SEMANA XXXIV — EVANGELIOS

Viernes xxxiv: «Cielo y tierra pasarán, mis palabras no pasarán»


Evangelio de San Lucas 21,29-33

• «Maestro, ¿cuándo sucederá esto, y cuál es la señal de que va a suceder?» Es la pregunta de los discípulos a propósito del discurso sobre el final de los tiempos. La respuesta de Jesús será siempre enigmática.

• Tras anunciar conflagraciones, cataclismos, persecuciones, Jesús vuelve a su enseñanza habitual con parábolas: «Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, se dan cuenta de que se acerca el verano».

• Imaginar el florecimiento del Reino de Dios con la imagende los brotes de una higuera al acercarse el verano es una invitación a considerar los ritmos pausados de la naturaleza, no sus cataclismos súbitos, ni los sucesos vertiginosos de la historia.

• La naturaleza tiene sus fases: germinación, maduración, floración, fructificación; procede por ritmos pausados. La vida humana sigue también un desarrollo biológico, psicológico, educativo, cultural, espiritual que procede en ritmos pausados.

• Hay que confiar en este crecimiento pausado en humanidad, moralidad, espiritualidad, santidad. El Señor es quien garantiza el éxito: «El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán».

 

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Reflexión: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: Desde que fue discípulo del Bautista, Jesús utiliza en parte el lenguaje apocalíptico y escatológico, y se refiere al Reinado de Dios como algo presente y por venir a la vez. - Grecia, año 80: Los seguidores de Cristo son esperanzados y esperanzadores, pues afirman que el Amor de Dios ya está presente y espera a la humanidad en nuestro “ahora” y en el provenir.

• Sentido El Evangelio se refiere a la “Venida (= Manifestación) del Hijo del hombre". Usa el lenguaje apocalíptico, con imágenes, visiones y símbolos, que solo las personas en crisis y los perseguidos entienden, y que los anima a seguir luchando, por el advenimiento más pleno del Reinado de Dios. La estructura de este trozo bíblico tiene tres partes:

• Parábola de la higuera (21,29-31). Como habitantes cercanos al Lago de Galilea y al Mar Mediterráneo, el Nazareno y sus discípulos ven la primavera como un paso hacia el deseado verano. Con la comparación de la higuera, que reverdece, invitan a interpretar el presente, incluidas las crisis y las dificultades, con un sentido esperanzado y esperanzador: el alumbramiento de un mundo nuevo y de una nueva creación, la Venida más plena del Reinado de Dios. Lección: Hoy somos invitados a interpretar los procesos históricos, apoyados en la Palabra de Dios, con los aportes de las ciencias exactas, las de la vida y las sociales, para descubrir los caminos, que conducen ya desde ahora a una mayor fraternidad entre todos y a una armonía con nuestro Planeta.

• Cercanía del Reinado de Dios (21,32). La afirmación Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto”, insiste en que la Venida del Hijo del hombre ya comenzó en la Pascua de Jesús. De hecho, el Nazareno, cuando fue interrogado por el Sanedrín, declaró que Él era el Mesías y agregó: “En adelante, el Hijo del hombre se sentará a la diestra de Dios todopoderoso” (Lc 22,69; cf. Sal 109,1). Moraleja: Cuando adherimos por la fe y la esperanza a la Pascua de Jesús, es decir, a su muerte y resurrección, y anunciamos el Evangelio a nuestros contemporáneos, las decisiones nuestras contienen el Amor de Dios, pues estamos permitiendo el encuentro con Cristo.

• Solidez de la Palabra de Cristo (21.33). El apoyarse en la Palabra de Cristo exige, frente al porvenir, cultivar lo que va en la línea de una auténtica humanización, sin dejarse arrastrar por soluciones fáciles, que dañen a los otros. Mensaje: Los discípulos de Jesús estamos obligados a planificar el futuro, pensando en el bien de todos los hombres y mujeres, especialmente de los pobres.

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