. Es también una forma de tener consciencia viva de la gracia de Dios. Dice san Pablo a los efesios:

• «Han sido salvados por la fe, no por mérito propio, sino por la gracia de Dios, y no por las obras, para que nadie se gloríe. Somos obra suya, creados por medio de Cristo Jesús para realizar la buenas acciones que Dios nos había asignado como tarea» (Ef 2,8-10).

 

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Reflexión: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: Desde que fue discípulo del Bautista, Jesús utiliza en parte el lenguaje apocalíptico y escatológico, y se refiere al Reino de Dios como algo presente y por venir a la vez. - Grecia, año 80: Las primeras comunidades cristianas vivieron en la contradicción de una escatología realizada y una escatología por venir: “Ya”, porque experimentaban la presencia de Jesús; “pero todavía no”, porque los gentiles aún no se habían convertido al Evangelio.

• Sentido El Evangelio trata del “Llamamiento a la vigilancia”. El texto contiene los siguientes aspectos:

• Actitud (21,34). La Venida del Hijo del hombre ya ocurrió en la Pascua de Jesús (Lc 22,66-23,1). Para que Cristo amanezca en nuestra propia vida, quien le siga ha de actuar no como el rico insensato (12,19), sino como el servidor fiel, que espera el regreso de su señor en cualquier momento (12,37). Lección: Lo que depende de mí no lo puede hacer Dios, ni lo puede hacer otra persona por mí; lo importante es que yo actúe por amor en el momento actual.

• Trampa (21,35). La palabra “trampa” no está tomada aquí en sentido negativo como “engañar” o “dañar”, sino en el sentido de Prov 12,13: “En la transgresión de sus labios se enreda el malvado, pero el justo escapará del apuro” (Lenguaje apocalíptico, Ap 6,17). Todos tienen la capacidad de ser justos, porque Dios Padre los ama y el Señor Jesús entregó la vida por amor a todos. Moraleja: Es responsabilidad de los seguidores de Cristo anunciar el Evangelio al mundo entero.

• Encuentro (21,36). Se exige una actitud adecuada, basada principalmente en la vigilancia y en la oración, para encontrarnos personalmente con el Señor Jesús y para preocuparnos de que todo el mundo se encuentre felizmente con Él. Mensaje: Si el encuentro personal, familiar o comunitario con Cristo no se produce, es porque estamos dormidos o con la atención puesta en otra parte.

Domingo Primero de Adviento (aquí)