SEMANA XXXIV — EVANGELIOS

Miércoles xxxiv: «Gracias a la constancia salvarán sus vidas»


Evangelio de San Lucas 21,10-19

• De la humanidad, ¿qué se puede decir? ¿Cuál es su destino? Obras valiosas, grandes logros, progreso, conquistas intelectuales y morales, un legado que pasa de generación en generación como riqueza humana que nos engrandece.

• Eso. Y también: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino». Guerras imperialistas, guerras de religión, guerras de dominación ideológica, guerras etnocidas, crímenes de lesa humanidad.

• Eso. Y también: «Grandes terremotos, peste y hambre en muchas partes; fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo». Cataclismos naturales que cercenan vidas humanas, arrasan con todo, producen desolación.

• Eso. Y también crímenes de lesa humanidad: «Los detendrán, los perseguirán... serán encarcelados... serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos». Opresión, dictaduras, purgas ideológicas, sometimiento, torturas, coacción y exterminio.

• Hay desgracias que se deben a acciones y omisiones humanas, cuyo origen es nuestra voluntad, tenemos dominio sobre ellas. De ello somos responsables de una o de otra manera.

• Otras desgracias nos sobrevienen sin tener responsabilidad en ello. Sí la tenemos, en cambio, por la forma como actuamos ante ello y sus consecuencias.

• La consigna de Jesús ante estos sucesos, unos voluntarios, otros padecidos, otros naturales, es doble. Tener confianza: «Ni siquiera un cabellos se les caerá de la cabeza». Tener fortaleza: «Gracias a su constancia salvarán sus vidas».

• Entre estas gracias y desgracias de nuestra historia, hoy recordamos a los Mártires del Vietnam, cristianos nativos y misioneros extranjeros. Esto es una gracia: la gracia del martirio. Esto es también una desgracia: la violencia contra la libertad religiosa.

 

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Reflexión: Julián Riquelme

• Contexto - Palestina, año 30: Al llegar Jesús a Jerusalén, se piensa que la crisis de entonces se solucionaría con una Transformación Mundial hecha por Dios, que traería una Paz permanente. Todo ello se describía con imágenes apocalípticas. - Grecia, año 80: Se mantienen las imágenes apocalípticas, pero se destaca que lo importante es la esperanza cristiana, que se expresa, ahora y desde nuestro interior, en la evangelización, a través del testimonio y la constancia.

• Sentido El Evangelio trata el tema “Discernir los signos de los tiempos en momentos difíciles", para animar la esperanza de los perseguidos. Las imágenes se toman principalmente del Antiguo Testamento, para que las interpreten los seguidores de Jesús y no sus perseguidores. En el texto se pueden distinguir tres partes:

• Tiempos difíciles (21,10-11). Se describen guerras entre naciones, desastres naturales, epidemias y hambrunas. Para subrayar que la historia está en las manos de Dios y que no hay nada que temer, se menciona fenómenos cósmicos, pues cuando Dios habla en el Antiguo Testamento pone como testigos al cielo y a la tierra. Lección: Actualmente los seres humanos estamos causando mucho daño a nuestros semejantes y a nuestra Casa Común, el Planeta Tierra. Es responsabilidad nuestra buscar en consciencia caminos de solución.

• Ahora se necesitan testimonio y constancia (21,12-15). Con las expresiones “antes de todo eso”, Jesús se refiere al “ahora”, al momento actual, al presente; no le interesan las especulaciones sobre el futuro. Así ante un arresto y juicio injustos por la humanización (“a causa de mi Nombre”), el mismo Cristo en ese “ahora”, testimoniará, a través de nosotros, con una sabiduría inédita (cf. Hch 6,10). Moraleja: El “ahora” es la oportunidad para dar nuestro mejor testimonio.

• Confianza en el buen Padre Dios (21,16-19). En los dolorosos casos de la traición por parte de la propia familia y del odio generalizado, debido a la opción por la dignidad humana (“a causa de mi Nombre”), el Señor pide reaccionar con confianza en el Padre (“ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza”) y con el esfuerzo de la constancia ("Gracias a la constancia salvarán sus vidas"). Mensaje:  Profundizar en el “ahora”, en la realidad de nuestro propio ser fundamentado en Dios, es el único camino para darnos cuenta de que Él está siempre con nosotros y de que podemos alcanzar la máxima plenitud personal y comunitaria, a pesar de nuestras limitaciones.

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